3 jul. 2015

Pero ¿esto lo dice un Premio Nobel de Economía?

Por @ruiz_senior

No es agradable repetirse, pero ¿cuántas veces hay que volver a insistir en la falacia izquierda-derecha? Según Savater, la izquierda es el bando de la libertad. Según muchísimos autores, la derecha es el bando de la libertad. Ciñámonos a lo que se conoce como izquierda en el lenguaje corriente. Los seguidores de líderes como Pol Pot, Kim Jong-un, Tirofijo o Abimael Guzmán se definen como de izquierda y no recuerdo a nadie que diga que sean de derecha. La mayoría de la llamada izquierda no reivindica la obra de estos personajes, pero no ve a sus seguidores como adversarios y en muchos casos comparte puntos de vista con ellos. La izquierda moderada o centroizquierda o socialdemocracia, según la jerga de cada medio y lugar, tampoco los ve como el principal problema sino que busca la cohesión ideológica en el odio a la Iglesia o a los banqueros o a Israel y Estados Unidos.

No se debe pensar que los anarquistas que afloran por todas partes en épocas de crisis sean muy distintos a los totalitarios: colaboran en la destrucción del orden democrático y no tienen fuerza para corregir el nuevo orden comunista. 

Durante mucho tiempo me he preguntado, sin ocasión de conocer la cuestión a fondo, cuáles son los planteamientos de dos iconos de la izquierda internacional, los profesores Paul Krugman y Joseph Stiglitz, ambos reconocidos con el Premio Nobel de Economía. ¿Qué clase de sabios podrían agradar a gente que no ve a los regímenes totalitarios como lo propiamente intolerable y que en últimas los defiende, como ocurre con los regímenes de Cuba y Venezuela? Con ocasión de la crisis griega pude leer artículos de ambos que me dejaron desconcertado. ¿Quién le da un premio importante a mentirosos tan burdos? Puede que el Nobel de Economía sea tan discutible como el de Literatura o el de la Paz, para el que según un importante funcionario noruego Piedad Córdoba estaba muy calificada.

Krugman empieza afirmando que la creación del euro fue un error y sigue describiendo la situación griega. Las mentiras gruesas empiezan en estos párrafos.
Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.  
Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.
¿De modo que si un país se endeuda porque despilfarra le basta con despilfarrar menos para remediar la situación? Además del despilfarro estaba el engaño en las cuentas. Pero ¿cómo se sabe si son falsas la mayoría de las cosas que "hemos oído" sobre el despilfarro en Grecia? El sustento de esa afirmación es sólo la autoridad de Krugman, y ¿quién ha oído qué sobre eso? Yo he oído seguramente menos cosas que Krugman.

La conclusión de que el déficit original debería haberse convertido en un amplio superávit se sustenta en la misma autoridad. Bueno, en el párrafo siguiente lo explica, sólo que la relación causa-efecto resulta sometida a las exigencias de la retórica y no al funcionamiento de la economía.
¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.
Luego, el ahorro no condujo al superávit porque la economía se desplomó, lo cual parece una consecuencia ajena al mismo. ¿Cómo puede ocurrir que se gaste más de lo que se tiene y haya que reducir gastos y por eso se caiga la economía? ¿Había alguna alternativa a gastar menos? La caída de la economía, en parte por la inevitable reducción del gasto y en parte por la falta de credibilidad del país, es una verdad a medias: a finales de 2014 estaba empezando un ciclo de recuperación. Baste citar la Wikipedia.
La cuarta revisión del programa de rescate reveló una leve mejoría en la economía griega. Debido a un superávit primario de las cuentas del gobierno tanto en 2013 y 2014 conjuntamente con una disminución de la tasa de desempleo y el retorno de un crecimiento económico positivo en 2014, por lo cual fue posible que el gobierno griego recuperara el acceso al mercado de crédito privado por primera vez desde el estallido de la crisis de la deuda y pudiera realizar una venta de bonos a acreedores privados para financiar la totalidad del déficit para el 2014.
Es decir, después de mucho caer la economía empezaba a recuperarse, si bien no se volvía a las épocas felices en que se gastaba a espuertas. La experiencia de cada persona particular la induce a pensar que sus ingresos y su modo de vida son "naturales" y cuando menguan o desaparecen se atribuye a la acción de un agente del mal. La situación griega ciertamente no era buena, y la recuperación que comenzaba prometía estar llena de "sangre, sudor y lágrimas": esa población acostumbrada al parasitismo que practican sus gobiernos desde antes de que el país entrara en la Comunidad Europea, con la Sexta Flota estadounidense en sus puertos, era particularmente receptiva a las promesas de Syriza, consistentes en dejar de ahorrar y forzar a los acreedores a someterse. Eso se basa en la idea de que si uno le debe mil euros al banco, tiene un problema, pero si le debe un millón, el problema lo tiene el banco. El programa de Syriza, cuya mayoría se formó gracias a que la ley electoral da una bonificación de 50 diputados al partido más votado y al apoyo de un partido de extrema derecha nacionalista, consistía en una serie de promesas de más gasto para en últimas crear un paraíso comunista que pagaban los demás países europeos, con el chantaje de que si sus gobiernos no cedían todos saldrían perdiendo.

