30 jul. 2015

El bando de la capital

Por @Ruiz_senior

No faltará el que se pregunte cómo es que después de doce años de alcaldías de la misma banda de crimen organizado parece de lo más probable que en las elecciones de octubre vuelvan a ganar. ¿Quién tiene alguna duda de que los grupos del Polo Democrático, Progresistas, Marcha Patriótica, Alianza Verde y quién sabe cuántos nombres más forman parte de un mismo conglomerado con las FARC y el ELN y cobran los crímenes de esas bandas? Es obvio que habrá quien lo dude, pero ¿en qué nivel empiezan a aparecer esa clase de personas? No ciertamente en el de los militantes adultos, que por uno u otro medio conocerán la historia del Partido Comunista y de Carlos Romero, ni siquiera entre los votantes mayores de treinta años, que habrán tenido ocasión de conocer la disposición persistente de esos grupos a proteger los intereses de los terroristas.

¿Cómo operan esos mecanismos de complicidad en los diversos niveles? De entrada hay que descartar la idea de que la mera ideología o el mero adoctrinamiento escolar bastan para que alguien se ponga de parte de los asesinos. Puede que entre los estratos bajos los "ideales" de igualdad y "justicia social" tengan un papel decisivo en la actitud de los militantes y votantes al conseguir movilizar los resortes de resentimiento y agravio, pero ¿no se preguntarán cómo es que mayoritariamente las clases acomodadas bogotanas son entusiastas de la paz y partidarias del socialismo? En esos niveles bajos opera una mecánica curiosa, la complementación del servilismo y el resentimiento, del anhelo de ascenso social y la sumisión a la jerarquía: en la medida en que la persona comparta las opiniones y actitudes de los intelectuales se acerca a ese ansiado estrato, se hace distinguida y noble, y se aleja de la multitud de la que quiere desprenderse, a la que se aprende a despreciar gracias a la educación, que cada vez más es sobre todo la inducción de opiniones absurdas que hinchan la vanidad de sus víctimas, que las consideran más elevadas por provenir de sus superiores sociales y les atribuyen misterios esotéricos en la medida en que se apartan del sentido común. (Esa complementación del servilismo y el resentimiento opera de forma idéntica en la tropa rústica, que también sueña con integrarse a la pléyade de intelectuales, a menudo extranjeros, que dirigen las bandas.)

Pero una persona pasa por muchas experiencias y recibe muchas opiniones, si al cabo de mucho tiempo sigue aplaudiendo a los asesinos es porque ha encontrado algún tipo de beneficio económico en esa adhesión. Por algún canal se le ha ofrecido integrarse entre los favorecidos por la justicia social, bien porque a través de influencias se le adorna el futuro con el fruto de la educación (diplomas), bien porque esas mismas influencias le abren el camino a un puesto público. 

Los totalitarios tienen otra fuente importante de votos en la vieja "maquinaria" liberal, cuya actuación es la base del triunfo de Luis Eduardo Garzón en 2003 y de sus sucesores. Se trata de redes de influencias familiares y vecinales en las que a cambio de puestos en los que es posible aprovecharse de corruptelas o directamente de incentivos monetarios se lleva a votar a todos los parientes, inquilinos, vecinos, amigos y demás personas de zonas humildes controladas por los jefes locales. La afinidad de esos grupos de votantes con la izquierda revolucionaria es un destino fatal por algo que explicaré más adelante.

Pero ni los votos comprados ni los de socialistas convencidos bastarían para asegurarles el triunfo a unos administradores pésimos, corruptos y claramente asociados con bandas de asesinos. La clientela que más cuenta es otra, no sólo por su número sino sobre todo por su significación social. Puede que en las urnas no sume una mayoría de votos, pero sí define la corriente hegemónica y atrae los votos de personas menos "enteradas" a la hora de votar. 

Me refiero a los empleados públicos, el peso de cuyos sindicatos, controlados por el Partido Comunista, es mayor que el de las FARC tanto en lo que sustrae al país en términos económicos cuanto en lo que cuenta a la hora de las decisiones políticas. ¿Cuántas personas que reciben sueldos o pensiones estatales viven en Bogotá y cuántas en el resto del país? ¿Qué porcentaje del PIB se gasta en esas personas?

Entender eso no sólo basta para conocer las causas de que haya guerrillas y se busque obstinadamente la paz con ellas, sino también la esencia de la sociedad colombiana y la continuidad de un mismo orden y una forma de vida desde la época colonial hasta la actualidad.

A un ex magistrado, ex congresista o ex rector de sesenta años que cobra 40 salarios mínimos como pensión formal (si se excluye al 20% más rico, formado mayoritariamente por empleados estatales, la mayoría de los colombianos no alcanzan a ganar el salario mínimo) y tiene otros ingresos bien por asesorías o por el ejercicio de actividades en las que saca provecho de los contactos de su anterior etapa, le interesa la paz y la negociación que da lugar a un gasto público mayor y diferente del que saldría del simple ejercicio de la democracia. Ya ocurrió después de 1991, cuando en una década se multiplicó por 19 ese gasto y la desigualdad aumentó 10 puntos del coeficiente de Gini. Es decir, esa clase de personas y sus afines son los "autores intelectuales" del genocidio comunista y sus principales usufructuarios. De no ser por el poder e influencia de esa minoría rica, predominantemente bogotana, a todo el mundo le parecería monstruoso que se cambiaran las leyes para complacer a quienes las violan.

Pero no son los pocos miles de afortunados que detraen 40 salarios mínimos o más, sino muchos cientos de miles a los que diversas instituciones públicas les pagan más de cuatro salarios mínimos (excluyendo, claro está, a los pensionados de empresas privadas). En la inmensa mayoría de los casos, el "trabajo" de esas personas consiste simplemente en sostener ese orden de despojo que los beneficia, bien como propagandistas en los centros de "educación", bien como sicarios en la Fiscalía y los juzgados, bien como tuiteros en todas las instituciones distritales o como parásitos de todo tipo en instituciones que en últimas sólo existen para proveerles rentas a sus beneficiarios.

Entre esos beneficiarios del genocidio pagado por el erario no pueden faltar los periodistas, cuyas "empresas" viven de la pauta pública y otros favores del gobierno, como los que se conocieron con el "carrusel de la paz".

Ésa es la base social del terrorismo y de la paz, que es sólo el cobro de los crímenes terroristas. Lejos de "cambiar" nada, simplemente refuerzan un viejo orden en el que los amos se lo quedan todo. Los ingresos fabulosos que ha tenido Colombia en las últimas décadas por la exportación de productos energéticos (la única que importa), se han gastado en complacer a ese público voraz. La guerrilla, que es búsqueda de la paz porque sin crímenes no habría nada que acordar, sólo está para reforzar ese orden y ésa es la causa de que los clanes oligárquicos siempre la hayan promovido.

No tiene misterio: lo primero que necesita el que quiera plantearse "pensar" es desechar el fetichismo de las palabras. Si se entendiera que un joven lleno de talento y ambición se propondría emular a Beethoven o a Fleming y que el que quiere cambiar el mundo a punta de vociferaciones e intimidaciones sólo busca una renta pública, palabras como revolución, socialismo, etc. no tendrían ningún encanto sino que serían lo propio de los parásitos y aventureros. Pero ese encanto es irresistible para las multitudes por su indigencia moral: todos saben que salir de la miseria colectivamente sólo es posible trabajando duro, cosa que no se antoja tan fácil como despojar a otros, lo cual nunca ha generado prosperidad más que a minorías, cosa que no se entiende por la falta de conocimientos históricos (ningún país ha prosperado gracias al comunismo). La superstición complementa la bajeza y así ese anhelo de justicia social promovido por los que se lo roban todo no encuentra rechazo entre la mayoría.

Por esos intereses sin remedio es muy improbable que en Bogotá gane una propuesta que quiera realmente resolver los problemas de la ciudad: la casta hegemónica de parásitos prefiere el trancón perpetuo a la ausencia de idealistas justicieros como Petro o Clara López, con los que ven garantizados sus privilegios, que REQUIEREN la paz.

Para eso es para lo que matan.

28 jul. 2015

Otra campaña política con la palabra "paz"

Por Jaime Castro Ramírez

La política se debe hacer con la claridad mental de las ideas que conlleven a propuestas de desarrollo económico que se traduzcan en beneficio social, como salud, educación, vías de comunicación, medios de transporte, etc. Esto significa que la política es multitemática, y por lo tanto no se reduce a temas únicos para tratar de obtener el respaldo de la voluntad popular en las urnas.

Palabra ‘paz’ eslogan de campaña política
Paz significa seguridad, convivencia, tranquilidad, respeto mutuo entre congéneres, es decir, se trata de un don superior de la humanidad para vivir en armonía social; pero de ninguna manera significa politiquería, como ha sido utilizada en Colombia la palabra paz en procesos electorales. Recurrir a esta expresión como eslogan de campaña política lo que significa es oportunismo, pobreza conceptual y pobreza de ideas políticas.

El presidente Santos no encontró otro recurso de expresión política que la palabra ‘paz’ para montar su campaña de reelección, y en base a esa palabra se hizo reelegir repitiéndola N veces y en forma exponencial. Ahora se aproximan las elecciones regionales de octubre de 2015 para elegir gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y ediles, y ya los políticos de la ‘unidad nacional’ empezaron la campaña utilizando nuevamente la monotonía representada en el monotemático tema de la palabra ‘paz’.

Pareciera que esta palabra haya sido degradada en su verdadero significado, y luego acuñada en algún diccionario español colombiano, aceptada por la ‘la real academia de políticos sin ideas políticas’, y en consecuencia dándole el significado de: ‘herramienta para hacer campañas políticas’.

El supuesto plazo de cuatro meses para terminar el proceso de paz
El presidente de la república, Juan Manuel Santos Calderón, tuvo la idea, quizás desafortunada para él (desafortunada porque seguramente será otra cosa de las que dice y no las cumple), de decirle a los colombianos que daba cuatro meses de plazo para que avanzara el proceso de paz hacia su terminación.     
Como se dice coloquialmente, el ‘descache’ con esta afirmación del presidente consiste en que tal vez él no pensó en que los colombianos descubrirían la verdadera intención, que es de política electoral, pues lo dijo justamente faltando cuatro meses para las elecciones de Octubre.

