21/11/2014

La tregua que viene

Por @ruiz_senior

Cuanto más pasa el tiempo más evidente se hace que el secuestro del general Alzate sólo puede ser un montaje cuyo sentido es preparar un show de liberación previo a la tregua navideña, gracias a lo cual Santos permitirá a los terroristas hacer acto de presencia en nuevas regiones y reforzar el control en aquellas en las que ya están, además de llevar armas, guerrilleros, explosivos y demás a diversas regiones.

Esa conclusión es forzosa porque de otro modo no se explica que el general y los demás secuestrados fueran vestidos de civil a una zona peligrosa. ¿Qué podrían estar haciendo allí? El contexto refuerza esa certeza: la tregua fue advertida hace un mes por Eduardo Mackenzie, la campaña de propaganda previa, con el indecente artículo de The Economist y el igualmente indecente publirreportaje del ABC (acompañado de un editorial antológico) corresponde al afán de legitimar a tal punto el proceso que su ruptura parezca una tragedia y se genere un clamor por su continuación, cosa a la que se apresuraron los terroristas legales con el hashtag #TreguaYa en Twitter, campaña que Al Jazeera se apresuró a convertir en expresión ciudadana mayoritaria. Si Colombia no fuera el país de la impunidad total, algún día se investigaría qué recursos se movieron para obtener tanta generosidad con ese criminal.

Ese clamor fue inmediato en textos como el editorial de El País que alude a la supuesta suspensión de los diálogos, que en medio de fingidos reproches a las FARC arremete con insultos brutales a la oposición (el sesgo de este periódico respecto a Santos y las FARC es tan llamativo como la pasión de Cuatro, la cadena de televisión afín al grupo Prisa, por promover a la franquicia española del narcoimperio).

Luego, pese a que cualquiera puede ver que se trata de un montaje, es seguro que el show tendrá lugar, salvo que algo les falle a los terroristas y les dé por matar a los secuestrados. A fin de cuentas, la máquina de propaganda es eficiente y la moral de los colombianos, distraída: ¿cuántos espectáculos repulsivos de liberaciones de secuestrados no han tenido lugar con Piedad Córdoba como protagonista? Por los motivos que sean, hay gente que cree que ella ejerce de liberadora. Así será Santos, que ofrecerá el alivio de la continuación de los diálogos y como paso hacia la paz aceptará la tregua bilateral navideña (que incluso podría ser tácita, como una simple directiva aplicada a las fuerzas militares sin declarar la tregua, en el caso de que se adivinara algún rechazo).

Como ocurre con cualquier catástrofe sanitaria, la única cuestión importante es la respuesta que se dará. Y ciertamente en Colombia no hay oposición y lo que hace Santos recibe algunas murmuraciones vagas pero ningún rechazo resuelto. Unos espontáneos convocaron una marcha para el 13 de diciembre, y con toda certeza ocurrirá lo mismo de siempre, que como mucho acudirán algunas decenas de personas, mientras que los terroristas sacarán a cientos de miles para presionar por la tregua y se apropiarán de la vocería de la sociedad. El Centro Democrático está ocupado en otras cosas.

No hay respuesta cívica porque nadie se ha interesado en explicarle a la gente que ese triunfo rotundo de los terroristas y la expansión de su dominio está en la base misma de las negociaciones de paz: cuando el Estado renuncia a la ley se convierte en una banda de forajidos. Cuando esa renuncia comporta el entendimiento con organizaciones criminales, se vuelve un apéndice de ellas. Entregarle el país a los terroristas era lo que habría hecho encantado Betancur si no hubiera encontrado resistencia. Fue lo que intentó hacer Pastrana, cuyo compañero de gobierno, Fabio Valencia Cossio, en medio de francachelas con los terroristas, acordó una Constitución que ni siquiera sería refrendada en las urnas. Santos tiene muchas más ventajas para conseguirlo, y seguramente lo conseguirá.

Pero eso es incomprensible para los colombianos, que corren a despojar a los muertos en los accidentes y a prestar el servicio que haga falta a un asesino que se haya hecho millonario: es la disposición moral con que se aborda la "paz", como acuerdo con los victimarios para ahorrarse problemas y sacar partido del botín.

La mayor tragedia es que no hay quien denuncie tal determinación. Ante la perspectiva de librarse del problema todos se hacen a un lado para no aguar la fiesta, como decía Saúl Hernández Bolívar y el propio Mackenzie declara muy orondo en su artículo citado: "Nadie en Colombia, y mucho menos la oposición parlamentaria uribista, son 'enemigos del proceso de paz'”. Nosotros somos enemigos del proceso de paz, y tal vez haya alguien más. Ciertamente no la "oposición" parlamentaria uribista, que por el contrario es entusiasta. Baste ver esta perla de tuit de un precandidato presidencial para entenderlo: 
Bueno, esa buena disposición con la "paz" es aún más evidente en este artículo del mismo personaje.

Es decir, el plan de Santos de ensanchar el poder terrorista a través de la "tregua" bilateral tiene un éxito seguro y probablemente lo presentarán los uribistas como un triunfo propio: ¿o no cuestionan que se negocie en medio del terror? Con tregua bilateral deja de negociarse en medio del terror. Decirles a los terroristas que no delincan sino que negocien mientras esperan a que los capturen es muy estúpido, pero puede servir para engañar a votantes poco avisados. Y en definitiva esas condiciones para negociar corresponden al regateo de cualquier claudicación.

Es muy probable que haya que esperar medio siglo de tiranía totalitaria para que surja en Colombia una corriente que defienda la democracia liberal. Todo el que no cuestione la negociación DE POR SÍ porque parece tener un atractivo irresistible obra a favor del terrorismo y sus melindres sólo sirven para legitimarlo, como cuando alguien se indigna por el mal olor de los pies de los violadores.

Vendrá la tregua y será popular y a punta de lloriqueo el uribismo tendrá alguna ventaja para colocar a sus seguidores en los concejos y asambleas el año próximo. El triunfo terrorista es un hecho. La coincidencia del uribismo con el gobierno también: ¿o alguien cree que Francisco Santos como alcalde será distinto de Petro y Samuel Moreno? Tal vez restituya a su apadrinado Holman Morris en la dirección de Canal Capital en lugar del tirano doméstico que ejerce ahora, pero poco más. Bueno, muchos de los aduladores de Uribe tendrán algún puesto secundario.

Todo eso es obvio porque alguien que acepte negociar la ley con los criminales es otro criminal. ¿Que eso sean la mayoría de los colombianos? Es posible: la ley no es natural, hay comunidades cuyo primitivismo e indigencia moral les impide llegar a asimilarla. El genocidio será mucho mayor, pero muchos de los que lo dirigen protegerán a los amigos de Uribe tal como ellos protegen ahora a Sigifredo López. 

18/11/2014

Soberanía nacional en decadencia

Por Jaime Castro Ramírez

Una de las trascendentes responsabilidades constitucionales de los gobernantes consiste en su obligación de defender la soberanía nacional, lo que significa defender el poder que tiene el Estado sobre la extensión del territorio nacional, y defender la identidad de patria de sus habitantes, con el fin de mantener un país independiente y con la condición de ser inviolable por acciones foráneas, al igual que por fuerzas ilegales internas. Gobernante que por acción u omisión no cumpla esta orden constitucional puede incurrir por lo menos en el delito de traición a la patria, de lo cual le corresponderá rendir cuentas ante el pueblo y ante la historia.