De modo que el ascenso de Syriza significó el cese del ahorro y del superávit en las cuentas públicas, y también la fuga de capitales y la pérdida de interés de los inversores. Pero ese dato no existe para Krugman, para el que no ha ocurrido nada nuevo en Grecia (el que lo dude debería revisar el artículo). La economía griega se desplomó como resultado del gobierno de Syriza, cosa que con subterfugios intenta ocultar Krugman en el último párrafo citado. Todo su artículo se basa en la mentira de que el gobierno de Syriza no tiene nada que ver con la crisis que generó. Sigue Krugman:
Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.
¿Cómo es que las demás economías de la zona euro que sufrieron la crisis de la deuda no tenían esa camisa de fuerza? Pues el caso es que España, Irlanda y Portugal se han recuperado y empiezan a crecer. Para Grecia era un poco más difícil porque el déficit era más alto y la viabilidad de su economía más complicada, pero a finales de 2014 ya se creaban empleos y se registraban subidas del PIB. Un lector desprevenido podría pensar que Grecia siempre ha tenido el mismo gobierno, o que todos habrían hecho lo mismo.
¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.
La frase que marco en negrita es una mentira atroz: de no ser por el programa de Syriza la austeridad se habría podido aliviar gracias al aumento de las inversiones y de la confianza de los acreedores. Tsipras no ha aceptado la austeridad sino que ha intentado vivir del chantaje gracias al miedo que genera la salida de Grecia del euro. Ese juego de engaño sistemático, la negativa a pagar y las exigencias de más recursos son la causa del pánico y el caos. Krugman reproduce las mentiras de Tsipras y Varufakis porque es lo que complace a su público.
Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años. 
Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos temen tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.
¿Se entiende? No es que Tsipras haya incumplido todos los compromisos de su gobierno, sino que la "troika" pretendía imponerle más sacrificios. ¿Cómo es que era indistinguible la oferta de la troika de las políticas de los últimos cinco años y a la vez se exigía más austeridad?

Claro que "la razón política de ser" de Tsipras es un fraude por el que ciertos ciudadanos griegos esperan seguir parasitando a la Unión Europea y al resto del mundo con el chantaje del caos. Krugman legitima ese chantaje y culpa a las víctimas, según la vieja rutina de la izquierda, que, como decía Gómez Dávila, no siempre mata pero siempre miente.

Es obvio que unas políticas consistentes simplemente en pedir más dinero y negarse a pagar no puedan ser aplaudidas por los acreedores, que representan a los demás ciudadanos europeos. ¿Llevaría eso a la salida de Tsipras? Lo único claro es que no puede cumplir lo que les prometió a los ciudadanos griegos porque sería un saqueo a los demás europeos.
Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.
El texto marcado en negrita es una mentira atroz: la austeridad no es cada vez más dura, sería mucho más suave sin la fuga de inversiones provocada por Syriza. Grecia está en peor situación que nunca a causa de Syriza y a finales de 2014 empezaba a crecer y a tener recursos para pagar las deudas. La desfachatez con que miente este hombre hace pensar en una degradación creciente de la izquierda, para la que Chávez, Petro, Maduro, Ortega, Morales, Cristina y demás son gobernantes respetables. ¿No hay mucho más daño qué hacer? Sólo hace falta que nadie ingrese un euro en los bancos griegos para que el lobo de la hambruna asome sus orejas.
Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.
¿Se entiende que la política sensata es la de Tsipras y Varufakis? Hombres prácticos que atienden a los principios de la economía y tratan de sacar a su país de la pobreza que le generan los fantaseadores de los países acreedores. Lo único que es cierto es que su desfachatez queda pequeña ante la de Krugman.
Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.
¿Se entiende que saliendo del euro Grecia tendrá recursos para gastar más y para hacer frente a la depresión? De ese nivel es la mentira de este hombre. Mucho se ha degradado el mundo intelectual para que haya quien lo tome en serio. Lo que se puede decir es que la salida de Grecia del euro servirá para cerrar esa gotera y recuperar la economía de la región: que los griegos paguen la ligereza en que cayeron en manos de estafadores comunistas, como TODOS los que han pasado por ahí, de Rusia a Zimbabue, de Bolivia a Corea.