Esto es la evidencia de que el presidente continúa actuando ante los colombianos en la dirección de darle connotación de política electoral a la expresión paz, y entonces canalizar la actual campaña nuevamente bajo tal eslogan. Con seguridad que al término de los mencionados cuatro meses de plazo, Santos se inventará cualquier pretexto para decir que los diálogos de paz continúan.

El país necesita seriedad y firmeza en las directrices de gobierno, pues cuando no se cumple lo prometido por un gobernante, esto resulta siendo un factor desconcertante para el pueblo, y por supuesto que genera desconfianza pública, lo cual constituye un muy mal indicador de la gestión de gobierno.

23 jul. 2015

Carta abierta a Uribe

Me han pedido en Twitter que publique esta carta. Otra prueba de la clase de política que caracteriza al uribismo y que sólo encuentra algún reproche entre gente de las bases que todavía se sorprende de lo que la llevan a votar.
Carta enviada por militantes del Centro Democrático a Uribe, por descontento con la lista al Concejo de Bogotá

Respetado presidente:

Por medio de la presente queremos poner en su conocimiento la gran preocupación que se está suscitando en las veinte localidades de Bogotá por parte de los simpatizantes de su línea, militantes de Centro Democrático y electores comprometidos con sus instrucciones, que viven el día a día en la capital y escuchan el sentir de las comunidades, como resultado de las personas escogidas para conformar la lista al Concejo capitalino por nuestro candidato a la Alcaldía, el Dr. Francisco Santos.

Le haremos un breve recuento de los diez primeros candidatos al Concejo, porque sabemos usted no los conoce a todos, por cuanto con esa lista consideramos que no más de cinco serán elegidos, gracias claro está a su opinión favorable en todos los sectores de Bogotá y no porque estas personas representen trabajo y conocimiento de la capital, valores y principios democráticos o compromiso con el dialogo popular, ni mucho menos porque representen el partido o su ideario, porque el común denominador de la mayoría es no haber votado por el CD en las pasadas elecciones parlamentarias.

Empecemos por la cabeza de lista Diego Molano, trabajó hasta hace poco en el gobierno de Juan Manuel Santos en el Instituto de Bienestar Familiar donde su ex directora Elvira Forero comunica el 22 de junio de 2015 en su cuenta de Twitter, que acabó con los programas sociales que el gobierno de seguridad democrática había implementado los ocho años anteriores, de igual forma, su participación en la campaña al Congreso por Bogotá de 2014 fue nula, no acompañando las listas uribistas; por lo anterior, no es considerado una persona de confianza para representar los principios de lealtad y sinceridad que deberían llevar en alto los militantes del CD.
La segunda inscrita Ángela Garzón viene de querer encabezar la lista a la cámara por Bogotá del Partido Liberal, luego estuvo comandando a las mujeres santistas por la reelección del 2014 atacando en reiteradas ocasiones y de manera directa, su gobierno, Presidente Uribe; por último, su padre desconoce el acompañamiento del Centro Democrático en su aspiración a la Alcaldía de Cali. ¿Qué podemos esperar si ella nos representa en el Concejo de Bogotá como parte del partido, si su pensamiento va en total contravía de los pilares que usted nos ha enseñado? Por supuesto, tampoco participó de las elecciones parlamentarias. Entendemos que para usted es muy difícil, después de haberla nombrado, destituirla, pero, por favor, ¡escuche al pueblo que tanto lo quiere y lo apoya!

El tercero y la décima en la lista hacen parte de la Misión Carismática, pero se sabe que la única concejal que tienen electa en el partido de la U podría estar aspirando a reelegirse por ese mismo partido, es decir otro vivo ejemplo de querer aprovecharse de su gran opinión favorable ante los capitalinos para hacer creer a la gente que si se vota al Concejo por el Centro Democrático se está votando por usted y la verdad es otra. Tampoco se entiende en muchos sectores, como entre los católicos por ejemplo, cómo siendo este un movimiento minoritario tenga dos personas en la primera decena de candidatos.

El cuarto, Daniel Palacios, trabajó en Colombia Joven como profesional sin ostentar ningún titulo universitario, no conoce la capital, no tiene conocimiento de las necesidades de las bases y mucho menos conoce la estructura orgánica del Distrito. Llegar a improvisar con personas que no saben quée es una corporación y cómo se debe gestionar para las comunidades es una señal muy triste para los electores, adicionalmente, que tome su nombre, presidente, para que diga ante los demás que es su candidato sin que nadie lo conozca en Bogotá, se interpreta como una acción clientelista y de intereses poco claros. Es abanderado del tema de seguridad con ideas y temas lejanos a la seguridad democrática que la ciudadanía reclama. Como si fuera poco, este insolente joven maltrata a la gente con sus actitudes déspotas. ¡Usted no es así, presidente! Si algo lo ha caracterizado y ha hecho que se gane de manera incondicional nuestro corazón, es su humildad y don de gentes. Ese patán hace todo lo contrario. También usa su nombre como escudo “Uribe me dijo, Uribe me dijo” metiéndolo en chismes de pasillo, nosotros sabemos que usted NO es así, usted es un hombre frentero.

La quinta posición la ostenta un muchacho sin experiencia, que ha leído mucho sobre Bogotá pero que no ha hecho trabajo político en su principiante carrera, es de revisar su intención para representar a los bogotanos en la corporación que maneja los destinos de la capital, su nombre Andrés Forero. Por lo menos no es un traidor, patán o chismoso.

En el sexto lugar encontramos a Javier Santiesteban, es posible que su hermano el concejal Orlando no se lance de nuevo, pero lo que sí es seguro es que está trabajando como jefe político en la Campaña de Clara López a la Alcaldía, esto es evidente desde la consulta del 19 de abril donde el concejal apoyo abiertamente las listas de delegados al congreso de ese partido de la candidata a la Alcaldía; de lo anterior se ve otro vivo ejemplo de querer el poder en un partido o en el otro sin creer en las convicciones y la honestidad electoral (como lo dijo el mismo concejal en declaración a La Silla Vacía).

Carolina Villegas es ubicada en el siguiente lugar, de ella se conoce que trabajó en la administración de Samuel Moreno. Se enorgullece de repetir una y otra vez que es uribista hace apenas un año, y aún no ha hecho entrega de su cargo de Secretaria Distrital del Partido en Bogotá, a pesar de que la normativa lo repite de una y otra manera.

En el octavo lugar, encontramos a Carlos Camacho, conocido por trabajar con varios partidos al mismo tiempo, tiene sanción de la Procuraduría por tráfico de influencias y en el partido es conocido que tuvo malos manejos de recursos con su representante a la cámara Edward Rodríguez, adicionalmente tiene varias denuncias por casos de corrupción y no entendemos por qué el partido lo deja inscribir en la lista teniendo en cuenta todas estas investigaciones donde se le denuncia por varias irregularidades. Trabajó en las elecciones parlamentarias para el Partido Verde.

Diana Diago está inscrita en el número nueve, su madre, actual concejal de Bogotá por el partido de la U, está pensando inscribirse de nuevo por esa colectividad, adicionalmente fue elegida en el directorio distrital de ese partido hace unos pocos meses, otra muestra de que se encuentra alineada con el mandato santista, evidenciando más personas que juegan en dos bandos y que el uribismo está recibiendo sin que hayan trabajado con el nuevo Centro Democrático. Tampoco participó de manera alguna en la campaña de nuestro partido al Congreso.

El resto de la lista conformada por el candidato a la alcaldía es una mezcla de personas de otros partidos que tampoco acompañaron el proceso del Congreso del año anterior y mucho menos el presidencial, y sin tener ninguna oportunidad para llegar a ser concejales solo posan como candidatos de papel inventando representar sectores que hasta ahora están conociendo.

Teniendo en cuenta lo anteriormente descrito, presidente, le pedimos que intervenga en Bogotá, por el bien de la ciudad, por el bien del partido, por el bien de la verdad y la justicia en la organización política de la capital, es inaudito que después de tantas traiciones sigamos cayendo en los mismos errores después de que varias personas de esa lista no lo reconocen a usted como el líder natural, ni que comulgan con sus tesis ni las han defendido, solo hasta hoy que hacen parte del Centro Democrático por intereses particulares pero nunca por intereses generales, siguiendo las convicciones del partido, se aproximen para obtener una curul. Nos abstenemos de profundizar en cada caso que el mismo sentido se presenta en cada localidad con el asunto de los ediles, por considerar que es apenas obvio que es vivo reflejo de la lista al Concejo.

Cordialmente,

Uribistas por convicción

21 jul. 2015

Desescalamiento igual cese bilateral

Por Jaime Castro Ramírez

Las actitudes de las personas puestas en el espacio de las disculpas para querer justificar situaciones difícilmente justificables, suelen ser directamente proporcionales al nivel de las circunstancias que los rodean en hechos que implican responsabilidad individual, es decir, que no siempre son la sinceridad y el realismo los elementos que se esgrimen como argumentos. Si tal responsabilidad le corresponde a un gobernante, pues por supuesto que es grande el impacto que causa porque se convierte en engaño al pueblo.

Significa entonces que los valores que enseña la axiología se evaden al ritmo que se evaden las responsabilidades, y obviamente generando consecuencias que solo contribuyen a conformar un escenario social de difícil comportamiento para los intereses comunes.

En Colombia cese al fuego bilateral lanzado en términos de desescalamiento
El gobierno ha entrado a compatibilizar con el idioma de las Farc, y entonces ahora utiliza expresiones como: cese al fuego bilateral (antes de firmar el acuerdo definitivo), desescalamiento del conflicto, ‘dejación’ de armas, el gobierno ya no habla de terroristas, ni de secuestro, pues según el presidente Santos hay que ‘desescalar el lenguaje’, como ocurrió con el ministro de defensa Luis Carlos Villegas, para quien el subteniente del ejército Cristian Moscoso no fue secuestrado por las Farc sino que prefirió decir que lo tienen “indebidamente en su poder”. El entreguismo que se observa, tanto conceptual como de acción, es sorprendente.

Según Santos, ¿cómo habrá que decirles ahora a los terroristas?, pues mientras no se desmovilicen y ENTREGUEN las armas, hasta que eso ocurra no se han ganado la benevolencia de cambiarles el concepto de lo que son. Los colombianos dicen NO a la farsa de DEJACION de armas pero sin entregarlas, porque obviamente a eso no se le puede llamar paz.