La soberanía de Colombia frente a los abusos de Venezuela
Infortunadamente los colombianos observamos con dolor de patria que nuestra soberanía nacional ha sido vulnerada en reiteradas ocasiones por parte de autoridades venezolanas, y el actual gobierno de Colombia no ha tenido una respuesta de firmeza patriótica para hacerla respetar, lo que claramente indica que Colombia está arrodillada ante el gobierno chavista venezolano. A propósito del gobierno venezolano, no sobra agregar que es veedor del proceso de ‘paz’ de Colombia, al igual que el gobierno de Cuba…

Recurrentemente se han escuchado quejas de habitantes de Cúcuta y de otras zonas de frontera, en el sentido de que miembros de la Guardia Nacional Venezolana, abusivamente pasan a territorio colombiano y cometen actos de agresión contra compatriotas nuestros. Es decir, que no solamente violan nuestra soberanía territorial, sino que además violan derechos humanos de colombianos. Lo verdaderamente lamentable es que ante estas denuncias pidiendo apoyo del gobierno colombiano, no pasa nada, pues simplemente hay silencio, con cuya actitud se comete un acto de complicidad de estos atropellos contra nuestra identidad de patria colombiana. Si fuera a la inversa, o sea que militares colombianos cruzaran la frontera hacia Venezuela, con absoluta seguridad que de inmediato serían encarcelados por el gobierno de ese país, además de hacerle contundente reclamo al gobierno de Colombia, como debe ser.

El gobierno Santos tampoco ha reclamado ante Venezuela, ni ha denunciado ante la comunidad internacional, el hecho de que ese gobierno atente contra nuestra soberanía admitiendo en su territorio al terrorismo para que desde allá planeen atentados contra nuestra seguridad nacional.

Sometimiento de decisiones colombianas
Es incomprensible que nuestro país, a través del actual gobierno, tenga que someterse a los caprichos autoritarios del gobierno venezolano. Al respecto, se pueden citar algunos casos en que el gobierno Santos ha hecho el papel político de obediente súbdito:

1. El gobierno norteamericano había suscrito un acuerdo con el gobierno del presidente Uribe para prestarle a Colombia asistencia técnica y equipos de inteligencia militar en materia de seguridad nacional, contra el narcotráfico y contrabando de armas. Pues este acuerdo fue desechado por el presidente Santos cumpliendo exigencia de Chávez.

2. Walid Makled, mafioso venezolano capturado en Cúcuta, debió ser enviado a Estados Unidos porque tenía solicitud de extradición de ese país, y sin embargo, por exigencia de Chávez fue enviado a Venezuela.

3. Los estudiantes demócratas opositores, Lorent Gómez Saleh y Gabriel Valles, que estaban refugiados en Colombia huyendo del régimen opresor venezolano, fueron capturados y enviados a Venezuela por exigencia de Maduro.

4. Cuando el presidente Santos recibió a Enrique Capriles, eso le valió recibir insultos de Maduro, ante lo cual Santos calló y no defendió su autonomía como presidente de la república de Colombia, país libre y soberano.

5. El embajador de Colombia en Venezuela, Luis Eladio Pérez, en defensa de nuestro país, afirmó que el presunto asesino del diputado venezolano Robert Serra, no es colombiano (como lo afirmó sin pruebas el gobierno de Maduro), sino que es de nacionalidad venezolana, lo cual dio lugar a una nueva arremetida del presidente de la Asamblea de Diputados, Diosdado Cabello, contra el embajador Pérez (ya había otro antecedente), y el gobierno Santos, no solo no salió a defender a su embajador, sino que por el contrario la canciller María Ángela Holguín lo que hizo fue decir públicamente en una emisora que le había llamado la atención a Pérez.

Una heroína y mártir de la revolución francesa, Madame Roland, dijo en el momento en que la iban a decapitar: “Oh libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. Parodiando esta exclamación de valor patriótico, aquí se podría decir: Oh soberanía colombiana, cuántas debilidades se cometen en tu nombre.

No defender la soberanía nacional equivale a perder la identidad de país.

13/11/2014

La bendición académica

Por @ruiz_senior

Una de las idioteces más frecuentes entre los críticos de Santos es su supuesto "fracaso" en la negociación con las FARC. Parten de la frívola suposición de que el presidente sueña con obtener el fin de los crímenes y así ganar reconocimiento, un lugar en la historia y el premio Nobel de la Paz. ¿Es eso lo que busca Santos? Cada vez es más evidente que no: lo que busca es instaurar un régimen como el cubano en Colombia y los límites de sus negociadores en La Habana son sólo lo que la sociedad esté dispuesta a tolerar. Las supuestas negociaciones son sólo acuerdos de un consejo directivo de un consorcio a ver cómo consiguen que los colombianos se sometan al nuevo régimen. Los asesinatos incesantes y la expansión de las FARC a todo el territorio son elementos esenciales para obtener ese resultado y no sería nada raro que fueran acordados en esas reuniones.

En eso que busca, Santos tiene un éxito clamoroso porque tanto él como sus asesores cubanos saben que de lo que se trata es de la legitimidad, y esa legitimidad la obtiene a punta de propaganda. Bien la obsesiva campaña de los medios subvencionados para calumniar a Uribe a todas horas, bien las maquinaciones para que en la prensa extranjera se publiquen artículos elogiosos sobre él o para que le den un doctorado honoris causa, todo tiene el objeto de legitimar su actuación y su figura, cosa que en Colombia da resultado porque la población es como es. ¿Cuántos se dan cuenta de que las FARC cada vez están presentes en más sitios y cada vez matan más? ¿Y de que el alto mando militar está cooptado por los terroristas?

De modo que en lo que le interesa Santos tiene un éxito clamoroso, y el hecho de que después de traicionar a sus votantes, disparar la corrupción, gastar el presupuesto en comprar clientelas y hacerse propaganda y resucitar a las bandas terroristas resultara reelegido lo demuestra. No es serio decir que Zuluaga ganó, puede que obtuviera más votos de "opinión" pero ¿qué proporción del censo electoral era? Eso sin contar con que si hubiera ganado Zuluaga la "paz" seguiría igual, según explicaba el uribista Sergio Araújo.

Cada día hay un nuevo elemento de esa propaganda, bien la campaña #SoyCapaz, bien el artículo repugnante de The Economist, bien algún nuevo descubrimiento sobre Uribe, bien alguna persecución contra militares o políticos hostiles... La "Carta abierta de colombianólogos" publicada recientemente forma parte de lo mismo, y su impacto es más importante de lo que parece porque no todo el mundo entiende que la mayor parte de esos profesores son líderes importantes de la conjura terrorista o bien, en el caso de algunos extranjeros, militan en el marxismo académico o reciben incentivos oscuros, como ocurre con casi toda la propaganda del régimen.

El texto en sí es una suma abrumadora de falacias. Casi cada frase lo es, bien dando las mentiras por sobreentendidas, bien incluyéndolas como afirmaciones objetivas. La primera frase ya es para echarse a temblar: "Las condiciones para la terminación del conflicto armado en Colombia son hoy más favorables que nunca". ¿Cómo es eso? Las exigencias de los terroristas son más descaradas que nunca, tal como se puede comprobar en este video que acompañó a su respaldo a la campaña de Santos en la segunda vuelta. Para que la frase tenga sentido hay que entender que la "terminación del conflicto armado" es sencillamente el triunfo total de los terroristas. ¿O es otra cosa?