Pero, con todo, Stiglitz lo supera. Ojo a su texto "Obligar a Grecia a ceder".
Las rencillas actuales en Europa pueden parecer el desenlace inevitable del amargo enfrentamiento entre Grecia y sus acreedores. En realidad, los dirigentes europeos están empezando a mostrar verdaderamente por qué se pelean: por el poder y la democracia, mucho más que por el dinero y la economía. Los resultados económicos del programa que la troika impuso a Grecia hace cinco años han sido terribles, con un descenso del 25% del PIB nacional. La tasa de desempleo juvenil alcanza ya el 60%. No se me ocurre ninguna otra depresión en la historia que haya sido tan deliberada y haya tenido consecuencias tan catastróficas.
Las mismas mentiras de Krugman: no hubo ningún cambio con el ascenso de Syriza ni hubo superávit de las cuentas públicas en 2013 y 2014. La "imposición" a Grecia de un programa de austeridad consistente en que dejara de haber grandes cantidades de personas que cobraban sueldos altos sin trabajar parece un abuso, siendo lo correcto ese PIB basado en el engaño a los socios europeos y en el despilfarro. Como si la víctima de una pirámide de Ponzi cree que alguien debe garantizarle las ganancias que tuvo en otra.
Sorprende que la troika se niegue a asumir la responsabilidad de todo eso y no reconozca que sus previsiones y modelos estaban equivocados. Pero todavía sorprende ver más que los líderes europeos no han aprendido nada. La troika sigue exigiendo a Grecia que alcance un superávit presupuestario primario del 3,5% del PIB en 2018. Economistas de todo el mundo han dicho que ese objetivo es punitivo, porque los esfuerzos para lograrlo producirán sin remedio una crisis aún más profunda. Es más, aunque se reestructure la deuda griega hasta extremos inimaginables, el país seguirá sumido en la depresión si sus ciudadanos votan a favor de las propuestas de la troika en el referéndum convocado para este fin de semana.
No, no estaban equivocados los que votaron por Syriza creyendo sus promesas de resolver los problemas gastando más sino los representantes de los acreedores, que esperaban que les pagaran cuando lo correcto era seguir gastando en quienes sólo tienen por objeto pedir más y más.

¿Quién habla de superávit? ¿Entiende el lector que lo que hace Syriza no tiene nada que ver? ¿Que al final de 2014 la economía estaba creciendo? Claro que si el país no genera confianza a los inversores por estar en manos de comunistas que tratan de parasitar al resto de Europa seguirá sumido en la depresión.
En la tarea de transformar un déficit primario inmenso en un superávit, pocos países han conseguido tanto como Grecia en estos últimos cinco años. Y aunque los sacrificios han sido inmensos, la última oferta del Gobierno era un gran paso hacia el cumplimiento de las demandas de los acreedores. Hay que aclarar que casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha ido a parar allí. Ha servido para pagar a los acreedores privados, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una miseria, y se ha sacrificado para proteger los sistemas bancarios de esos países. El FMI y los demás acreedores no necesitan el dinero que reclaman. En circunstancias normales, lo más probable es que volvieran a prestar ese dinero recibido a Grecia.
¿Sabe Stiglitz que EL GOBIERNO GRIEGO CAMBIÓ EN 2015? La falacia de "el gobierno" hace pensar que Syriza sigue siendo lo mismo que los gobiernos anteriores, pero precisamente su programa consiste en gastar más y negarse a pagar, a tal punto que el último vencimiento del FMI no lo pagó. El cuento de que el dinero prestado a Grecia no ha ido a parar ahí parte del supuesto de que la deuda se remedia olvidándola. Del mismo estilo es el de que el FMI no necesita el dinero que le cobra a Grecia. ¿Necesita el banco o su dueño el dinero que nos ha prestado? ¿Qué clase de idiotas pagan las deudas si casi siempre se podría demostrar que el acreedor necesita menos el dinero? Podrían volver a prestar ese dinero a Grecia, pero a finales de 2014 empezaba a crecer y la llegada de los comunistas acabó con esa esperanza. Eso lo oculta Stiglitz con increíble mala fe.
Pero repito que lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. ¿Por qué hace eso Europa? ¿Por qué los líderes de la UE se oponen al referéndum y se niegan a prorrogar unos días el plazo para que Grecia pague al FMI? ¿Acaso la base de Europa no es la democracia?
El referéndum consiste en otro engaño de Tsipras a su población, que votará pensando si gastarse el dinero ajeno o no, como si eso fuera posible. La idea de que "la democracia" consiste en referendos de esa clase avergonzaría a Nicolás Maduro, pero es por ese encanto increíble de la retórica barata por lo que este genio es un icono de la izquierda. ¿Cuántos días habría que prorrogar el pago al FMI? Otra mentira.
En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se compremetió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas, ya habría rechazado la propuesta. Pero quería dar a los griegos la posibilidad de opinar sobre una cuestión tan crucial para el futuro bienestar del país. Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático. Los Gobiernos miembros no pidieron permiso a sus ciudadanos para entregar su soberanía monetaria al BCE; solo lo hizo Suecia, y los suecos dijeron no. Comprendieron que, si la política monetaria estaba en manos de un banco central obsesionado con la inflación, el desempleo aumentaría.
"Terminar la austeridad" no es una opción: no hay ni un solo país y casi ni una sola persona en el mundo que no tenga que ceñirse a sus posibilidades. La promesa de gastar más de Tsipras se basaba en la idea de chantajear a los acreedores a punta de movilización popular y amenaza de crisis generalizada para la moneda única. Con bellas palabras Stiglitz legitima esa política, con adjetivos define las que podrían conducir a Grecia a salir de la ruina. ¿Acaso se puede decidir salir de la austeridad cuando no se tienen recursos? Para obrar con tanta mala fe hace falta despreciar mucho al público.