Los conflictos armados se deben arreglar conservando el equilibrio, sin mostrar debilidad a la contraparte, pues si así fuere, el débil siempre perderá haciendo concesiones indignas, y por consiguiente quedará en el escenario de la rendición. Todo parece indicar que por este camino de la debilidad anda el Estado colombiano en el proceso de negociación con las Farc. Hay que darle la bienvenida a la paz, pero a la verdadera paz, a una paz digna.

Como la mayoría de los colombianos no aceptan el cese al ‘fuego bilateral’ porque es la forma de desproteger al país en materia de seguridad, entonces el presidente Santos le acepta a las Farc la figura de ‘desescalamiento del conflicto’, lo que equivale exactamente al cese al fuego por parte del ejército, y entonces termina Santos metido en un atolladero sin salida para tratar de explicar lo inexplicable, diciendo que desescalamiento no es igual al cese al fuego bilateral. Pero cómo no va a ser igual si se trata de inmovilizar a la fuerza pública para que no persiga a las Farc, y entonces éstos quedan en libertad de hacer lo que quieran en diferentes zonas del país en cuanto a sus actividades de narcotráfico, extorción, minería ilegal, y tráfico de armas.

Este intento del presidente de la república de tratar de establecer diferencia entre desescalamiento y cese al fuego bilateral, es como una especie de salida en falso que el pueblo la entiende como la manera de pretender engañar a la opinión pública. El pueblo tiene capacidad de pensamiento para discernir entre la verdad y el engaño.

La única manera que el invento del tal desescalamiento funcionaría sería con concentración de las Farc (sin armas), en un sitio, o sitios, donde pueda ser verificable que no están cometiendo acciones criminales como las aquí mencionadas, sin embargo, las Farc no aceptan la idea de la concentración de sus miembros, de tal manera que la situación se torna completamente desigual en contra de los intereses del país.

10 jul. 2015

La paz va maravillosamente

Por @ruiz_senior

Hace unos quince años empecé a escribir comentarios en los foros de internet y cuando aparecieron los blogs creé éste, en el que he publicado varios cientos de entradas. Si releo cualquier post de hace diez años descubro que decía exactamente lo mismo de ahora, cosa que no me sorprende ni me angustia especialmente. Lo que no hago es leer la prensa colombiana porque las nociones e intenciones de sus autores son tan diáfanas que es como si un bacteriólogo siguiera escarbando en una muestra de excremento cuya composición ya ha determinado. 

Por eso no leí la entrevista a Humberto de la Calle que publicaron varios medios el fin de semana, previendo que aprovecharía mejor el tiempo comentándola. Sin haberla leído anticipo que no hay ninguna novedad, nada que añadir a lo que escribía yo hace diez años: esta vez se trata de un esfuerzo de propaganda del régimen para recuperar imagen y crear el clima favorable al cese bilateral del fuego que anunciarán en cuanto les convenga.

La bravuconería del personaje es la continuación de la orgía de crímenes de los últimos meses: se persuade a la gente para que apoye la paz, que para eso matan, para infundir miedo, y después se le otorga el alivio, ¡que le resulta debiendo a Santos y a su representante en La Habana! Pero eso está en la esencia de la negociación, cuya base es el miedo. El gobierno de Santos se dedica a explotar ese miedo con toda clase de réditos, incluso con un Nobel de la Paz, que en 2009 casi le dan a Piedad Córdoba.

Por desgracia no hay oposición. Este tuit de Alfredo Rangel me dejó pensando en la inconsciencia con que los colombianos desconfían de los diálogos sin dejar de guardar un resquicio de esperanza:
Normalmente y respecto de cualquier tema, todo el mundo cree entenderlo todo perfectamente y saber cómo lo concibe. ¿Qué entiende el lector de ese tuit? ¿No ve que "diálogos" le parece a Rangel una buena cosa? La inmensa mayoría de los colombianos razonan así, quieren que haya paz, o sea, seguridad, o sea, que no los maten, para lo cual están dispuestos a reconocer a los criminales. Les parece que el aserto "no es cierto que treguas faciliten diálogos" es una desaprobación de lo que ocurre en La Habana pero sólo es una "crítica constructiva". Lo esencial, los diálogos, cuya base es el reconocimiento a los asesinos, no se cuestiona en absoluto.

De modo que la orgía de crímenes que preparan el cese bilateral (el miedo no se proclama, pero es lo que hace que el mecanismo funcione) resulta muy eficaz, y eso porque los colombianos no se oponen a que se reconozca a los asesinos y se los premie por los crímenes anteriores. Si no se cediera en eso, "diálogos" se vería como algo monstruoso, como "componendas con los asesinos para repartirse el botín ultrajando a los asesinados", pero para los colombianos el crimen es decir la verdad, sólo hay que ver el despliegue de insultos y bloqueos de los uribistas en Twitter cuando uno señala que Uribe y sus congresistas y senadores apoyan los diálogos (como se ve en el tuit de Rangel).

En una serie de posts de 2011 expliqué que la negociación o los diálogos por fuerza convierten a quien los lleva a cabo en cómplice de los criminales y al Estado en apéndice de la banda criminal. Como un policía que acuerda con los delincuentes el incumplimiento de su deber sólo es otro delincuente. Eso porque el Estado existe por la ley, sin ella es sólo una banda de forajidos. La lógica que hace que los negociadores de La Habana no acuerden con los terroristas cómo cesan sus crímenes sino como persuaden a la sociedad de que acepte algo monstruoso no depende de que sean o no amigos de Uribe, sino de la naturaleza misma de los diálogos: si previamente tuvieran que cesar los crímenes no habría diálogos sino rendición, y para eso siempre han tenido la puerta abierta los terroristas, aun con impunidad.

Pero, en fin, esto dice Humberto de la Calle:
'Es posible que un día las Farc no nos encuentren en la mesa'
Jefe negociador del Gobierno afirma que es la hora de un acuerdo o de dar fin a la negociación.

Por: JUAN GOSSAÍN
A ver si se entiende: tras cinco años de gobierno de Santos las FARC han recuperado sus negocios y su poder de un modo increíble, han multiplicado la extorsión y la exportación de cocaína, además de la minería ilegal. Tienen más recursos y reclutan a más gente. Todo va viento en popa. Dado que en La Habana concuerdan en que un cese al fuego bilateral (es decir, la posibilidad de los terroristas de desplazarse tranquilamente por todo el país, de entrenarse y comprar armas y explotar sus negocios ilegales), podría contar con la desaprobación de las mayorías y llevar al desprestigio del gobierno, se acuerda matar a unos cuantos cientos de policías y militares y hacer toda clase de daños, como la tragedia de los vertidos en el Putumayo, de modo que el cese al fuego bilateral resulta un alivio, un logro del gobierno que deja ver su firmeza y su capacidad de imponerles a los terroristas que descansen de matar por un tiempo a cambio de librarse de molestas intromisiones de los agentes de la ley. El tono bravucón del titular, pura propaganda, a tal punto que lo publicaron varios medios, corresponde a ese fin: ¡ahora las FARC verán su error y se asustarán de Santos y su negociador y dejarán de matar! Bah, de hecho ya dejaron. Santos y De la Calle saben hacerse respetar.

¿Que el lector piensa que es otra cosa? Muy sencillo: que cancelen los diálogos. ¿Que no los cancelan? Entonces la bravuconería no es nada, y el resultado final, lo que al principio era inaceptable para la gente (el cese bilateral), resulta un éxito del gobierno. Hace falta mucha mala fe para negar que POR FUERZA, la orgía de asesinatos tuvo que ser acordada. ¿Se imaginan que el gobierno cancelara los diálogos? ¿Cómo quedarían las FARC con un gobierno hostil persiguiéndolas? Insisto, sin mala fe es imposible negar que hay una programación de los crímenes para que convenga al gobierno y a las FARC, que a fin de cuentas fueron determinantes en la elección de Santos en 2014.
Ha llegado la hora de hacerle un balance sincero a las negociaciones de paz entre el Gobierno y las Farc. Desde noviembre del 2012, cuando se iniciaron las conversaciones, el país ha ido pasando de la ilusión al desencanto y de la esperanza a la frustración. Se ha vuelto tan grande esa desconfianza que en este momento, según la última encuesta, hay un empate técnico entre los que respaldan una solución negociada del conflicto y los que prefieren una solución militar.
Está claro, los ilusos y cómplices menguan a causa de la demostración de fuerza de los terroristas, pero la corriente de miedo, que es para lo que matan, no por vicio, como creen muchos tontos, queda ahí y se convierte en esperanza en cuanto se muestran resultados. Gossaín no es menos criminal que los demás propagandistas, pero le corresponde un papel más moderado y tranquilo. Baste ver cómo presenta la opción entre "solución negociada del conflicto" y "solución militar". La ley sobra allí donde hay conflicto, el conflicto se arregla por las buenas o por las malas, o sea, como las personas civilizadas o como los guerreristas, que se lucran de la guerra, como es bien sabido. Los que delinquen tienen la misma legitimidad que los que defienden la ley. Los que matan a la gente valen igual que los que la protegen. Si quien dice eso no es un criminal, ¿qué es un criminal? La mayoría de los colombianos aceptan esa disyuntiva. La mayoría de los colombianos son canallas. Yo escribo para decir lo que en mi opinión es la verdad y no para halagar a nadie.
No nos engañemos: en los últimos años ha habido tantos diálogos fallidos y tantos sueños perdidos, que la gente se ha vuelto desconfiada. La han vuelto, mejor dicho. Es por eso que le propongo al jefe negociador, Humberto de la Calle, que nos sentemos a conversar francamente. Con crudeza, si fuese necesario.
De nuevo Gossaín exhibiendo su moralidad de colombiano: el sueño de encontrar seguridad y paz premiando a los asesinos es el sueño de los cómplices. ¿Cómo se le habrá ocurrido a alguien alguna vez aplicar las leyes y castigar los asesinatos? Incluso es riesgoso prestar a los hijos para la guerra, como hacen tantos padres y madres de policías y bomberos en todo el mundo. Más práctico es sentarse a negociar y hacer realidad ese sueño de compartir con los asesinos y dar ejemplo de piedad y amor.
El país está exigiendo que le cuenten la verdad. Yo sé que con De la Calle eso es posible porque lo conozco bien desde que trabajamos juntos en la radio. Es el mismo hombre que hace 20 años renunció sin titubeos a la Vicepresidencia de la República por razones de integridad y de honor.
Por el amor de Dios, ¿cómo no va a ser Humberto de la Calle quien diga la verdad si es el modelo del hombre de honor que todas las madres sueñan hacer de sus hijos? Como decía Swift, "haz de cuenta que te lo ha dicho el señor Gulliver". El país exige la verdad y para eso está el hombre de las verdades, el ínclito Humberto de la Calle que no por casualidad es amigo de César Gaviria y de Enrique Santos Calderón y aun dirigió la persecución contra el coronel Plazas Vega en 2007. La desfachatez de este Gossaín es peor que la de cualquier jefe terrorista, pero es académico y los colombianos no tienen el menor interés en la verdad. O sea, sí, exigen la verdad, la que les cuenta Humberto de la Calle.
De la Calle contesta que sí, a pesar de su carácter refractario a las entrevistas, pero me pone una condición: que yo le ceda nuestra charla a todos los periódicos que quieran publicarla, grandes o pequeños, y que se comprometan a hacerlo de manera simultánea, el mismo día, juntos, sin excluir a nadie.
No se le ocurra al lector pensar que se trata de un encargo de Santos, cuando el garante de la verdad nos cuenta que es una iniciativa suya, apremiado por el país que exige saber la verdad, ni que la publicación en varios medios forma parte de una estrategia de propaganda. ¡Es una exigencia de Humberto de la Calle, preocupado de que se excluya a alguien!