La frase final de ese primer párrafo es de sentido casi idéntico, "existe una esperanza real de que las negociaciones sienten por fin las bases de una paz duradera". Que curiosamente no son las leyes, que se suprimen para reemplazarlas por el poder de terror y las riquezas incalculables de los terroristas, ni la justicia, que se suprime para convertir los niños bomba en la fuente del derecho, ni la democracia, que no hay cuando la voluntad de los ciudadanos se somete a la amenaza de bandas de asesinos. Ésos son los tales académicos, legitimadores e instigadores del crimen.

Quien haya visto el video tendrá pruebas de la falsedad de la frase que abre el segundo párrafo: las FARC no han renunciado a su ideología totalitaria. El resultado de la legitimación de sus crímenes por parte del gobierno sólo es que escalarán sus pretensiones y sus atrocidades, como puede comprobar cualquiera en Colombia.

El párrafo siguiente, con el pretexto de reconocer lo alcanzado por el gobierno de Uribe al desmovilizar a las AUC, pretende establecer un paralelismo a partir de una falsedad supuesta: en ningún momento se cambió la legislación para favorecer a esos criminales ni se los legitimó como el producto de un déficit democrático (que es lo que hace el gobierno en los acuerdos con las FARC: la suposición de que los asesinos en serie vienen a remediar un problema afectivo de sus víctimas).

Después afirman que la única alternativa a la paz negociada es más guerra. ¿Acaso no han multiplicado su poder los terroristas desde que subió Santos? La única alternativa al reino del crimen es la aplicación de la ley, pero en ese caso puede que la mayoría de los académicos firmantes dieran con sus huesos en la cárcel, seguro que ni siquiera sería difícil demostrar que muchos de ellos se han lucrado directamente de los crímenes terroristas y en algunos casos incluso los han cometido.

Siempre el chantaje del costo de la guerra, muestra del desprecio que sienten por los ciudadanos: cuando Santos llegó al poder las bandas terroristas apenas tenían presencia en zonas fronterizas, aparte de las universidades y los medios de comunicación. Si no se aplican las leyes, será el genocidio multiplicado la ley real, aunque sin duda esos académicos ocuparán embajadas y cargos formidables, como de hecho ya ocurre con los miembros de la Comisión Histórica. Aplicar la ley es mucho más barato que dejarse despojar por unos sociópatas y convertirse en esclavos de ellos, como ya les ocurre a los cubanos y nicaragüenses.

Incluyen una mención al desarme de las FARC que es sólo otra promesa vacía: dado que han declarado mil veces que no se van a desarmar, el proceso es una mentira. ¿No lo saben esos académicos? Ellos son los que encargan los niños bomba, sólo hacen presión para que sigan siendo rentables y se puedan seguir exportando toneladas de cocaína y de metales producidos ilegalmente.

Después advierten contra el posible rechazo en las urnas de la claudicación ante el terrorismo: amenazando con una catástrofe si la población no se somete.

El cinismo de estos asesinos llega a tal punto que mencionan el derecho a disentir: ¿qué es disentir? En su jerga simplemente es promover el terrorismo, pues ¿alguno dijo algo que no fuera legitimador de los asesinos cuando sus peones mataron a Adán Quinto? No cabe la menor duda de que se ponen de acuerdo para burlarse de las víctimas y demostrar que pueden ser más cínicos que sus hermanos del Secretariado.

Los comunistas forman redes eficaces que se apropian de las universidades en muchos países. Así resultaron nombrados en universidades estadounidenses algunos de los firmantes de esa "carta", desvergonzada propaganda terrorista que transmite la amenaza a la sociedad: no someterse, exigir que la voluntad del pueblo prevalezca, que se apliquen las leyes y se respete a las víctimas, se paga. ¿No es lo que tratan de decir? ¿Puede el lector refutar esa idea? ¿Sabe alguien qué escriben Francisco Leal Buitrago, Arlene Tickner, Iván Orozco o Rodolfo Arango? Son los terroristas. El secretariado sólo es un consejo de capataces.

11/11/2014

Apoyo a la paz sin verdad

Por Jaime Castro Ramírez

Un proceso de reconciliación en un conflicto armado, en aras de buscar un ambiente de paz, requiere condiciones esenciales para su normal desarrollo, dentro de las cuales aparecen en primer plano, la verdad, la justicia y la reparación. La realidad es que si no hay verdad, pues consiguientemente no habrá justicia, y en consecuencia tampoco habrá reparación.

La pretendida paz frente a la verdad
Decir que en Colombia existen enemigos de la paz es solo un artificio de mala intención que constituye la primera afrenta contra la verdad. No existen enemigos de la paz, lo que existen son enemigos de la claudicación en contra de la verdadera paz para los colombianos. La política se entiende como el arte de ejercer el poder con sentido social y patriótico, de tal manera que bien se podría decir que la patria la defienden estadistas, y la entregan traidores.

Específicamente de parte de las Farc no existe la verdad porque lo primero que dicen es que ellos no son ‘victimarios’ sino que son ‘víctimas’. De este absurdo planteamiento solo se puede concluir en que el fracaso absoluto de la verdad en el proceso de paz es evidente. Esta negación de la verdad lo que persigue es la entrega del país para sus pretendidos fines, los cuales serán un exabrupto para el Estado de derecho y para su sistema democrático. A partir de este contrasentido, en adelante todo lo demás que se hable sobre la paz está viciado de un imperdonable cinismo por razón de la ausencia del valor esencial: la verdad. Bien se dice que lo que mal empieza, mal termina, luego, una ‘paz’ así, mal estructurada en su propia filosofía, puede terminar en desilusión total para los colombianos, en más violencia, y entonces se configuraría lo que coloquialmente se dice que ‘resultó peor el remedio que la enfermedad’.

La verdad sobre la paz que no se dice internacionalmente
El presidente de la república anduvo en una gira por el continente europeo pidiendo ‘ayuda’ (limosna para la paz), solicitando que estos países constituyan un fondo para financiar el supuesto posconflicto en Colombia. Pero resulta que al presidente también le faltó lo principal, decir la verdad, pues a estos gobiernos no les comunica lo que las Farc le están exigiendo que se negocie: la no entrega de las armas (utilizando la farsante expresión de ‘dejación’ de armas), impunidad por los crímenes de lesa humanidad, entrega de extensas zonas del territorio con la denominación de zonas de reserva campesina, la reestructuración del sistema económico y político, etc. Todo este expediente de exigencias lo que significa es el sometimiento del país, lo que por supuesto no significa paz.

Por principio de honestidad política no es prudente buscar apoyos ocultando realidades del proceso de paz, las cuales pueden trascender negativamente para el futuro político, económico y democrático de Colombia.

A la comunidad internacional hay que hablarle con sinceridad, con la absoluta verdad, pues de no ser así sería un engaño que posteriormente esos gobiernos tendrían todo el derecho a condenarlo acogiendo la lógica razón de que no podrían estar de acuerdo en patrocinar la posibilidad de una aventura que pueda significar el descalabro de una nación que ha sido libre y democrática por convicción histórica. Esta clase de aventuras las cobra la historia a los agentes causantes que utilicen el poder para generar consecuencias políticas, económicas y sociales adversas.

6/11/2014

¡La paz de Colombia es la paz del mundo!