Muy interesante esa idea de que lo "democrático" depende de la convocatoria de referendos. Precisamente se definen como un rasgo de las dictaduras, someter a la ciudadanía a un chantaje por el que si no apoya lo que se le ocurra al gobernante asume las consecuencias.
Lo que estamos presenciando ahora es la antítesis de la democracia. Muchos dirigentes europeos desean que caiga el gabinete de izquierdas de Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades en los países avanzados y decidido a controlar el poder de la riqueza. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.
¿Se entiende? Los contribuyentes de los demás países europeos deben mantener las políticas griegas contrarias a las de sus gobiernos por pura solidaridad progresista. El "acuerdo contradictorio con su mandato" que quieren imponerle los demás gobiernos al griego es dejar de gastar grandes cantidades de dinero de cada ciudadano (sólo España ha invertido 26.000 millones en la deuda griega, unos 600 euros por cada habitante) en políticas justicieras en Grecia. ¿Cómo puede dar clases este hombre y aun recibir un Premio Nobel? Como podría recibirlo Piedad Córdoba. La democracia consiste en que alguien gobierne con apoyo popular para gastar el dinero ajeno sin que se lo pueda cuestionar.
Es difícil aconsejar a los griegos qué votar. Ninguna alternativa será fácil, y ambas son arriesgadas. Un sí significaría una depresión casi interminable. Quizá un país agotado y empobrecido pueda obtener, por fin, el perdón de la deuda; quizá entonces pueda recibir ayuda del Banco Mundial, en esta década o la siguiente. En cambio, el no podría permitir que Grecia, con su sólida tradición democrática, se haga cargo de su destino. Entonces los griegos podrían tener la oportunidad de construir un futuro, aunque no tan próspero como el pasado, sí mucho más esperanzador que el inadmisible tormento actual.
¿Grecia tiene una sólida tradición democrática? ¿Este hombre es tan ignorante o tan mentiroso? ¿El camino de un país endeudado es el perdón de la deuda o el crecimiento económico?

Lo que asegura la miseria griega, tanto si gana el sí como si gana el no, es la persistencia del gobierno comunista, como ocurre en todos los países que lo sufren. Pero es el gobierno de la izquierda, o sea, de la gente que aplaude a Krugman y Stiglitz, cuyo éxito termina siendo el respaldo de universidades estadounidenses y del Premio Nobel. Son tan mentirosos como Tsipras.

Y sale una conclusión clara sobre qué es "izquierda": el bando de la mentira.

30 jun. 2015

El poder sin autoridad

Por Jaime Castro Ramírez

Quienes gobiernan reciben un mandato del pueblo que tiene que ser ejercido con convicción patriótica para conservar la majestad del Estado de derecho y el bienestar de la sociedad. Para este propósito el gobernante recibe la investidura de la ley para hacerla cumplir a través del ejercicio de la autoridad. Gobernante que prescinde de ejercer el principio de autoridad empieza a construir el camino de la anarquía, pues esa coyuntura es la que pretenden encontrar quienes actúan en contra de la ley, y en contra del Estado y su institucionalidad.

En el escenario de la grande gestión de gobierno aparece entonces el calificativo que identifica la figura de ‘estadista’, calificativo que solo lo obtiene quien ha sido formado en la filosofía de Estado, quien conoce los argumentos propios del poder bien ejercido y que por lo tanto tiene la dimensión de ejecutorias que lo hace acreedor al reconocimiento de ‘hombre de Estado’, quien se diferencia ampliamente de lo que es común en los altibajos propios de la cotidianidad política.

Lo que ocurre actualmente en Colombia
El Estado, la nacionalidad y los valores patrios están por encima de los intereses personales de quien recibe la potestad de ejercer el poder. En Colombia se elige un gobernante para que haga respetar valores fundantes, como son: la democracia, la soberanía nacional, la vida honra y bienes de la gente, y la institucionalidad del Estado de derecho, con base en la Constitución y la Ley, pero de ninguna manera se elige con potestad para negociar la ley.

Se está hablando de paz, pero con demasiados interrogantes convertidos en dudas sobre si lo que se está negociando realmente significa paz. La percepción generalizada de los colombianos es que se está negociando la ley en las concesiones a los contertulios Farc, en plena desventaja para la integridad del Estado colombiano.