¿Cómo puede la gente leer eso sin vomitar? Todos los días está leyendo mentiras y maquinaciones repugnantes, con lo que no concibe que alguien diga la verdad. Según Ludwig Feuerbach, "el hombre es lo que come". El cerebro del colombiano que se informa con esta prensa es excremento.
No tuve que pensarlo mucho: acepté, también de buena gana, porque me parece que es un pequeño ejemplo de desprendimiento, de solidaridad y unión, que los periodistas podemos ofrecerle al país en estos momentos tan cruciales. Al fin y al cabo, ninguna primicia es más importante que la paz de Colombia.
¡No tuvo que pensarlo mucho! Sólo un poquito: ¿lo publica o no lo publica en varios medios al mismo tiempo? Bah, algún sacrificio hay que hacer, ¡un pequeño ejemplo de desprendimiento! Sólo hay que pensar en los muchos millones que le habrán pagado a este asqueroso por prestar su nombre para esa campaña para ver lo desprendido que es. Pero, ¿dónde está el gesto de desprendimiento de publicar en varios medios a la vez? Allí donde está la capacidad de los colombianos de respetarse a sí mismos.
‘Esto se está acabando’

Llevamos casi tres años en estas negociaciones. ¿Cuánto más van a durar?
Poco –responde sin vacilar–. No soy capaz de darle un plazo porque esa es la pregunta del millón de dólares, pero sí me parece claro que el proceso está llegando a su fin, por bien o por mal. Sea porque logremos un acuerdo, ya que estamos trabajando en la recta final de los temas de fondo. O por mal, si, como está ocurriendo, la paciencia de los colombianos se agota. El riesgo es real. Yo sí quiero decirles a las Farc con toda seriedad: esto se puede acabar. Algún día es probable que no nos encuentren en la mesa de La Habana. Realmente lo que está ocurriendo es insoportable para los colombianos.
Así el prócer se hace intérprete de la angustia popular y amenaza a las FARC. Si yo fuera un jefe de las FARC me preocuparía: a ver si no acceden al cese al fuego bilateral y el gobierno se enoja.
La cruda verdad es que los colombianos no creen en el proceso de paz. Las encuestas acaban de revelar que lo respalda menos de la mitad del país. ¿A qué atribuye usted ese sentimiento?
Es completamente lógico. Es producto de lo que ha ocurrido en los últimos días. A partir de la muerte de los soldados en el Cauca viene una oleada de destrucción de la infraestructura, con impactos terribles sobre la población civil. Una ciudad como Tumaco, de 160.000 habitantes, se queda 45 días sin acueducto. Todos los caños del suroccidente del país inundados de petróleo con un daño ecológico cuya recuperación tardará décadas. Los campesinos y pescadores del Pacífico no pueden trabajar. Lo que tenemos, en fin, es una oleada que afecta a los ciudadanos.
¡Una oleada que afecta a los ciudadanos! ¿A qué se refiere? A que los asesinatos de militares y policías le resultan indiferentes a la mayoría de la gente, que sólo se preocupa de lo que la afecta en su interés particular inmediato. Pero ¿alguien es capaz de figurarse que en tiempos de Uribe no podrían hacer eso? La desfachatez de ese hombre no conoce límites: las FARC hacen todo eso gracias a que la negociación las ha resucitado, pero él de repente resulta sorprendido y molesto. ¡Se enojó con las FARC! ¿Alguien se ha dado cuenta de que el gobierno no ha hecho más que legitimarlas y perseguir de mil maneras a todos los que las desaprueban y prometerles impunidad a través del funcionario encargado de perseguir el delito? ¿Y de la suspensión de los bombardeos? ¿Y del glifosato? ¿Y de la selección de víctimas, encabezada por Piedad Córdoba? ¿Y de los textos de los puntos acordados, pura legitimación de los asesinos? De repente, el proveedor de verdades resulta sorprendido en su buena fe. ¿Recuerdan que arriba señalé que no leo la prensa colombiana? ¿Cómo puede alguien tolerar que lo traten de idiota de una forma tan descarada?

Gracias a la desprendida ocurrencia de Gossaín resulta habiendo dos bandos: el de los ciudadanos que anhelan la paz, representados por Humberto de la Calle, y el de los terroristas, que están arriesgando la paz. Insisto, la orgía de masacres es una condición del cese bilateral, tiene ese objetivo. Insisto, imagínese el lector el anuncio de cese bilateral sin las masacres previas, todo el mundo lo rechazaría. Ahora gracias a la "firmeza" de Santos y su negociador las FARC descansan un poco y se salva el proceso, incluso cesan los actos violentos de los terroristas (al que no paga la extorsión lo matan personas ajenas a las FARC) gracias al cese bilateral.
El peor momento

La pregunta más elemental que se hace la gente es esta: si las negociaciones van bien, ¿por qué las Farc no dan muestras de buena voluntad?


Las Farc están equivocadas contra toda lógica y evidencia. El problema de las Farc no es con el Ejército, ni con los derechistas, ni con los que ellos llaman ‘la oligarquía’. Es con la gente, porque es a la gente a la que están afectando. Es lógico que la gente haya caído al nivel más bajo del escepticismo. Por eso cunde la desesperanza. Y nosotros tenemos que tener la honestidad de decirles a los colombianos que el proceso de paz está en el peor momento desde que iniciamos las conversaciones.

¿Y usted espera que las Farc cambien de actitud?

Espero que sí, aunque haya voces internas de las Farc, como la de un señor Aldecoa, quien dice que seguirán los atentados. Eso realmente es una locura. El camino que han escogido las Farc es insostenible para ellos. Yo confío en que seamos capaces de recuperar la serenidad. Este no es momento de retórica sino de las decisiones de fondo. El caucho de las palabras ya no estira más. Nosotros seguimos buscando un acuerdo a través de la esperanza. Las Farc tienen que entender eso. ¿Usted cree que si esto fracasa va a haber otro gobierno que reemprenda conversaciones con ese grupo? A las Farc también se les agota su tiempo militar e histórico.
Luego, el resultado de las masacres es el disgusto del gobierno que no obstante, dado su carácter desprendido, no anula su buena voluntad de alcanzar la paz. Hay que dar pasos: ¿quién quiere apostar a que no se trata del cese bilateral? Dando ejemplo de generosidad, siguen buscando un acuerdo ¡a través de la esperanza!

No me lo he inventado: ¡a través de la esperanza! Pero ellos ¡son capaces de recuperar la serenidad! ¡Dios mío, qué ejemplo le dan a la ciudadanía! Y eso que, ay, ¡el caucho de las palabras ya no estira más! Serenamente, a través de la esperanza, el proveedor de verdades espera que las FARC cambien de actitud, ¡claro que lo consigue!, ahora ya está toda Colombia muerta de miedo, ya es hora de anunciar el gran avance del cese al fuego bilateral. No hay que menospreciar el valor de un hombre que va con la verdad, la esperanza y la serenidad.

Humberto de la Calle comenzó como militante de la Juco y siempre ha obedecido al Partido Comunista, claro que a su vez ese partido obedece a la nomenklatura cubana, sobre todo después de la caída de la URSS, y el máximo representante de la nomenklatura cubana en Colombia es Enrique Santos Calderón, no por casualidad amigo íntimo de Humberto de la Calle. Es el mismo caso de Carlos Gaviria, de Eduardo Montealegre y de muchísimos otros personajes. Seguro que también el de Sergio Jaramillo. Al respecto copio de un texto imprescindible, tal vez el mejor que he leído en años sobre la política hispanoamericana actual:
En realidad a partir de la Tercera Internacional los comunistas dividieron su partido en 2 grandes grupos. Por un lado estaba el grupo que daba la cara al público como comunistas, ellos eran los que fundaban partidos y llevaban carnets, eran los que votaban, los que se postulaban para cargos públicos, los que agitaban a la población a través de periódicos, de la radio, de la televisión, y de panfletos comunistas. El segundo grupo estaba formado por extranjeros que estaban directamente vinculados a Moscú pero que se dedicaban a actividades como el espionaje y la subversión ideológica. Este grupo no debía aparecer en público o dedicarse al activismo. Fidel Castro era uno de estos agentes. Sus actividades como agente para la Unión Soviética comenzaron en 1943 cuando tenía 17 años. 
[...]

Nadie entiende de dónde salen los dictadores comunistas hasta que ya están instalados para siempre en sus sillas. No son líderes espontáneos. Los preparan para secuestrar países desde que son prácticamente niños y les dan apoyo tanto económico como estratégico. El peregrinaje comunista es una constante. Ni siquiera Chávez inventó su estrategia. Chávez era un acólito de Fidel entrenado y puesto allí por los que vinieron antes de él de la misma manera en que Fidel fue puesto allí por el Kremlin. 
Es eso, estos militantes no proclaman abiertamente su pertenencia al partido sino que hacen carrera dentro de la sociedad como juristas o políticos de otros partidos. Si alguien evaluara en detalle toda la actuación de De la Calle saldría claro que siempre ha trabajado para el PCC. Se podría asegurar que representaba al partido en el gobierno de Gaviria.