Por @ruiz_senior

La gira europea de Santos no servirá de mucho para sus declarados fines mendicantes, pero sí para su propaganda dentro y fuera del país. Fuera, por la obvia búsqueda de reconocimiento y apoyo. Dentro, porque los colombianos creen más en lo que les dicen que en lo que ven, según la distancia del país en que se hable (mucho más valiosa la opinión de un noruego que la de un peruano, naturalmente), y los reconocimientos, presionados de mil maneras, de personajes como el presidente del gobierno español o aun el director del ABC (editorial incluido), generan buena imagen para el tirano.

No está de más recordar su inverosímil desfachatez: no vacila en declarar que "Sobre su participación o influencia [de las FARC] en el proceso electoral colombiano, debo advertir que son ilegales y no forman parte del juego democrático. No pueden arrogarse ningún papel. No han tenido ninguna injerencia ni influencia. Tengo que decir con toda claridad que yo soy el peor enemigo que las FARC han tenido en toda su historia", lo que el periódico monárquico no tarda en convertir en subtítulo.

Más elocuente aún es el artículo que firma él y que apareció en El País.
La paz de Colombia es la paz del mundo
Hace unas semanas, ante la Asamblea General de la Naciones Unidas, conté la historia de Constanza Turbay, una colombiana que perdió casi toda su familia a manos de la guerrilla de las FARC.

En La Habana, donde se lleva a cabo nuestro proceso de paz con esta guerrilla, Constanza tuvo la oportunidad de mirar a sus victimarios a los ojos y contar su trágica historia, la misma de millones de víctimas de una guerra sin sentido entre hijos de una misma nación.
Lo mejor de ese párrafo es la historia del personaje: ¡Colombia produce seres así y no puedo ocultar que me inspiran más asco que los mismos asesinos! Así son las familias de los diputados del Valle, por una parte defendiendo al asesino Sigifredo López y por la otra buscando prosperar gracias al crimen. No podía encontrar Santos mejor ejemplo de la bajeza infinita en que se basa su componenda criminal.

No está de más prestar atención a lo de la "guerra sin sentido". ¿Es sin sentido la prosperidad de su familia y la persistencia de su poder a lo largo de un siglo? No faltará el que le vea algún sentido. Los crímenes incesantes que llama "guerra" son la base de ese poder.

Pero ¿hay una guerra entre hijos de una misma nación? Es de nuevo palabrería legitimadora: hay asesinatos del servicio doméstico armado de Santos y su clan gracias a los cuales mantienen su poder. Esos asesinatos no son legítimos, no hay dos bandos que se matan en las mismas condiciones, hay unas bandas criminales creadas por los socios y parientes de Santos y millones de personas que sufren la opresión.

Por desgracia nadie les cuenta a los españoles que la inmensa mayoría de los supuestos representantes de las víctimas son elegidos por los propios asesinos y que a personas que han estado secuestradas décadas, como el general Mendieta, no les hacen caso.
Por primera vez, Constanza escuchó de uno de los líderes de las FARC las manifestaciones de un arrepentimiento sincero. En las propias palabras de esta valiente mujer, las víctimas están “cambiando su dolor por la esperanza de paz”.
Santos es un criminal, la desfachatez con que miente lo hace peor que los propios asesinos a los que premia en La Habana.
Ese anhelo de reconciliación de la gran mayoría de colombianos es el que ha impulsado el intento, serio y juicioso, que estamos realizando los colombianos para alcanzar la paz.
Curiosamente cuando fue elegido Santos fue contra ese anhelo de reparación, y no habría podido llevar a cabo su componenda si hubiera tenido oposición y no esos miserables uribistas que obviamente no han respondido ni responderán a las mentiras que propala.
Pero tener esperanza no significa ser ingenuos. Somos conscientes de que estamos negociando con nuestros adversarios. Entendemos que el país ha sufrido mucho a raíz de incontables asesinatos, bombas, secuestros y extorsiones.


Por esa razón tenemos que negociar el fin del conflicto armado de una vez por todas. Es mucho más fácil hacer la guerra que la paz. Lo sé porque fui ministro de Defensa y le propiné a la guerrilla los golpes militares más duros en toda su historia. Pero así como hay un tiempo para la guerra, hay un tiempo para la paz.

El proceso que adelantamos en La Habana desde hace dos años —con el acompañamiento de Chile, Cuba, Noruega y Venezuela— ha sido un proceso serio, realista, digno y eficaz, que ha presentado avances concretos.
Claro que los adversarios de Santos son asesinos a los que ayuda a escapar mientras que los que se oponen a esos criminales están presos o son perseguidos de distintas maneras. Mentiras tan desvergonzadas son posibles porque Santos no tiene oposición, ha estado cuatro años haciendo lo que ha querido sin temor a ningún rechazo.

Y los únicos avances claros que se registran son que los terroristas han recuperado todo el territorio perdido durante la década pasada y hoy extorsionan y matan como en los mejores tiempos. 
Silenciar los fusiles significa recuperar enormes extensiones del campo colombiano y contribuir así a la seguridad alimentaria del planeta
Lo que ha ocurrido es que se han perdido enormes extensiones gracias a que se han reactivado las actividades terroristas pero nadie lo denuncia.
Los tres primeros puntos, ya acordados con la guerrilla, contienen cambios profundos para Colombia: realizar inversiones históricas para el desarrollo rural, raíz de nuestro conflicto; cambiar las balas por votos, lo que significaría una profundización de nuestra democracia, y el desmonte de las estructuras mafiosas del narcotráfico, acompañado de un gran programa nacional de sustitución de cultivos y desarrollo alternativo, que nos acercaría a una Colombia sin coca.
Casi cada palabra es una mentira atroz: ¡la profundización de la democracia consiste en premiar a los asesinos y asegurar que sus clientelas votarán dos veces, a la vez que se atraca a la sociedad! Lo único cierto es lo de los cambios profundos: se hundirá para muchas décadas en la esclavitud.
Hemos llegado más lejos que nunca, pero también es cierto que estamos entrando en la etapa más compleja: los puntos que abordan el tema de víctimas y justicia transicional, y el llamado DDR: desarme, desmovilización y reintegración. Son temas difíciles, sin duda, pero si persiste la voluntad de negociación —como ha sucedido hasta ahora— confío en que también lograremos acuerdos satisfactorios.
Las FARC siempre tienen voluntad de negociación, su verdadera actividad es negociar la paz. Cuando empezaron a negociar con Belisario Betancur eran una cuantas decenas de hombres armados y no tenían presencia más que en poquísimas regiones. Más mentiras de un cínico increíble.
Muchos se preguntarán ¿y esto por qué es importante para Europa o para el mundo?