Durante la actual administración el terrorismo se ha fortalecido nuevamente, y de qué manera, pues la debilidad del gobierno la han aprovechado las Farc para incrementar sus acciones terroristas en contra de la población civil. Lo desconcertante es que ante salvajes ataques terroristas el presidente Santos solo atina a decir: “Por eso es que quiero terminar esta guerra”. No se da cuenta que con tal expresión le está dando vía a que los terroristas sigan actuando de igual manera, pues ellos si utilizan la sagacidad mental para interpretarlo como debilidad, y le darán la significación de falta de autoridad, como efectivamente lo es, pues de parte del presidente Santos ya no existe ni la palabra ‘terrorista’ para condenar tales hechos, lo cual no resiste un análisis diferente a concluir en que se está legitimando el terrorismo.

No se ha firmado la paz pero las Farc ya se sienten con poder como para dar directrices desde La Habana para que sean atendidas desde el gobierno. En círculos políticos se habla de que la salida de Juan Carlos Pinzón como ministro de defensa se debió a exigencia de las Farc porque él los incomodaba mucho tratándolos de terroristas (lo que realmente son), y entonces había que ubicar allí a alguien de otro talante, no se sabe si personaje también sugerido por ellos.

Lo que faltaba ya se está viendo, que la gente no respeta a la policía y la expulsa de su sitio de trabajo procediendo a destruir las instalaciones de su cuartel. ¿Será que a esto se le puede llamar anarquía? ¿Será que este caos es ordenado por las Farc? ¿Dónde está la autoridad para hacer presencia inmediata en el sitio e implantar el orden y ejercer soberanía territorial?

La resignación de autoridad pareciera indicar que el presidente Santos está obsesionado por firmar con el nombre de PAZ ‘cualquier cosa’ que resulte atendiendo las exigencias de las Farc, lo cual evidentemente no será la paz de los colombianos. Y entonces pareciera que tal obsesión tuviera un direccionamiento narcisista, es decir, tendiente a enaltecer su propia imagen, pues mucho se ha rumorado sobre su intención de aspirar a un premio nobel de paz, solo que sería un premio nobel de paz contradictorio a su institución filosófica: la paz.

El poder sin autoridad equivale a la negación a ejercer el poder institucional otorgado por el pueblo, y cuya identidad es la debilidad del gobernante.

26 jun. 2015

Leyenda negra

Por @ruiz_senior

La leyenda negra ("opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI") podría tener su origen en la expansión del reino de Aragón a algunas regiones de Italia en el sigo XIV. Pero ciertamente su núcleo tiene que ver con la propaganda antiespañola de los holandeses e ingleses después del siglo XVI, con base en las crueldades de la conquista de América y de la Inquisición.

El escritor español Julián Juderías resumía así la leyenda negra: "La afirmación [...] de que nuestra Patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas".

Dado el origen de todas los países hispanoamericanos, esos rasgos se podrían atribuir también a los descendientes de los españoles. Y lo que cada vez se confirma más es que algo de cierto tiene dicha leyenda. ¿Cómo se explica si no el éxito de los siniestros totalitarios de Podemos y de sus socios en toda Sudamérica?

En palabras de un historiador estadounidense, "La premisa básica de la Leyenda Negra es que los españoles se han mostrado históricamente como excepcionalmente crueles, intolerantes, tiránicos, oscurantistas, vagos, fanáticos, avariciosos y traicioneros".

Lo de oscurantistas, vagos y fanáticos no sólo se puede atribuir a la Iglesia y sus verdugos, sino también a las diversas corrientes que pretenden subvertir su orden: ¿se podría decir que los anarquistas y comunistas españoles del primer tercio del siglo XX eran muy racionales, productivos y equilibrados? ¿Lo son su triste reencarnación en la sucursal del narcoimperio cubano que asciende hoy en día? ¿O alguna de las versiones de la izquierda hispanoamericana?

Un aspecto curioso de la leyenda negra es su asimilación por los españoles: en una encuesta en la que se evalúa la opinión de unos europeos sobre otros, la opinión de los españoles sobre sí mismos es peor que la de todos los demás europeos. También en el secesionismo catalán y vasco hay un fondo parecido, que se resume en el dicho "Es español el que no puede ser otra cosa".

Pero prescindiendo de los prejuicios y la propaganda, convendría pensar en lo hispánico y en su diferencia con las demás culturas de origen europeo. Octavio Paz decía que los hispanoamericanos somos "los hijos de la Contrarreforma", y ese proceso reaccionario que apartó a España y a sus colonias de la Ilustración del siglo XVIII y la industrialización que comenzó entonces parece el elemento configurador de la tradición hispánica.

La mentalidad que acompaña a esa tradición se resume en lo que decía Jacob Burckhardt del Renacimiento italiano: al cabo de un siglo de dominación española ya nadie pensaba en trabajar, sólo en ostentar origen hidalgo y hacerse médico o abogado.