Un caso típico de militante secreto es el escritor Héctor Abad Faciolince, que representa la persecución más descarada y perversa del uribismo y de cualquier oposición a las FARC desde una supuesta moderación y empleando recursos fabulosos para hacer relaciones públicas y ser reconocido por intelectuales importantes.
El sistema de justicia

¿Por qué está estancado el tema de la justicia que se aplicaría a las Farc?


Porque ahora no es lo mismo que en las negociaciones que se hacían antes. Ahora existen el Tribunal de Roma y la Corte Interamericana, la legislación interna también ha cambiado, hay fallos de nuestra Corte Constitucional según los cuales no se pueden suspender la totalidad de las penas. Pero, además, el país exige justicia sin amnistías generales. Eso no lo vamos a hacer. Y están las víctimas, que merecen justicia. Por eso es el territorio más difícil de la negociación. Las Farc tienen que asumir las responsabilidades de sus actos. El Estado también, naturalmente.
Todo el esfuerzo de la entrevista es buscar esa empatía forzada con la gente que está harta de las atrocidades terroristas. Pero por los poros se le sale al hombre la retórica terrorista: las FARC y el Estado resultan equivalentes. ¿Quién va a evaluar las responsabilidades? La comisión de la verdad, seguramente, como la Comisión Histórica.
Explíqueme, en términos elementales, qué es la justicia transicional que ustedes les plantearon a las Farc.

Lo que hemos dicho en la mesa es lo siguiente: a partir del Marco Jurídico para la Paz existe la posibilidad de seleccionar, en primer lugar, los hechos más graves, para que sirvan como patrón o referencia: una masacre, secuestros, violencia sexual. Una comisión independiente hace esa selección que le sería entregada a la Fiscalía para que escoja quiénes fueron los que cometieron esos delitos que tienen carácter internacional. Lo que se busca es limitar la acción penal a ese tipo de delitos y a sus máximos responsables. A ellos se les aplicaría la misma pena que dictan las leyes vigentes, pero que podría reducirse a una pena alternativa que se pague en condiciones de dignidad, sin rejas ni piyamas rayadas. Pero hay que asumir las consecuencias judiciales de los actos, reparar a las víctimas y dar garantías de no repetición. Eso es lo que hemos llamado justicia transicional, que ya las Farc, en un paso que les reconozco, han dicho que están dispuestas a aceptar.
¿Cuál será esa comisión independiente? Obvio, la formarán Alfredo Molano, Javier Giraldo y algún otro pensador ligado al régimen. Y conste que las FARC han dado ese paso, hay que reconocérselo, de decir que están dispuestas a aceptar que los demás colombianos reparen a sus militantes (las víctimas las seleccionan ellos).
Propuesta de Uribe

Sobre ese tema, el expresidente Uribe ha planteado unas “zonas rurales de concentración” para recluir guerrilleros condenados, sin que entreguen sus armas. ¿Usted considera viable esa propuesta?


Me parece sumamente constructiva. Y creo que el expresidente Uribe tiene razón. Se puede discutir si es oportuna, pero la idea que uno tiene para acabar el conflicto es que sí es necesario y realista promover esas zonas de concentración, que pueden ser para gente temporalmente armada que se someta a un proceso de dejación de armas, que es una condición esencial para que haya acuerdo y se reincorporen a la vida civil.
La propuesta de Uribe ya es ambigua y deshonesta, la idea de que las FARC se concentren sin entregar las armas mientras se negocia es un "cuento chino" para apoyar la negociación y a la vez criticarla, de modo que el uribismo resulta representando a los esperanzados con la paz y a los descontentos, todo con base en la falsa creencia de que las FARC podrían aceptar eso: en la práctica sería una rendición. El resultado es que la gente cree que se está negociando otra cosa que la entrega del país a los terroristas y sólo hay que mejorar la negociación.

Pero Gossaín y De la Calle la interpretan de otro modo: se trata de entregarles tierras para asegurarse de que conserven las armas. ¿Cómo puede ser compatible la idea de "gente temporalmente armada que se somete a un proceso de dejación de armas"? Si no entrega las armas está armada, aunque haya practicado la "dejación". Sólo es palabrería engañosa: puede que el proyecto de la nomenklatura cubana sea asegurar vastas áreas para la producción de cocaína y la explotación de minerales sin control legal, cosa que acompañaría el cese al fuego bilateral.
¿El Gobierno puede garantizarles a las Farc que no serán extraditados si un juez de Estados Unidos los pide, por ejemplo, por narcotráfico?

En Colombia quien finalmente decide sobre extradiciones es el jefe del Estado. Tenemos que crear un marco, derivado de un acuerdo de paz, que les demuestre a los demás países que se trata de un acuerdo serio y respetable, legítimo, para que respeten lo acordado y no entren en controversia con el país. Que, por el contrario, haya un apoyo internacional a una paz duradera en Colombia, y que eso haga innecesarias las extradiciones. Eso es posible porque, aunque parezca una paradoja, el proceso ha encontrado más apoyo afuera que aquí adentro. También es verdad que aquí es donde sufrimos las consecuencias.
No, todo eso se basa en la idea de que las FARC se desmovilizan, cosa que siempre han dicho que no van a hacer. Claro que el gobierno se hará garante de la impunidad de los terroristas, pero ¿les hace falta salir de Cuba? Desde la isla administran sus fortunas de miles de millones de dólares y dirigen los negocios en Colombia. Lo que les preocupa es un cambio de gobierno en Washington, pero en definitiva cualquier gobierno tendrá que aceptar lo que los colombianos aprueben.
Cese bilateral del fuego

¿Ese tema de la justicia y las penas es lo que tiene bloqueado el proceso?

Solo en buena parte. También hay una presión de las Farc para buscar un cese bilateral del fuego. Esa es su prioridad. Nosotros hemos dicho: cese del fuego bilateral y definitivo, pero no solo del fuego sino también de las hostilidades, la extorsión, el narcotráfico. Eso sí, en condiciones de seriedad y de verificación. Mi respuesta a las Farc es: si lo que están buscando con estos atentados es un cese del fuego mal hecho –como en el juego infantil llamado ‘estatua’, en que el otro tiene que quedarse quieto–, no lo vamos a hacer. No habrá cese del fuego estatua. Entre otras cosas porque aquí hay otras fuentes de violencia, distintas a las Farc, y no podemos decirle a la Fuerza Pública que se esté quieta. Si quieren un cese del fuego, el Gobierno está dispuesto a anticiparlo, para lo cual son fundamentales las zonas de concentración. Ese es el camino.
Bueno, la negociación lleva oficialmente tres años y naturalmente durará muchos años más: son muchas toneladas de cocaína y decenas de miles de millones de dólares lo que se produce en condiciones ventajosas gracias al gobierno venezolano y a la colaboración del gobierno colombiano, que por algo suspendió el uso del glifosato y los bombardeos a los campamentos terroristas. Puede que el cese bilateral del fuego se retrase unos meses, pero ¿qué pierden? De impedir que las fuerzas militares y policiales hagan algo contra los terroristas ya se encarga el gobierno, que poco a poco van llevando a la cúpula militar a los infiltrados de las FARC y cooptando generales, que disfrutan encantados de las mieles de la vida en Cuba. Sin esa labor, sin que se dediquen los vehículos militares a llevar a los terroristas a Cuba y probablemente a ayudar a transportar la cocaína a Venezuela, sería muy fácil acabar con las FARC. Sencillamente, el forcejeo por el cese al fuego bilateral sirve para que la promesa de la paz lleve a la presidencia a Petro en 2018, como ocurrirá casi con toda certeza, dado que no hay el menor atisbo de oposición que no sea el sueño de llevar a Uribe a la presidencia de nuevo (como vicepresidente, según he leído por ahí).
¿Pero el Gobierno está dispuesto a aceptar un cese bilateral del fuego antes de firmar el acuerdo de paz?
Esa pregunta nos lleva a un punto crítico y esencial. Al principio la posición del Gobierno era que el cese del fuego solo ocurriría con el acuerdo. En ese punto hemos cambiado. Estamos dispuestos a aceptar un cese del fuego, aun antes de la firma de un acuerdo, en la medida en que sea serio, bilateral, definitivo y verificable, siempre y cuando tengamos la garantía de que ellos asumen su responsabilidad en materia judicial y nacional e internacional. Que no conviertan esto en una especie de payasada. Las experiencias del pasado, en esa materia, son pésimas.
¿Se entiende? Pronto habrá cese al fuego bilateral. Puede que acepten encarcelar a algún idiota que haya incomodado a los jefes terroristas. ¿Alguien se imagina al Secretariado en la prisión?
¿No es una exageración que el presidente Santos haya ido a Europa a decir, textualmente, que “en Colombia el posconflicto prácticamente ya empezó”? ¿Posconflicto con esto que está pasando?