Hay varias razones de fondo. La primera es que seremos el primer país que negocia el final de un conflicto armado dentro del Estatuto de Roma. Lo que pase en Colombia tendrá profundas consecuencias para la resolución de futuros conflictos en cualquier parte del mundo. 
Así son estos criminales: ahora resulta que rendirse ante unos genocidas es un ejemplo para el mundo.
Segundo, silenciar los fusiles significa recuperar enormes extensiones del campo colombiano. Colombia, un poco más grande en territorio que España y Francia juntos, es considerada por la FAO uno de los ocho países en el mundo que pueden aumentar significativamente su producción de alimentos y, en la medida que las tierras recuperadas se vuelvan productivas, estaremos en capacidad de contribuir más decididamente a la seguridad alimentaria del planeta.
No se van a silenciar los fusiles ni se va a dejar de producir cocaína ni menos a dejar de matar y extorsionar. Son promesas que pronto nadie recordará. Ahora el planeta necesita de los alimentos producidos en Colombia, más falso y estúpido, increíble.
Tercero, el desmantelamiento del narcotráfico reducirá la cantidad de cocaína que ingresa a las capitales europeas desde Sudamérica y ayudará a frenar el impacto devastador del proceso de producción de la pasta de coca sobre el medio ambiente. Colombia es el país con mayor biodiversidad del planeta por kilómetro cuadrado y la conservación de su ecosistema es de suma importancia para la humanidad.
No se va a desmantelar la industria de la cocaína, al contrario, cada vez es más importante su dominio en toda la región andina. Si fuera cierto lo de la biodiversidad colombiana y su importancia para la humanidad, todos los cómplices de Santos, empezando por el gobierno español y su prensa, deberían ser juzgados.
Por último, la paz es un buen negocio. La economía colombiana es la de mayor crecimiento y más baja inflación en América Latina —incluso comparada con los países de la OCDE— y es una de las que más inversión extranjera recibe. Solamente en los últimos cinco años, el comercio entre la Unión Europea y Colombia creció un 25 por ciento. Este crecimiento —vale la pena destacarlo— se ha logrado con equidad, generando empleo de calidad y reduciendo significativamente la pobreza. 
Si hemos alcanzado estos logros con un conflicto armado, ¿se imaginan la Colombia que podríamos construir en paz? Estudios recientes han señalado que, sin el conflicto, el PIB de Colombia podría crecer dos puntos adicionales de forma permanente, lo que se traduciría en enormes oportunidades de inversión en infraestructura, turismo y desarrollo tecnológico para empresas como las europeas.

En un mundo amenazado por vientos de guerra, Colombia ofrece hoy una esperanza de paz. En un mundo preocupado por la incertidumbre económica, aporta oportunidades y estabilidad.
Colombia es una gran amenaza para el mundo porque gracias a Santos y a Obama la conjura del terrorismo global dejó de tener resistencia. La componenda para premiar a los asesinos sólo traerá más muertes, tal como ya ocurrió en los noventa, y también más ruina y emigración. Es triste que en Europa no haya ninguna resistencia a las mentiras de este socio del crimen organizado.

4/11/2014

Aduladores del régimen

Por Jaime Castro Ramírez

Las condiciones de la personalidad definen para cada individuo el perfil que acredita su porte de desempeño ante la sociedad. Hay quienes poseen un nivel de pensamiento depurado ante la exigencia necesaria para el desarrollo de los eventos que son propios de la dinámica de convivencia de los pueblos, y por lo tanto son visionarios y rigurosos ante las circunstancias que son aconsejables adoptar para logar el éxito. Sin embargo, existen también débiles conciencias que comprometen el comportamiento humano frente a las exigencias requeridas por la sociedad para cumplir una digna misión ciudadana.

El papel de los aduladores
La debilidad de criterio es una desafortunada característica que acompaña a los aduladores en su comportamiento social. Es sobre todo frecuente observar esta condición en miembros de la clase política que viven ‘al sol que más les alumbre’, es decir que persiguen lograr el beneficio de intereses personales a través de ganar la benevolencia de los jefes o líderes en la arena política. Jean de la Fontaine decía: “Todo adulador vive a expensas de quien le escucha”. Esta conducta es además volátil en cuanto no es consistente y carece del sentido de lealtad incondicional. Al adulador no le importa la verdad que configura una realidad, ni sus consecuencias, prefiere complacer con la adulación para obtener su codiciado ganancial personal.

Los políticos y el riesgo de la democracia colombiana
Lo anteriormente expuesto constituye una grande preocupación ciudadana cuando se asocia esa condición de falta de criterio que existe en algunos políticos, con el análisis serio y riguroso que debe someterse a debate político sobre el eventual resultado de la negociación de la paz con las Farc.

El poder que el pueblo les otorga a los políticos, puesto en manos débiles y de fugaz criterio patriótico, conlleva a un riesgo para los intereses de la república.

Se escuchan frecuentes declaraciones públicas de miembros del congreso de la república pertenecientes a la llamada “unidad nacional”, en las cuales solo se observa su sentido de ser complacientes con el régimen en cuanto al manejo que le está dando a la negociación de paz. A estos aduladores no les interesa el raciocinio sobre la realidad de las consecuencias de lo que le pueda ocurrir a la patria colombiana y a su democracia, pues prefieren una mentalidad que sucumbe ante los ofrecimientos burocráticos del gobierno, y prefieren enajenar su conciencia ante el muy llamativo efecto que produce la ‘mermelada’ compra conciencias.

A estos congresistas, y a otros personajes de la vida nacional, no les interesa que las Farc condicionen la firma de la paz con exigencias extravagantes, tales como: No entregar las armas, lo cual es una burla a la paz; no pagar ni un día de cárcel, lo que equivale a impunidad total; que les concedan curules regaladas en el congreso de la república, tal vez como premio a sus delitos de lesa humanidad; que se divida la unidad de país entregándoles territorios como ‘zonas de reserva campesina’, donde mandarán las Farc y por eso seguramente necesitan que las armas queden en su poder; que no se desmovilizan; que no le piden perdón a los colombianos; que el gobierno acepte la disminución de la fuerza pública; etc.

¿Será esto una paz ‘equilibrada’ y digna para Colombia? ¿O quizás será la entrega del país? ¿Será que el país tiene que rendirse ante sus victimarios sin fórmula de apelación, y someterse a una aventura política que puede ser funesta y sin retorno? Estas inquietudes parece que no son preocupaciones para los aduladores incondicionales del régimen.

Actitudes de esta naturaleza, de insensato servilismo político, han dado origen a oprobiosas dictaduras, donde luego sus autores hacen el antipatriota papel de cómplices del colapso del Estado de derecho y su democracia. Tal como el caso de Venezuela. ¿Será que la indiferencia por parte de ese liderazgo político colombiano hacia esa paz enteramente condicionada, esto nos llevará para otra Venezuela…?

Colombia está en una coyuntura muy delicada en su historia republicana, lo cual amerita un profundo ejercicio de reflexión por parte de los colombianos sobre el futuro de nuestra patria, nuestra libertad y nuestra democracia.

30/10/2014

¿Uribe es el obstáculo?

Por @ruiz_senior

La propaganda del régimen anda últimamente obstinada en desautorizar las críticas de Uribe a la negociación de La Habana con el argumento de que él mismo les ofreció una Constituyente a las FARC. El interés primordial en este caso no es perseguir a Uribe sino hacer pasar por alto el contenido mismo de la "paz", persuadiendo a la gente para que crea que las críticas están motivadas por otros intereses.

El caso es que Uribe declara que no será obstáculo para la paz y en consecuencia no condena lo que ocurre en La Habana. No por lo que hubiera propuesto en 2006 sino porque quedaría en minoría oponiéndose a la negociación. Tanto él como sus seguidores sugieren que el proceso se podría llevar mejor y denuncian sin cesar las atrocidades terroristas, tal vez para dar a entender que la negociación debería darse con alto el fuego.

Conviene aclarar que en 2006 las ofertas de negociación tenían por objeto responder a las críticas por la desmovilización de las AUC y que iban acompañadas de la persistencia en la política de seguridad democrática. Si se quiere, no había una verdadera voluntad de negociar, toda vez que los terroristas no aceptarían una negociación que tendría lugar mientras se debilitaban día tras día (no la aceptaron hasta que no tuvieron a su hombre en la Presidencia). La Constituyente, en el supuesto extremo e improbable en que hubiera tenido lugar, no les habría sido favorable en absoluto.