Esa mentalidad es lo que pervive en los regímenes bolivarianos y en sus sucursales: el desprecio del trabajo, el culto de las jerarquías y la cerrazón ideológica en torno a supersticiones de uno u otro signo. No es raro que los peores tiranos terminen proclamándose católicos, como Chávez, Maduro y Ortega. Al final sólo tienen que acomodar las nociones para resultar ellos agentes de la "política del amor" (antes de Petro era el lema de Rosario Murillo, la mujer de Daniel Ortega).
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Sea cual fuere la fama de España, la verdad es que en el ámbito del conocimiento y la invención sus aportes después del siglo XVI han sido magros, así como su desarrollo industrial. Todo eso en las colonias americanas, riquísimas en recursos pero indigentes en cultura, ha sido y es mucho más grave.

La ideología unánime en la región, según la cual el camino del desarrollo es la educación (lo cual está también en el origen de la sucursal chavista española, pues sin el gasto de los gobiernos de las últimas décadas en proveer títulos a todos los que quisieran tenerlos no existiría Podemos), es la expresión de esa vieja mentalidad: decenas de millones de personas obtienen títulos con los que no podrán encontrar ningún empleo, salvo en la educación, sea de psicólogos en Argentina o de mejoradores del mundo en Colombia, da lo mismo. No es una forma de desarrollo sino la continuidad del parasitismo de siempre: la perpetuación de aquello que hace que para mucha gente España se resuma en la leyenda negra.

Un país en el que el fruto de esa mentalidad es una orgía incesante de sangre, como Colombia, necesita plantearse como primera meta empezar a ver las cosas de otro modo: ¿cuánto les cuesta a los ciudadanos el adoctrinamiento de asesinos en las universidades públicas? ¿Cuánto cuesta a los mismos beneficiados con la "educación" malgastar tantos años de su juventud en obtener un diploma a cambio de la sumisión ideológica a un delirio criminal?

Para pensar en eso no hay nadie: no recuerdo a UNA SOLA PERSONA que quiera entender que el uribismo comparte todos esos rasgos ideológicos, a tal punto que la campaña de Zuluaga se basaba en la promesa de proveer más títulos universitarios. Obviamente no habrá ningún desarrollo industrial, no hablemos de inventarse nada ni de organizar redes de servicios, mientras todos los esfuerzos se concentren en garantizarles rentas a los parásitos organizados.

Mientras el destino de cada individuo se cifre en su integración en esa corporación.

De hecho, nadie se plantea nunca otra cosa. ¿Quién disuadiría al que quisiera emigrar?

23 jun. 2015

Posconflicto en Colombia

Por Jaime Castro Ramírez

Hablar de un presunto posconflicto en Colombia implica que previamente a la negociación de paz (que actualmente se adelanta) se haya reconocido como conflicto interno a la violencia contra los colombianos por parte de grupos armados de extrema izquierda comunistas, reconocimiento efectivamente otorgado por parte del presidente Juan Manuel Santos. Sin embargo, este reconocimiento puede generar riesgos de consecuencias políticas por su connotación de beligerancia que concede. Según el protocolo II de Ginebra, para que se otorgue la categoría de ‘conflicto interno armado’ es preciso que tales grupos armados cumplan tres condiciones:

1. Demostrar dominio de territorio.

2. Demostrar respeto a los derechos humanos y acatamiento del derecho internacional humanitario.

3. Demostrar estructura estable.

Categóricamente, ninguna de estas tres condiciones se cumple. Además, el Estado colombiano tiene la capacidad institucional de su fuerza pública para defender y conservar la soberanía en todo el territorio nacional, lo que significa que la autoría de tal reconocimiento de ‘conflicto interno’ fue del presidente Santos como acción personal, pero sin tener en cuenta que no se cumplían los requisitos mínimos de soporte exigidos internacionalmente para demostrar alguna legitimidad en dicha figura.

¿En qué consiste el posconflicto planteado por el gobierno y las Farc?
Lo único que se sabe hasta ahora (antes de tener un acuerdo de paz), es que el presidente Santos creó el Ministerio del Posconflicto, y que nombró como ministro consejero del posconflicto al General Oscar Naranjo. Esto equivale a la figura de ministro sin cartera, o como se dice en el argot popular equivale a: “ensillar antes de tener el caballo”.

En consecuencia, no se sabe en qué consiste el cacareado posconflicto, y no se sabe por ausencia de materia, es decir que al no haber realidad implícita sobre un acuerdo de paz (ausencia del conflicto), pues obviamente que se está hablando de algo incierto, y por consiguiente tampoco se sabe en materia de dinero cuánto vale el posconflicto, y cuánto vale será la primera pregunta que se harán los países a los cuales Santos les pide ayuda para conformar un fondo que ha denominado ‘fondo para el posconflicto’. Como se suele decir, “no soplan buenos vientos para el que no sabe para dónde va”.

El presidente Santos incluso ha afirmado que el ‘posconflicto ya ha empezado’, y que para tal fin lo que está haciendo es garantizar la presencia del Estado en todo el territorio nacional para evitar el conflicto interno. Esto equivale a promesas que no se cumplen - al buen estilo populista, ahora para el posconflicto sobran proyectos de inversiones para desarrollo del país en infraestructura, vías terciarias, educación, salud, acabar con la pobreza, un largo etc.