Eso quiere decir varias cosas. Primero, que hay zonas de verdadera paz en Colombia. Segundo, y aunque haya gente que no lo cree, todas las cifras de seguridad han mejorado en Colombia. La reducción del homicidio este año es histórica: 443 muertes menos que el año pasado. O sea que estamos en una tasa de 26 por cada 100.000 habitantes, lo cual no es una maravilla, ni este es el paraíso, pero el descenso es dramático. Hay 470 municipios donde no se han presentado homicidios este año. En este momento tenemos la tasa de secuestros más baja de los últimos 14 años, ya que de 3.706 secuestros hemos llegado a 88. No es que yo diga que tenemos que aplaudir, pero la situación es muy distinta. A eso se refería el Presidente.
El secuestro se redujo, muy poco, desde 2009, gracias a que los terroristas tienen garantías para extorsionar impunemente, así como para sus demás negocios. Colombia está en el posconflicto desde 1991, gracias a De la Calle, entre otros, precisamente. Cuanto más se premie el crimen más prolifera, no me explico qué clase de daño cognitivo lleva a los colombianos a esperar otra cosa. Cuando las FARC sean abiertamente el gobierno (ya lo son, pero sólo de forma encubierta, ¿o qué creen que son personajes como Gómez Méndez o Luis Eduardo Garzón) se dedicarán a favorecer la paz con el ELN, que habrá crecido gracias a los militantes de las FARC, tal como ocurrió con el M-19 después de 1991. Tras multiplicar el control del Estado, las clientelas les asegurarán más votos, luego más negocios ilícitos y más violencia. Ya son 25 años de esa experiencia, de no ser por la condición moral de los colombianos, siempre dispuestos a aliarse con el que triunfa, no se atreverían a hablar de posconflicto.
Hablemos de la Comisión de la Verdad. El procurador Ordóñez ha dicho que fue hecha “a la medida de las Farc” y que, en consecuencia, no será una comisión que trabaje con la verdad de las víctimas sino de los victimarios.
Si queremos dar el paso a una paz duradera, la verdad es un ingrediente necesario, como la justicia y la reparación. Es con todas las realidades, las macabras acciones de las Farc, pero también las de otros agentes, incluso del Estado, hay que reconocerlo. En el mundo de hoy no es posible hacer una paz sin la verdad. Porque el centro de esto, y el ancla, son las víctimas. En 1991 intentamos hacerlo sin que aparecieran las víctimas, y ahora estamos pagando ese error. La gente humilde me agarra del brazo, angustiada, y me dice: “Doctor, ¿qué pasó con mi hijo o con mi padre?”. Y me dicen que, más que reparaciones económicas, lo que quieren es saber la verdad.
La comisión de la verdad tiene que ver con la verdad tanto como las respuestas de Humberto de la Calle. Será otro órgano de legitimación del terrorismo como la Comisión Histórica. La desfachatez de este asesino no tiene límites: cree que algo tiene que ver con la verdad porque se llama así.
El Papa y la verdad

¿Y cómo se escogerían esos comisionados?

Primero se crea un grupo de seleccionadores, de los cuales seis serán convenidos por las partes (eso es lo que irrita a algunos). Y luego tres seleccionadores más, escogidos por instituciones o personas de reputación internacional, como el Papa o las Naciones Unidas. Estamos hablando de gente de ese tamaño. Entre todos ellos, escogerán a nueve comisionados integérrimos, independientes y honestos que juzguen todas las verdades. Lo que no funciona, precisamente, es que haya verdad oficial. A eso nos oponemos. Comprendo que, mientras en el exterior aplauden ese proyecto, aquí haya personas que creen que eso es una trampa y que no va a funcionar.
Candidato seguro a formar parte de esa comisión, Alfredo Pérez Esquivel. También Rigoberta Menchu, puede que Desmond Tutu. Los seleccionadores los nombran los terroristas. ¿Alguien duda de que el gobierno y los terroristas son lo mismo? ¿En qué bando estaría Piedad Córdoba, en el de las FARC a las que aconsejaba no liberar a Íngrid Betancur o en el del secretario general de Unasur, su jefe político? La comisión de la verdad, ya lo he dicho, será otro órgano que legitime los asesinatos y equipare al que defiende la ley con el que la viola.
A propósito de víctimas y reparaciones: se han entablado hasta ahora más de 22.000 demandas por despojo de tierras. ¿Usted cree que sí habrá una auténtica restitución?
Creo que sí. Ya se habla de 22.000 hectáreas que están a punto de ser recuperadas en los Llanos Orientales. Parece una paradoja, pero hablando con el director del Incoder me decía que a veces lo que impide la reparación es el propio conflicto. Hay zonas donde no pueden entrar ni los jueces ni nadie. Si hay un final del conflicto, lo primero que se acelera es la estabilización del campo. Tenemos que restablecer las zonas rurales. El jovencito que mata a alguien en la ciudad, para robarse un celular, puede ser el hijo de un desplazado. Por eso el eslabón de la cadena de violencia comienza allá pero termina afectando a todos los colombianos.
Las demandas las presentan los terroristas y son otro recurso para apropiarse de tierras: ¿alguien desconoce las ONG que prestan asesoría jurídica, como la que llevó los falsos testigos que permitieron la condena del general Uscátegui? ¿Alguien desconoce que "la izquierda", es decir, los terroristas urbanos, dominan el poder judicial?
El Estado ganó la guerra estratégica

Militarmente hablando, ¿en qué situación están las Farc?


El predominio militar del Estado es indiscutible. En estas encuestas recientes veo que el respaldo a la opción militar vuelve a subir. Eso debería preocupar a las Farc porque no había ocurrido así en los últimos 15 años. Pero eso es desconocer que la guerra estratégica ya terminó y que el Estado la ganó. Lo que queda es una resaca táctica que puede durar mucho tiempo y ser muy dolorosa. Ponerle una bomba al oleoducto es muy simple. Eso afecta a los civiles, pero no tiene ningún efecto militar.
¿Qué es "el Estado"? Los terroristas nunca han tenido ni la más remota posibilidad de derrotar al ejército, pero gracias al control del poder político y judicial han cooptado a la cúpula militar y matan sin problema soldados para generar miedo entre la tropa y entre los ciudadanos, sin la menor duda, de común acuerdo con el gobierno, que a toda costa intenta favorecer su actividad.
Y, entonces, ¿por qué las Farc siguen en esas?

Porque, a pesar de esa realidad, las Farc llegan a la mesa casi con la obligación de decir “no hemos sido derrotados”. Las Farc están luchando ahora con su propia identidad como grupo, con su futuro, con la historia, “cómo nos van a ver dentro de cien años”. Perdieron la guerra, pero insisten en su condición de rebeldes porque dicen que no pueden echar por la borda 50 años de lucha.
Todo lo que ha hecho el gobierno de Santos desde 2010 es preparar el terreno para la toma del poder por el narcoimperio cubano o Foro de Sao Paulo. Desde 2014, aplica punto por punto el programa de las FARC, expresado en este video. Estaban derrotadas en 2010, hoy son absolutamente triunfantes y es muy poco probable que se pueda reconstruir la fuerza pública para hacerles frente: ¿cuántos generales sirven hoy por hoy a las FARC? Sin la menor duda, la mayoría de los que forman la cúpula.
Las Farc como partido

¿Cómo serían las Farc sin armas?


Ahí sí, desarmados, que sigan dándole manivela a su ideología. A nosotros no nos asusta eso. Que entren, con garantías, a hacer política en medio del respeto de los colombianos y de ellos hacia los colombianos.
Después del halago al público vienen las promesas: se volverán un amable partido que le dan manivela a su ideología y respeta a los colombianos. Yo creo que Colombia se merece todo lo que viene, una tiranía monstruosa con un genocidio aún mayor, una sociedad que renuncia a castigar el asesinato está formada por canallas del mismo nivel moral de los asesinos y su muerte es un resultado lógico de esa actitud.
¿Unas curules para las Farc en el Congreso, sin necesidad de que participen en elecciones?

Yo sé que los ciudadanos piensan eso. Yo tengo que ser totalmente honesto y decirles, así me lluevan tomates, que en una primera etapa, netamente transitoria, el Estado y el país tienen que abrir la mente a la participación de las Farc como partido político desarmado. Tienen que abrirse dignamente las puertas políticas para las Farc. Más allá de si hay curules o no, porque eso habrá que discutirlo, creo que los colombianos tenemos que prepararnos para obrar con generosidad en ese momento. Las Farc han sido el elemento más conservador de la vida política colombiana. Cincuenta años de violencia disolvieron prácticamente el movimiento sindical y el estudiantil.
¿Cuántos congresistas pertenecen al Partido Comunista o sirven a las FARC? En forma de relación orgánica, sin la menor duda, más de un tercio. Pero ¿ el PSUN y el liberalismo no sirven a las FARC? ¿Es que se puede distinguir el gobierno de Santos de las FARC? Eso sí, necesitan reforzar la legitimación de los asesinos y así les darán, ADEMÁS, otras curules como premio del atraco de la paz.
Epílogo

Todavía faltan muchos temas, pero el tiempo es limitado. El espacio de los periódicos también. A la hora de despedirnos siento la tentación de plantearle algunos temas humanos relacionados con su propia vida. ¿Por qué se metió en este berenjenal de dirigir la mesa de negociaciones?

Me dice que, cuando el presidente Santos se lo propuso “ni siquiera lo pensé, que es lo que siempre dice la gente: déjeme pensarlo. Esas obligaciones no se piensan. Le dije que sí, y la que quedó perpleja fue mi familia, cuando les conté”.

Le pido que me diga de dónde piensan sacar plata para financiar el posconflicto, si el dólar está a 2.600 pesos y el barril de petróleo apenas a 60 dólares. Entonces me contesta con una ironía profunda, los famosos sarcasmos de De la Calle: “Por eso es que las Farc tenían que haber firmado el acuerdo de paz hace dos o tres años, cuando el petróleo estaba a 110 dólares”.

¿Tiene ambiciones políticas para el futuro? ¿Cuál será ese futuro? Hace un gesto de desencanto. “Quedé curado de política hace 20 años, cuando pasó lo que pasó y renuncié a la Vicepresidencia. Solo tengo una ambición para el futuro: vivir mis últimos años en paz. Literalmente hablando”.
Hombre, ¿por qué no preguntarle por lo que cobra oficialmente cada mes como negociador de paz? El desprendimiento de este hombre es tan grande que sólo obra por amor, como Petro y como Stalin. A saber cuánto tiempo habrá estado preparando la farsa con su jefe Enrique Santos.

Pobres uribistas, lamentan que los diálogos estén en su peor crisis cuando están precisamente en su mejor momento, con la población asustada y el próximo anuncio de cese bilateral, lo dice literalmente el entrevistado, que los aliviará del miedo. Cada colombiano es autor de su destino, no se puede creer que se aplaude el premio del crimen y después resulta uno una víctima.

7 jul. 2015

Lo que mal empieza mal termina

Por Jaime Castro Ramírez

Las obsesiones que se apoderan de la voluntad y a las cuales se llega sin el raciocinio requerido sobre lo que pueden significar los elementos que configuran su dinámica, también pueden marcar una trascendencia negativa de sometimiento del espíritu al vaivén de un ritmo descontrolado del pensamiento, y entonces se concluye que lo que mal empezó por falta de cimientos razonables en su estructura filosófica, pues tiene suficientes riesgos de fracasar en cuanto al resultado final.

Es cuestión de simple sensatez de criterio aplicar lo razonable para encontrar el camino adecuado en la orientación de procesos que conlleven a buen destino, pues de lo contrario, durante el desarrollo de la acción se encontrarán los inconvenientes conexos a las malas decisiones que se hayan adoptado desde la iniciación del proyecto.