Comparar eso con lo que hace Santos sólo corresponde a la mala fe de la propaganda de un régimen criminal. El inverosímil "periodista" Daniel Coronell dice sin pudor: "El gobierno Uribe les ofreció a las FARC la posibilidad de desmilitarizar un área y efectuar un cese bilateral del fuego. Hoy, por mucho menos, Uribe sostiene que el gobierno les está 'entregando el país a los terroristas'”. Lo fascinante de todo eso no es la audacia del malhechor sino la ceguera de la gente: claro que la mayoría de los lectores de la revista están a favor de la banda asesina, que a fin de cuentas ejerce de guardiana del orden social, pero no darse cuenta de que los terroristas ya tienen todo el poder, y lo tendrán además refrendado dentro de unos meses, es el colmo de la estupidez.

Más allá del resultado de la negociación, los jefes terroristas ya son impunes porque nadie cree que van a volver de Cuba a entregarse a la justicia, ya han tenido tiempo de lavar las decenas de miles de millones de dólares del secuestro y la cocaína y aun de ampliar copiosamente sus negocios criminales, y sobre todo, ya han recuperado el terreno perdido gracias a la complicidad del gobierno, que ha dedicado todo el Estado a perseguir a quienes les incomodaban y a destruir a las Fuerzas Militares. Con sus grandes capitales, los terroristas son los dueños del país y es imposible leer la prensa sin darse cuenta de que todo lo que se publica está orientado por ellos.

El que quiera ver diferencias entre el gobierno de Santos y las FARC se aferrará a cualquier mentira: sencillamente son lo mismo. Los partidos de la Unidad Nacional defienden con toda clase de vilezas los intereses de los que enriquecen a sus jefes, los jueces siempre dictan sentencia para favorecerlos y aun hay montones de generales elogiándolos y amenazando a todos los que discrepan de la tal "paz". Buena prueba de que son lo mismo es que todos los crímenes terroristas resultan legítimos y necesarios según el acuerdo de participación política que firmaron ambas partes.

Pero la propaganda es obstinada. La invitación de Santos a Uribe forma parte de ese mismo libreto: presentar la "paz" como una obviedad que encuentra el obstáculo del expresidente, al que se calumnia a todas horas (para que alguien dude de que el gobierno y las bandas terroristas son la misma cosa). El artículo de fondo de la última edición de Semana insiste en esa oposición de dos presidentes y es un buen ejemplo de la clase de periodismo que se hace en Colombia y aun de la idiosincrasia de los pobladores. Este párrafo trata de la terna de la Fiscalía:
Para el expresidente Uribe hay otro episodio no menos grave que el anterior: el cambio de la terna de la Fiscalía. Como se recordará Uribe había enviado a la Corte Suprema de Justicia una terna integrada por Marco Antonio Velilla, Camilo Ospina y Virginia Uribe. La Corte le devolvió dos veces esa terna con el argumento de que no era viable. Uribe no aceptó este rechazo aduciendo que la devolución era inconstitucional, pues todos los ternados reunían los requisitos. Detrás de este pulso estaban las pésimas relaciones que existían entre la Corte Suprema y su gobierno por cuenta de múltiples enfrentamientos y un espionaje del DAS.
Si el lector presta atención al párrafo entiende que la letra de la ley es prescindible. ¿Se entiende que la Corte cometió una ilegalidad, tal como hizo Santos después? En Colombia la ley no existe y nadie la echa de menos: la destitución de Petro fue escamoteada por una decisión judicial que no se aplicó en ningún otro caso. Obviamente la disposición de la Constitución de que la Corte elija un fiscal de los propuestos por el presidente si cumplen los requisitos se pasa por alto, pero los colombianos enredan la pita con leguleyadas según les convenga y al final se resignan a que el poderoso hace lo que le dé la gana.

Cuando se explica que para complacer a la Corte Santos propuso a Vivianne Morales, se menciona la proximidad de esta señora al uribismo, cosa que es cierta toda vez que la mayoría de los funcionarios del gobierno Uribe terminaron en la Unidad Nacional y persiguiendo a su antiguo benefactor (cosa que a ojos de los uribistas es una prueba más de su inteligencia superior). De hecho, cuando fue nombrado Eduardo Montealegre los uribistas se volvieron a entusiasmar: José Obdulio Gaviria declaró que con él volvía el derecho. Ésa es la altura de miras del uribismo, ésos son los juristas de los que esperan que apliquen las leyes.

Este párrafo ya describe definitivamente a la revista: aludiendo a las persecuciones que emprendió la esposa de Carlos Alonso Lucio, afirman:
El expresidente responsabiliza a Santos de lo sucedido. Considera que el cambio de la terna inicial degeneró en una persecución de la Justicia en contra de todo lo que oliera a uribismo. El actual presidente obviamente ni buscaba ni anticipaba lo que acabó sucediendo, que no ha sido otra cosa que el desarrollo de las investigaciones judiciales.
¿Alguien duda de que la persecución contra todos los rivales de Santos fue encargada por él? OBVIAMENTE es así, la idea de que alguien se tome en serio las "investigaciones judiciales" gracias a las cuales se encarcela a todos los que podrían hacerle sombra al lamentable tartamudo sólo hace pensar en gente de otro país o en sicarios comunistas de los que cada año producen cientos de miles las universidades colombianas.

Y el resultado en definitiva es que a punta de persecuciones se crean banderías de Santos y de Uribe y queda como la cosa más obvia del mundo que las miles de monstruosidades cometidas por unos totalitarios que intentan abolir la democracia son la fuente del derecho.

Los colombianos han aceptado esa infamia, lo pagarán caro, pues lo que sale de la "paz" es la legalización del asesinato y el aliento a los crímenes futuros. Los cientos de miles de asesinatos que han cometido las bandas del Partido Comunista hasta ahora son sólo el prólogo de lo que viene, ¿o alguien duda de que cada día matan más? ¿O alguien espera que desistan de sus fabulosos negocios criminales ahora que tienen seguro el control de vastas regiones?

Un columnista de Semana señalaba que a punta de amenazas judiciales pretendían que Uribe se plegara a la paz. Lo cierto es que no se ha opuesto, y la pasión de sus seguidores es una buena forma de tapar la complicidad general con los criminales, pues ¿alguien discute que se deban negociar las leyes con ellos? Yo no recuerdo a nadie, incluso el procurador (cuyos amigos ponen en duda los derechos humanos) se proclama amigo de la paz.

Hace falta un bando de quienes no queremos premiar a los terroristas. Uribe no puede liderar ese bando, no por lo que propusiera o buscara hace ocho años sino por lo que dice ahora. La democracia tiene que partir del rechazo a la componenda de los asesinos, de la negativa a acatar las leyes y a reconocer a las autoridades que salgan del éxito del crimen, de la determinación de llevar al Partido Comunista y a todos sus jefes a la CPI como autores de un dilatado genocidio y de abolir las leyes impuestas por las bandas mafiosas, como la Constitución de 1991.

Que Uribe diga lo que quiera, que se contradiga o sea coherente, no se trata de tomar partido por un personaje o por otro sino de oponerse a los genocidas.