Hablar de desigualdades sociales como causa del ‘conflicto interno’ es una simple demagogia convertida en justificación de la violencia de carácter ideológico que han practicado los grupos armados ilegales que siempre han pensado es en tomarse el poder político para dominar el país. Diferencias sociales han existido siempre en todos los países del mundo, lo cual obedece a la naturaleza misma del equilibrio de funcionamiento del orden social que debe existir sobre la tierra, pues qué tal un escenario donde todos fueran ricos, entonces quiénes trabajarían; o donde todos fueran pobres, entonces quiénes harían empresa para producir bienes de consumo y dar empleo para crear bienestar social; o todos doctores, entonces quiénes harían los oficios menores tan necesarios y fundamentales en las actividades cotidianas para crear desarrollo. Lo cierto es que cuando esa extrema izquierda se toma el poder ahí si hay ‘igualdad social’ nivelada por lo bajo porque lo que encuentran productivo lo acaban, y solo saben administrar miseria pública, pues los únicos que se vuelven ricos son quienes se adueñan del poder.

El verdadero posconflicto
Sin la utilización de la demagogia política populista, el posconflicto debiera ser medido simplemente como el derecho que tiene la gente de vivir con tranquilidad, sin violencia, respeto a los derechos humanos, a los desplazados devolverles sus parcelas para que puedan trabajar y producir, a los empresarios dejarlos tranquilos para que puedan invertir en proyectos de desarrollo productivo, etc. Esas manifestaciones pomposas de fantasías que pintan para supuestamente darle identidad al posconflicto son engaños, promesas que no se cumplirán, pero que al no cumplirse podrían generar el pretexto para repetición de la violencia.

En conclusión, el posconflicto bien podría consistir únicamente en permitir que actúe la fuerza de la dinámica emprendedora del país, sin violencia criminal, eso sería todo, y con eso el país encontraría el sendero de su propio desarrollo económico, político y social.

18 jun. 2015

¡España también está llena de monstruos!

Por @ruiz_senior

En España las principales ciudades cayeron tras las elecciones del 24 de mayo en manos de chavistas o afines con el apoyo del PSOE, que había prometido no aliarse con ellos. Al constituirse los nuevos ayuntamientos, ya se detectó el "avance" del país: abucheos, insultos y amenazas a los concejales de los demás partidos, proclamas demagógicas cuyo último sentido es la confiscación de bienes privados, etc.: lo que hacen los chavistas en cualquier parte. Poco después se conoció la trayectoria de los nuevos concejales ligados a la franquicia cubana: uno preguntaba en Twitter cómo se podía meter a cinco millones de judíos en un 600 ("topolino"): en el cenicero. Otro se prodigaba en propuestas para asesinar a los dirigentes del Partido Popular, otra está procesada por participar en una protesta blasfema en la capilla de la Universidad, otra posa con un pene de plástico de tamaño natural como colgante... Eso sólo para aludir a la capital.

Hay gente escandalizada e indignada con esta clase de personajes, aun entre quienes votaron por ellos, pero se corre el riesgo de simplificar y reducir la cuestión a un puro plano estético. Si se propone una mínima exigencia moral, basta con leer lo que escriben sobre Colombia para entender que la vileza es más bien lo que predomina, aunque sus protagonistas no sean siempre tan toscos.

Durante muchas décadas en toda América se legitimó a ETA con el cuento de que eran "los vascos", la gente que hablaba así fue la que después creó los narcorregímenes bolivarianos. Hay algo muy parecido en la complacencia de los medios españoles con las FARC y el régimen que las premia: son los criterios morales en los que creen, aunque de momento tengan dificultades para aplicarlos. Incluso el diario monárquico-católico ABC publicó hace unos meses un editorial aplaudiendo la infamia de La Habana, en el que no hay una sola frase que no sea una mentira repugnante.

Esta semana fue el turno de El País, periódico de propiedad de la misma empresa que Caracol Radio y con viejas relaciones con Samper y el Grupo Santodomingo. Lo que publican en ese periódico sobre Colombia se puede clasificar en dos grupos: los panegíricos inverosímiles sobre Santos y la propaganda abierta de las FARC. Esta semana se lucieron con otro editorial:

Impulso para Colombia
La creación de una Comisión de la Verdad debe ayudar a acelerar el acuerdo entre Gobierno y FARC

Se ha anunciado crear una "Comisión de la Verdad" en la que el gobierno y los terroristas nombrarán a personajes afines (no hay ninguna diferencia ideológica ni moral entre el gobierno y las FARC, a tal punto que el jefe de los negociadores es un antiguo militante de la Juventud Comunista y el creador de la negociación, el hermano mayor de Santos, es el representante más o menos abierto de los Castro en Colombia). Sólo es otro pretexto para el latrocinio y la propaganda. Ya crearon un "Grupo de Memoria Histórica" dedicado a ese fin, y una Comisión Histórica, formada por los ideólogos del terrorismo. De modo que la anunciada comisión sólo es "de la verdad" en el nombre, cosa que el editorialista tiene que saber pero oculta porque los negocios de su periódico se basan en la relación con esa poderosa organización y sus socios en el gobierno.