Jefe negociador del gobierno dice que proceso de paz terminará pronto, bien o mal
Ha sorprendido al país lo planteado por Humberto De La Calle Lombana, jefe de la delegación de plenipotenciarios del gobierno Santos en las negociaciones de paz con las Farc, al expresar que el proceso terminará pronto, BIEN o MAL. Esta posición deja ver a las claras que ya existe un desgaste inaguantable propio de la extensión de los diálogos por más de tres años y sin conseguir aún acercarse a un acuerdo definitivo.

Significa que en esta instancia del proceso quizás ya se hacen presentes las consecuencias de los errores por parte del gobierno aceptando la forma como quedaron diseñados los cinco puntos de la ‘agenda de negociación’, o ‘Acuerdo general para la terminación del conflicto’, consecuencias que hacen que las Farc no tengan afán en terminar los diálogos hasta tanto consigan todas las concesiones que pretenden.

Los errores comenzaron por el primer punto de tal agenda, que consiste en negociar la política de desarrollo agrario integral, que es parte fundamental del modelo económico del país, punto del cual se desprende la concesión de las llamadas ‘zonas de reserva campesina’ que quedarán en poder de las Farc, y lo cual significaría la disgregación de la unidad del territorio nacional. Entre otros, también fue error someter a discusión el tema del narcotráfico con quienes son los mayores beneficiarios de ese negocio. De la forma como fue diseñada esa agenda se desprenden por parte de las Farc las exageradas exigencias de concesiones, como las siguientes: No pagar ni un día de cárcel por los delitos de lesa humanidad, es decir, impunidad total, y como complemento concederles elegibilidad política entregándoles curules regaladas en el congreso de la república, asambleas departamentales y concejos municipales; exigir el cumplimiento de un adefesio para la paz que consiste en no entregar las armas; exigir la entrega de las mencionadas zonas de reserva campesina; exigir una asamblea constituyente para incluir en la Constitución de la república sus exigencias en la negociación, y para renovar a su manera la institucionalidad colombiana y por supuesto apoderarse del país (significa la entrega del país por parte del gobierno), etc.

Lo que dice el gobierno no se puede creer, pues lo mismo es decir SÍ que decir NO. Primero había dicho Santos que lo que firmara con las Farc sería sometido a refrendación en las urnas y que por lo tanto la última palabra la tendría el pueblo, luego echó para atrás lo dicho; también dijo en repetidas ocasiones que de ninguna manera aceptaría la solicitud de las Farc sobre la constituyente, sin embargo, ya dijeron que el tema se puede discutir. Estas posiciones ambivalentes carentes de seriedad solo crean desconfianza pública en el proceso de paz.

En este orden de ideas, lo que se pone de presente es que no se daría lo que dice Humberto De La Calle en el sentido de que el proceso terminará BIEN o MAL, pues él se refiere a que terminará bien si se firma el acuerdo, y terminará mal si no se llega al acuerdo; pero la realidad es que de todas maneras terminaría mal, fírmese o no se firme la supuesta paz. Es claro que, como van las cosas, el peor escenario sería la firma del acuerdo de la entrega del país con el nombre de paz.

3 jul. 2015

Pero ¿esto lo dice un Premio Nobel de Economía?

Por @ruiz_senior

No es agradable repetirse, pero ¿cuántas veces hay que volver a insistir en la falacia izquierda-derecha? Según Savater, la izquierda es el bando de la libertad. Según muchísimos autores, la derecha es el bando de la libertad. Ciñámonos a lo que se conoce como izquierda en el lenguaje corriente. Los seguidores de líderes como Pol Pot, Kim Jong-un, Tirofijo o Abimael Guzmán se definen como de izquierda y no recuerdo a nadie que diga que sean de derecha. La mayoría de la llamada izquierda no reivindica la obra de estos personajes, pero no ve a sus seguidores como adversarios y en muchos casos comparte puntos de vista con ellos. La izquierda moderada o centroizquierda o socialdemocracia, según la jerga de cada medio y lugar, tampoco los ve como el principal problema sino que busca la cohesión ideológica en el odio a la Iglesia o a los banqueros o a Israel y Estados Unidos.

No se debe pensar que los anarquistas que afloran por todas partes en épocas de crisis sean muy distintos a los totalitarios: colaboran en la destrucción del orden democrático y no tienen fuerza para corregir el nuevo orden comunista. 

Durante mucho tiempo me he preguntado, sin ocasión de conocer la cuestión a fondo, cuáles son los planteamientos de dos iconos de la izquierda internacional, los profesores Paul Krugman y Joseph Stiglitz, ambos reconocidos con el Premio Nobel de Economía. ¿Qué clase de sabios podrían agradar a gente que no ve a los regímenes totalitarios como lo propiamente intolerable y que en últimas los defiende, como ocurre con los regímenes de Cuba y Venezuela? Con ocasión de la crisis griega pude leer artículos de ambos que me dejaron desconcertado. ¿Quién le da un premio importante a mentirosos tan burdos? Puede que el Nobel de Economía sea tan discutible como el de Literatura o el de la Paz, para el que según un importante funcionario noruego Piedad Córdoba estaba muy calificada.

Krugman empieza afirmando que la creación del euro fue un error y sigue describiendo la situación griega. Las mentiras gruesas empiezan en estos párrafos.
Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.  
Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.
¿De modo que si un país se endeuda porque despilfarra le basta con despilfarrar menos para remediar la situación? Además del despilfarro estaba el engaño en las cuentas. Pero ¿cómo se sabe si son falsas la mayoría de las cosas que "hemos oído" sobre el despilfarro en Grecia? El sustento de esa afirmación es sólo la autoridad de Krugman, y ¿quién ha oído qué sobre eso? Yo he oído seguramente menos cosas que Krugman.

La conclusión de que el déficit original debería haberse convertido en un amplio superávit se sustenta en la misma autoridad. Bueno, en el párrafo siguiente lo explica, sólo que la relación causa-efecto resulta sometida a las exigencias de la retórica y no al funcionamiento de la economía.
¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.
Luego, el ahorro no condujo al superávit porque la economía se desplomó, lo cual parece una consecuencia ajena al mismo. ¿Cómo puede ocurrir que se gaste más de lo que se tiene y haya que reducir gastos y por eso se caiga la economía? ¿Había alguna alternativa a gastar menos? La caída de la economía, en parte por la inevitable reducción del gasto y en parte por la falta de credibilidad del país, es una verdad a medias: a finales de 2014 estaba empezando un ciclo de recuperación. Baste citar la Wikipedia.
La cuarta revisión del programa de rescate reveló una leve mejoría en la economía griega. Debido a un superávit primario de las cuentas del gobierno tanto en 2013 y 2014 conjuntamente con una disminución de la tasa de desempleo y el retorno de un crecimiento económico positivo en 2014, por lo cual fue posible que el gobierno griego recuperara el acceso al mercado de crédito privado por primera vez desde el estallido de la crisis de la deuda y pudiera realizar una venta de bonos a acreedores privados para financiar la totalidad del déficit para el 2014.
Es decir, después de mucho caer la economía empezaba a recuperarse, si bien no se volvía a las épocas felices en que se gastaba a espuertas. La experiencia de cada persona particular la induce a pensar que sus ingresos y su modo de vida son "naturales" y cuando menguan o desaparecen se atribuye a la acción de un agente del mal. La situación griega ciertamente no era buena, y la recuperación que comenzaba prometía estar llena de "sangre, sudor y lágrimas": esa población acostumbrada al parasitismo que practican sus gobiernos desde antes de que el país entrara en la Comunidad Europea, con la Sexta Flota estadounidense en sus puertos, era particularmente receptiva a las promesas de Syriza, consistentes en dejar de ahorrar y forzar a los acreedores a someterse. Eso se basa en la idea de que si uno le debe mil euros al banco, tiene un problema, pero si le debe un millón, el problema lo tiene el banco. El programa de Syriza, cuya mayoría se formó gracias a que la ley electoral da una bonificación de 50 diputados al partido más votado y al apoyo de un partido de extrema derecha nacionalista, consistía en una serie de promesas de más gasto para en últimas crear un paraíso comunista que pagaban los demás países europeos, con el chantaje de que si sus gobiernos no cedían todos saldrían perdiendo.

De modo que el ascenso de Syriza significó el cese del ahorro y del superávit en las cuentas públicas, y también la fuga de capitales y la pérdida de interés de los inversores. Pero ese dato no existe para Krugman, para el que no ha ocurrido nada nuevo en Grecia (el que lo dude debería revisar el artículo). La economía griega se desplomó como resultado del gobierno de Syriza, cosa que con subterfugios intenta ocultar Krugman en el último párrafo citado. Todo su artículo se basa en la mentira de que el gobierno de Syriza no tiene nada que ver con la crisis que generó. Sigue Krugman:
Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.
¿Cómo es que las demás economías de la zona euro que sufrieron la crisis de la deuda no tenían esa camisa de fuerza? Pues el caso es que España, Irlanda y Portugal se han recuperado y empiezan a crecer. Para Grecia era un poco más difícil porque el déficit era más alto y la viabilidad de su economía más complicada, pero a finales de 2014 ya se creaban empleos y se registraban subidas del PIB. Un lector desprevenido podría pensar que Grecia siempre ha tenido el mismo gobierno, o que todos habrían hecho lo mismo.
¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.
La frase que marco en negrita es una mentira atroz: de no ser por el programa de Syriza la austeridad se habría podido aliviar gracias al aumento de las inversiones y de la confianza de los acreedores. Tsipras no ha aceptado la austeridad sino que ha intentado vivir del chantaje gracias al miedo que genera la salida de Grecia del euro. Ese juego de engaño sistemático, la negativa a pagar y las exigencias de más recursos son la causa del pánico y el caos. Krugman reproduce las mentiras de Tsipras y Varufakis porque es lo que complace a su público.
Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años. 
Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos temen tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.
¿Se entiende? No es que Tsipras haya incumplido todos los compromisos de su gobierno, sino que la "troika" pretendía imponerle más sacrificios. ¿Cómo es que era indistinguible la oferta de la troika de las políticas de los últimos cinco años y a la vez se exigía más austeridad?