28/10/2014

Deplorable actuación diplomática

Por Jaime Castro Ramírez

La política internacional es una relación solemne de respeto y amistad para lograr el entendimiento entre las naciones del mundo. Esta es la manera de construir relaciones internacionales de beneficio común.

El desliz del presidente Santos frente a Panamá
El gobierno colombiano en cabeza del presidente Santos incurrió en una ligereza imperdonable en la diplomacia, pues nada menos que se le ocurrió amenazar a Panamá y a sus autoridades en el sentido de que si no firmaban un acuerdo de información fiscal de Panamá hacia Colombia sobre capitales de colombianos invertidos en ese país, procedería a darle a Panamá la denominación de ‘paraíso fiscal’, amenaza que cumplió el 8 de Octubre de 2014 como respuesta a la decisión del presidente Juan Carlos Varela de Panamá de no aceptar esa especie de chantaje por parte de Colombia.

El gobierno panameño simplemente hizo respetar su independencia para tomar decisiones en nombre de un país libre, e igualmente hizo respetar la identidad panameña y el patriotismo de su pueblo. Como esta facultad patriótica ahora está en entredicho en Colombia cuyo actual gobierno ha incurrido en el grave error de aceptar imposiciones del régimen chavista venezolano, entonces Santos pensó mal al calcular que utilizando este nefasto procedimiento podría también hacer lo propio con Panamá, pero resulta que le tocó echar reversa retirándole el calificativo que le había dado de ‘paraíso fiscal’, aceptando un plan vergonzoso de culpabilidad por haber hecho no menos que un ridículo internacional.

Coloquialmente se dice que cuando las disculpas se hicieron todo el mundo quedó bien. Tratando de engañar a la opinión sobre la dimensión de su error, Santos y la cancillería, ante el fracaso de su intentona, se preocuparon entonces por el cómo desvirtuar ante los colombianos, y ante el mundo, la realidad del problema diplomático que causaron frente a Panamá, y se inventaron frases que ante la opinión pública solo le dieron mayor énfasis al problema de su insensatez e incoherencia políticas, tales como: “Llegamos a un acuerdo con Panamá en un memorando de entendimiento” (entendimiento del fracaso), “Lo que hicimos, en nada tiene que ver Panamá como país”. Frases estas que obviamente carecen de veracidad, pues la verdad en este caso es que al gobierno Santos le salió el tiro por la culata, pues le tocó pasar de envalentonado irreverente, a la rendición de claudicante resignado.

El fondo de este asunto es que la salida en falso del gobierno Santos compromete no solo al presidente de la república y a su canciller, sino que trasciende a un problema institucional, es decir, que por afinidad es lógico que también comprometió en una indignidad al Estado colombiano.

Las sociedades modernas y sus gobiernos manejan estos temas con altura diplomática, pues la inteligencia debe conllevar a negociaciones a través de convenios bilaterales, pero nunca acudir a medidas de hecho de presiones indebidas para tratar de forzar a un Estado a concederle ventajas a otro Estado.

En consecuencia, el procedimiento adecuado debió ser que autoridades colombianas hubieran buscado interactuar previamente con autoridades de Panamá, para efecto de buscar mecanismos de entendimiento para una eventual negociación en la forma como podrían establecer el intercambio de información fiscal de gobierno a gobierno.

La inadmisible actuación del gobierno Santos equivale a la antítesis de lo permitido en los protocolos de la diplomacia internacional.

22/10/2014

El amplio bando de la paz

Por @ruiz_senior

Hay una especie de establishment colombiano formado por las familias que dominan el Estado y sus redes de influencias, de las que la llamada izquierda y hasta las bandas terroristas son sólo una faceta, como los medios de comunicación o las mafias del poder judicial. Lo que piensa ese sector dominante es muy conocido y resulta casi ocioso considerarlo sin pensar en alguna alternativa. Es decir, lo que más importa es el discurso alternativo tal como la estructura del virus del ébola sólo importa porque permite buscar el remedio o la vacuna que podría impedir las muertes que ocasiona.

En Colombia la única alternativa que hay al régimen es el uribismo y por desgracia es imposible hacerles entender a los uribistas la peligrosa confusión en que andan, toda vez que están dispuestos a seguir a su líder a donde él quiera llevarlos y él no parece saber muy bien adónde quiere ir.

Baste pensar en las críticas a la negociación de La Habana por parte de la  mayoría de los uribistas: todas las objeciones que ponen tienen el problema de que antes Uribe ha aceptado todo eso. Tanto la no entrega de las armas ("dejación") como la elegibilidad, la impunidad y hasta la Constituyente se planteaban al comienzo de su segundo gobierno. El interesado puede consultar al respecto este documento de la Presidencia de la República del año 2006 (una entrevista a Uribe en la que acepta todo eso y aun aboga por el "intercambio humanitario").

Nadie debe pensar que siquiera remotamente Uribe es comparable a Santos, ni que esas ofertas de negociación se parecían a lo que ocurre ahora: lo que ha hecho Santos es resucitar a una banda derrotada y poner a todo el aparato del Estado a su servicio. Durante los gobiernos de la Seguridad Democrática se combatió a las bandas terroristas con los resultados que se conocen (aunque parece que ya todos los olvidaron). La tentación de  negociar no era en absoluto un peligro porque los terroristas sólo podrían sentarse estando ya desesperados, y siguiendo su costumbre esperaron al siguiente gobierno.

Es decir, es normal que Uribe considerara la negociación con todas esas condiciones como el logro completo de su obra de gobierno: de esa negociación podrían haber salido los terroristas impunes y elegibles y no obstante derrotados. De la que tiene lugar en La Habana ya son totalmente triunfadores y sencillamente tienen seguro el control del país por muchas décadas siempre y cuando mantengan la alianza con la oligarquía.

También se debe tener en cuenta que Uribe tenía que hacer frente siempre a la formidable presión de la máquina de propaganda de los aliados del terrorismo y de algún modo necesitaba mostrarse conciliador para evitar que lo presentaran como un generador de violencia sesgado a favor de los "paramilitares". Y sobre todo al eco que esa propaganda siempre ha tenido entre los colombianos, tan poco apegados a la ley que anhelan "reconciliarse" con los terroristas (que agravian a otros).

Los reproches que se le pueden hacer no tienen que ver con lo que hiciera con las bandas terroristas, a las que a fin de cuentas combatió con rotundo éxito, sino con los errores que cometió en la presidencia como líder político: la alianza con la oligarquía y la lamentable intentona de convertirse en presidente vitalicio, que son las causas de la catástrofe actual (tal vez lo peor que le ha pasado a Colombia en toda su historia, la caída en manos de unos genocidas que matarán en las próximas décadas a muchas veces más personas de las que han matado hasta ahora).

Y mucho más grave aún que eso ha sido la incapacidad de hacerle frente al conjunto del régimen y al gobierno de Santos después de salir de la presidencia. Tiene gracia que pudiera plantearse una Constituyente para conseguir la desmovilización de las FARC pero no para transformar el poder judicial que le impedía desarrollar su plan de gobierno y aun cometería desmanes atroces como el encarcelamiento de Plazas Vega durante su gobierno.

El problema está en esas limitaciones de todo tipo, no sólo de Uribe sino de todos quienes le acompañan, que acerca de la forma en que conciben el país y del proyecto que tienen son bastante confusos y "cortoplacistas". ¿Alguien cree que ha habido alguna diferencia clara de Uribe o el uribismo con la letra o el espíritu de la Constitución de 1991? En absoluto, ni siquiera con tantas increíbles endemias colom bianas como la parafiscalidad o el 4 X 1000.

Y como el gobierno de Santos plantea un proyecto siniestro, mal pueden hacerle oposición unas personas que no tienen un proyecto claro de país. De ahí vienen todas esas concesiones escandalosas (como llamar "paz" a la negociación, "replicando" la peor corrupción del lenguaje, que es la base del poder terrorista). Y todas esas máscaras de una oposición que no lo es al hecho mismo de premiar el crimen (pues, como ya he explicado arriba, tanto la impunidad como la elegibilidad o la misma constituyente habían sido aprobadas por Uribe en 2006).

Nadie debe pensar que esas actuaciones de entonces comprometen a Uribe o al uribismo y que por eso no pueden oponerse rotundamente a lo que ocurre en La Habana: podrían decir que eso ocurría entre verdaderos enemigos, o aun que eran errores que no están obligados a volver a cometer. El problema no es ése, es que realmente no se oponen a negociar con los terroristas sino a ser excluidos de la negociación. De otro modo podrían declarar que liderarían una movilización popular contra la componenda y que no acatarían lo que acuerde el gobierno con las FARC. No harán nada de eso.

Sencillamente el hecho de negociar es una violación flagrante de la ley y la abolición de hecho de la democracia. Es decir, por mucho que en el lenguaje colombiano "democracia" sea cualquier cosa, es evidente que la voluntad ciudadana se ve sometida a la opresión de las bandas terroristas y mientras éstas no se sometan a las instituciones legítimas no pueden ser sino perseguidas. Los demócratas nunca pueden aceptar el resultado de esas negociaciones y puede darse el caso de que una mayoría, aun una mayoría clara del censo electoral, se someta al atraco. Eso no querría decir que el resultado fuera legítimo, lo que habría aprobado esa mayoría sería la continuación del genocidio y el premio del cometido hasta la fecha de la consulta.

El uribismo no está para eso: lo que han hecho desde que Santos es presidente es tratar de evitar que la propaganda los muestre como "enemigos de la paz", no porque sean idiotas y no entiendan que la componenda de La Habana no es "la paz" sino porque descubrieron que no tenían recursos comparables a los del Estado y los medios de comunicación bien implantados que sirven al proyecto terrorista.

Ésa es una actitud mezquina que está en la base de las derrotas electorales de este año: a fin de cuentas sólo tienen una quinta parte del legislativo y un 20% de los votos posibles en la segunda vuelta de las presidenciales. Unos políticos con valores claros preferirían oponerse a la voluntad de la mayoría (conformista ante el éxito de los asesinos de otros por pura comodidad) que obrar de forma indecente aceptando de hecho la infamia de La Habana.

Y por eso Santos sólo tiene que ganar invitando a Uribe a conversar. Si éste no acude, los medios podrán decir que se opone a la paz y entonces tendrá que ir a pedir disculpas o a poner las burdas objeciones que ha puesto hasta ahora (hasta el procurador declara que él no se opone a la "paz"). Si acude, queda como que va a bendecir la componenda y a aceptar migajas que se quedarían en nada. Muchos esperan que pida una cita pública, que se convertiría en un show, en el que como mucho plantearía objeciones secundarias a la paz, de nuevo explicando que no se opone ni es obstáculo...

Sencillamente ni Uribe ni el uribismo son respuesta a la componenda terrorista. Ya lo han demostrado por cuatro años (fíjense en esta noticia de comienzos de 2011, para ver que ya era público el designio de Santos de premiar a las FARC) y no van a decir que sencillamente la negociación es un crimen.

Pero falta una generación o dos para que aparezca gente que quiera entenderlo. Prácticamente todos los uribistas votarían por Romaña si fuera en las listas de Uribe. ¿O en qué se diferencia Romaña de Angelino Garzón o Everth Bustamante? Hace falta gente que entienda que el poder judicial es una banda criminal que debe estar en la prisión y no encarcelando inocentes. ¿Algún uribista habrá notado que todos los precandidatos declararon ante el encarcelamiento de Luis Alfredo Ramos que "demostraría su inocencia ante la justicia", sin ocultar la satisfacción por las expectativas que se les abrían? Los uribistas no son gente que esté para cambiar esas cosas y se extinguirán como corriente política significativa tras someterse a la componenda de Santos tal como Gómez Hurtado se sometió al engendro de 1991.

21/10/2014

Debilidad ante el terrorismo

Por Jaime Castro Ramírez

La dialéctica como arte del razonamiento metódico, obliga a ser cuidadoso en la expresión de las ideas utilizando las palabras adecuadas para significar lo justo, y en aplicación de la lógica para conservar la consistencia conceptual. Lo contrario puede llevar a expresar lo que no es aceptable dentro de la formalidad que se requiere para el entendimiento adecuado de terminada situación.

Lo mal dicho termina con mal significado
A mayor importancia de un personaje, y además si posee responsabilidad como representante de la sociedad, mayor es el cuidado que demanda lo que exprese ante dicha sociedad para que pueda ser interpretado en debida forma y con la claridad que cada evento requiera.

El presidente de la república, Juan Manuel Santos, ha tenido una desafortunada forma de expresarse cuando lo han requerido para que se refiera al accionar terrorista de las Farc contra la población civil (en pleno proceso de paz), y además cometiendo atentados contra la infraestructura nacional y contra la industria petrolera, lo cual está debilitando en forma grave la economía del país.

En diferentes escenarios, Santos ha respondido en forma inconsecuente con la realidad que debe afrontar, y en forma decepcionante para cualquier desprevenido analista del acontecer nacional: Por ejemplo, cuando ocurrió el asesinato -que se dice por parte de las Farc- de Adán Quinto, líder representante de comunidades negras de Antioquia y Chocó en la reclamación por despojo de tierras y otros derechos, hubo un acto donde le reclamaron con vehemencia al presidente Santos por no haber protegido la vida de este líder. Pues realmente fue desconcertante la clase de respuesta del presidente de la república: “para que no hayan más víctimas, para eso es que vamos a firmar la paz”. Similar actitud asume para referirse a otros eventos graves de violencia que están golpeando al país, como el asesinato de civiles y militares, y el caso de los atentados por parte de las Farc incinerando vehículos de pasajeros y de carga en las carreteras del país, y el terrible daño al ecosistema con voladura de oleoductos y derramando el petróleo que cargan las tractomulas.

Esta clase de respuestas debieran ser de análisis interno del presidente y no expresiones públicas, pues lo que los colombianos reclaman es autoridad y firmeza de gobernante, al igual que política de seguridad para el país, no respuestas claudicantes ante la creciente actividad criminal que afecta al pueblo. La respuesta presidencial aceptable y sensata, según el rango de su investidura y su responsabilidad como gobernante, debió haber sido la contundente condena pública a las Farc por esos actos de escalada de violencia.

Razón tenía quien aconsejaba ‘pensar para hablar’. Observando el mayor respeto hacia el presidente Santos, hay que decir que el efecto de este tipo de respuestas conlleva en cierta forma a que se interprete como debilidad de autoridad, y a que se entienda como una especie de justificación de las acciones de violencia; pues como consecuencia, las Farc así lo entenderán y decidirán acogerse literalmente al significado de las palabras presidenciales, y como, ‘no se ha firmado la paz’, entonces se sentirán con licencia para continuar cometiendo actos terroristas.