Claro que "la razón política de ser" de Tsipras es un fraude por el que ciertos ciudadanos griegos esperan seguir parasitando a la Unión Europea y al resto del mundo con el chantaje del caos. Krugman legitima ese chantaje y culpa a las víctimas, según la vieja rutina de la izquierda, que, como decía Gómez Dávila, no siempre mata pero siempre miente.

Es obvio que unas políticas consistentes simplemente en pedir más dinero y negarse a pagar no puedan ser aplaudidas por los acreedores, que representan a los demás ciudadanos europeos. ¿Llevaría eso a la salida de Tsipras? Lo único claro es que no puede cumplir lo que les prometió a los ciudadanos griegos porque sería un saqueo a los demás europeos.
Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.
El texto marcado en negrita es una mentira atroz: la austeridad no es cada vez más dura, sería mucho más suave sin la fuga de inversiones provocada por Syriza. Grecia está en peor situación que nunca a causa de Syriza y a finales de 2014 empezaba a crecer y a tener recursos para pagar las deudas. La desfachatez con que miente este hombre hace pensar en una degradación creciente de la izquierda, para la que Chávez, Petro, Maduro, Ortega, Morales, Cristina y demás son gobernantes respetables. ¿No hay mucho más daño qué hacer? Sólo hace falta que nadie ingrese un euro en los bancos griegos para que el lobo de la hambruna asome sus orejas.
Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.
¿Se entiende que la política sensata es la de Tsipras y Varufakis? Hombres prácticos que atienden a los principios de la economía y tratan de sacar a su país de la pobreza que le generan los fantaseadores de los países acreedores. Lo único que es cierto es que su desfachatez queda pequeña ante la de Krugman.
Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.
¿Se entiende que saliendo del euro Grecia tendrá recursos para gastar más y para hacer frente a la depresión? De ese nivel es la mentira de este hombre. Mucho se ha degradado el mundo intelectual para que haya quien lo tome en serio. Lo que se puede decir es que la salida de Grecia del euro servirá para cerrar esa gotera y recuperar la economía de la región: que los griegos paguen la ligereza en que cayeron en manos de estafadores comunistas, como TODOS los que han pasado por ahí, de Rusia a Zimbabue, de Bolivia a Corea.

Pero, con todo, Stiglitz lo supera. Ojo a su texto "Obligar a Grecia a ceder".
Las rencillas actuales en Europa pueden parecer el desenlace inevitable del amargo enfrentamiento entre Grecia y sus acreedores. En realidad, los dirigentes europeos están empezando a mostrar verdaderamente por qué se pelean: por el poder y la democracia, mucho más que por el dinero y la economía. Los resultados económicos del programa que la troika impuso a Grecia hace cinco años han sido terribles, con un descenso del 25% del PIB nacional. La tasa de desempleo juvenil alcanza ya el 60%. No se me ocurre ninguna otra depresión en la historia que haya sido tan deliberada y haya tenido consecuencias tan catastróficas.
Las mismas mentiras de Krugman: no hubo ningún cambio con el ascenso de Syriza ni hubo superávit de las cuentas públicas en 2013 y 2014. La "imposición" a Grecia de un programa de austeridad consistente en que dejara de haber grandes cantidades de personas que cobraban sueldos altos sin trabajar parece un abuso, siendo lo correcto ese PIB basado en el engaño a los socios europeos y en el despilfarro. Como si la víctima de una pirámide de Ponzi cree que alguien debe garantizarle las ganancias que tuvo en otra.
Sorprende que la troika se niegue a asumir la responsabilidad de todo eso y no reconozca que sus previsiones y modelos estaban equivocados. Pero todavía sorprende ver más que los líderes europeos no han aprendido nada. La troika sigue exigiendo a Grecia que alcance un superávit presupuestario primario del 3,5% del PIB en 2018. Economistas de todo el mundo han dicho que ese objetivo es punitivo, porque los esfuerzos para lograrlo producirán sin remedio una crisis aún más profunda. Es más, aunque se reestructure la deuda griega hasta extremos inimaginables, el país seguirá sumido en la depresión si sus ciudadanos votan a favor de las propuestas de la troika en el referéndum convocado para este fin de semana.
No, no estaban equivocados los que votaron por Syriza creyendo sus promesas de resolver los problemas gastando más sino los representantes de los acreedores, que esperaban que les pagaran cuando lo correcto era seguir gastando en quienes sólo tienen por objeto pedir más y más.

¿Quién habla de superávit? ¿Entiende el lector que lo que hace Syriza no tiene nada que ver? ¿Que al final de 2014 la economía estaba creciendo? Claro que si el país no genera confianza a los inversores por estar en manos de comunistas que tratan de parasitar al resto de Europa seguirá sumido en la depresión.
En la tarea de transformar un déficit primario inmenso en un superávit, pocos países han conseguido tanto como Grecia en estos últimos cinco años. Y aunque los sacrificios han sido inmensos, la última oferta del Gobierno era un gran paso hacia el cumplimiento de las demandas de los acreedores. Hay que aclarar que casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha ido a parar allí. Ha servido para pagar a los acreedores privados, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una miseria, y se ha sacrificado para proteger los sistemas bancarios de esos países. El FMI y los demás acreedores no necesitan el dinero que reclaman. En circunstancias normales, lo más probable es que volvieran a prestar ese dinero recibido a Grecia.
¿Sabe Stiglitz que EL GOBIERNO GRIEGO CAMBIÓ EN 2015? La falacia de "el gobierno" hace pensar que Syriza sigue siendo lo mismo que los gobiernos anteriores, pero precisamente su programa consiste en gastar más y negarse a pagar, a tal punto que el último vencimiento del FMI no lo pagó. El cuento de que el dinero prestado a Grecia no ha ido a parar ahí parte del supuesto de que la deuda se remedia olvidándola. Del mismo estilo es el de que el FMI no necesita el dinero que le cobra a Grecia. ¿Necesita el banco o su dueño el dinero que nos ha prestado? ¿Qué clase de idiotas pagan las deudas si casi siempre se podría demostrar que el acreedor necesita menos el dinero? Podrían volver a prestar ese dinero a Grecia, pero a finales de 2014 empezaba a crecer y la llegada de los comunistas acabó con esa esperanza. Eso lo oculta Stiglitz con increíble mala fe.
Pero repito que lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. ¿Por qué hace eso Europa? ¿Por qué los líderes de la UE se oponen al referéndum y se niegan a prorrogar unos días el plazo para que Grecia pague al FMI? ¿Acaso la base de Europa no es la democracia?
El referéndum consiste en otro engaño de Tsipras a su población, que votará pensando si gastarse el dinero ajeno o no, como si eso fuera posible. La idea de que "la democracia" consiste en referendos de esa clase avergonzaría a Nicolás Maduro, pero es por ese encanto increíble de la retórica barata por lo que este genio es un icono de la izquierda. ¿Cuántos días habría que prorrogar el pago al FMI? Otra mentira.
En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se compremetió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas, ya habría rechazado la propuesta. Pero quería dar a los griegos la posibilidad de opinar sobre una cuestión tan crucial para el futuro bienestar del país. Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático. Los Gobiernos miembros no pidieron permiso a sus ciudadanos para entregar su soberanía monetaria al BCE; solo lo hizo Suecia, y los suecos dijeron no. Comprendieron que, si la política monetaria estaba en manos de un banco central obsesionado con la inflación, el desempleo aumentaría.
"Terminar la austeridad" no es una opción: no hay ni un solo país y casi ni una sola persona en el mundo que no tenga que ceñirse a sus posibilidades. La promesa de gastar más de Tsipras se basaba en la idea de chantajear a los acreedores a punta de movilización popular y amenaza de crisis generalizada para la moneda única. Con bellas palabras Stiglitz legitima esa política, con adjetivos define las que podrían conducir a Grecia a salir de la ruina. ¿Acaso se puede decidir salir de la austeridad cuando no se tienen recursos? Para obrar con tanta mala fe hace falta despreciar mucho al público.

Muy interesante esa idea de que lo "democrático" depende de la convocatoria de referendos. Precisamente se definen como un rasgo de las dictaduras, someter a la ciudadanía a un chantaje por el que si no apoya lo que se le ocurra al gobernante asume las consecuencias.
Lo que estamos presenciando ahora es la antítesis de la democracia. Muchos dirigentes europeos desean que caiga el gabinete de izquierdas de Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades en los países avanzados y decidido a controlar el poder de la riqueza. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.
¿Se entiende? Los contribuyentes de los demás países europeos deben mantener las políticas griegas contrarias a las de sus gobiernos por pura solidaridad progresista. El "acuerdo contradictorio con su mandato" que quieren imponerle los demás gobiernos al griego es dejar de gastar grandes cantidades de dinero de cada ciudadano (sólo España ha invertido 26.000 millones en la deuda griega, unos 600 euros por cada habitante) en políticas justicieras en Grecia. ¿Cómo puede dar clases este hombre y aun recibir un Premio Nobel? Como podría recibirlo Piedad Córdoba. La democracia consiste en que alguien gobierne con apoyo popular para gastar el dinero ajeno sin que se lo pueda cuestionar.
Es difícil aconsejar a los griegos qué votar. Ninguna alternativa será fácil, y ambas son arriesgadas. Un sí significaría una depresión casi interminable. Quizá un país agotado y empobrecido pueda obtener, por fin, el perdón de la deuda; quizá entonces pueda recibir ayuda del Banco Mundial, en esta década o la siguiente. En cambio, el no podría permitir que Grecia, con su sólida tradición democrática, se haga cargo de su destino. Entonces los griegos podrían tener la oportunidad de construir un futuro, aunque no tan próspero como el pasado, sí mucho más esperanzador que el inadmisible tormento actual.
¿Grecia tiene una sólida tradición democrática? ¿Este hombre es tan ignorante o tan mentiroso? ¿El camino de un país endeudado es el perdón de la deuda o el crecimiento económico?

Lo que asegura la miseria griega, tanto si gana el sí como si gana el no, es la persistencia del gobierno comunista, como ocurre en todos los países que lo sufren. Pero es el gobierno de la izquierda, o sea, de la gente que aplaude a Krugman y Stiglitz, cuyo éxito termina siendo el respaldo de universidades estadounidenses y del Premio Nobel. Son tan mentirosos como Tsipras.

Y sale una conclusión clara sobre qué es "izquierda": el bando de la mentira.