En lo que sí acierta plenamente es en lo de "Impulso para Colombia". Hacia el hoyo. Cada vez hay más violencia terrorista porque cada vez se la reconoce más. La Comisión de la Verdad será otra inversión en propaganda del crimen, algo tan evidente como los pagos a la empresa colombiana del Grupo Prisa por el gobierno de Santos.
La creación de una Comisión de la Verdad en Colombia para investigar hechos sucedidos durante el medio siglo de enfrentamiento armado entre el Estado y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC) es una importante noticia que no debe quedar oscurecida por la muerte de dos militares colombianos a manos de la guerrilla en las últimas horas así como graves atentados contra infraestructuras. Al contrario.
La noticia no es nada, otra inversión en propaganda que es lo único que han producido tres años de farsa: la dedicación del Estado a legitimar los negocios de una banda criminal relacionada con las familias que lo controlan desde el siglo XIX. Pero ¿hay un enfrentamiento armado entre el Estado y las FARC? Eso es puro lenguaje legitimador: cada vez que alguien sale a matar entra en un enfrentamiento armado con el orden legal. ¿No había un enfrentamiento armado entre el Estado español y ETA? Casualmente eso nunca se dice en El País. ¿Desconoce el editorialista la mentira monstruosa que introduce en su texto? Sólo lo desconocen o lo miran de forma sesgada los lectores españoles. Por eso se lo permite.
Debe servir de impulso urgente para culminar las negociaciones de paz que se llevan a cabo en La Habana antes de que cunda el cansancio y el desánimo y el proceso entre en una senda peligrosa de frustración. El acuerdo en torno a la comisión se produce en un momento en el que la atmósfera del diálogo se ha enrarecido peligrosamente.
El editorialista sabe que la única "culminación" del proceso es la destrucción total de las fuerzas armadas legítimas y la toma del poder por los terroristas, para lo cual hacen falta precisamente muchos más asesinatos que los 250.000 cometidos hasta ahora y que él legitima con tanto descaro. Mientras tanto las negociaciones tienen que seguir porque es la forma en que los negocios de extorsión, cocaína y minería ilegal se expandan. No hay senda peligrosa de frustración, como es bien sabido, cuantas más personas mueran, cuanta más destrucción haya, más seguro es el avance terrorista porque su único fundamento es el miedo.

¿O no se le habrá pasado por la cabeza que negociar las leyes con una banda de asesinos es sencillamente la abolición de la democracia? ¿En qué país del mundo no importa lo que los ciudadanos acuerden y elijan sino lo que sus gobernantes acuerden con unos asesinos con los que tienen toda clase de nexos? 
Son elogiables los términos en los que se creará y actuará la Comisión de la Verdad: tras la firma de la paz y sin pretender actuar como un tribunal de justicia ordinaria. Es decir, sus trabajos y los testimonios que recogerá —sin duda dolorosos— en ningún caso condicionarán ya las difíciles negociaciones. Las reconciliaciones en las sociedades que han sufrido tanto deben producirse en el seno de las familias, las comunidades y en los libros de historia. Elegido el camino de la paz, el pasado puede explicar el presente, pero no condicionarlo.
Es decir, la institución de propaganda formada por los mismos que encargan las masacres se dedicará a legitimar todos los crímenes y a igualar, como hace el gobierno de Santos, como hace el poder judicial colombiano, como hace el mismo editorialista de El País, a quienes secuestran niños con quienes intentan liberarlos. El papel de estos propagandistas en Europa no es menos atroz que el de los mismos asesinos.

Para ver hasta qué punto el redactor de ese editorial es mucho más perverso y asesino que los concejales de Podemos baste pensar en las "sociedades que han sufrido tanto". ¿Quién ha sufrido? ¿Los jefes del terrorismo, profesores universitarios con ingresos nominales de unas 15 veces el promedio de los ciudadanos por adoctrinar y reclutar a los que les aseguran rentas? ¿Los redactores de la revista Alternativa, hoy hegemónicos en los medios colombianos y en su mayoría procedentes de familias poderosas? A la mayoría de los colombianos humildes esos personajes los han condenado a la miseria y los han oprimido de mil maneras, y gracias a la dominación que alcanzan en forma de "paz" los humillarán y explotarán muchísimo más, tal como ocurre con los cubanos y venezolanos.
Pero no bastan las palabras. La paz debe existir también sobre el terreno. Y sin mucha más demora.
¿Se entiende? No se trata de que los terroristas desistan de imponer nada a la sociedad sino de que esta se apresure a premiarlos por todo lo que han hecho. ¿O en alguna parte hay el más remoto interés en insistirles en que cesen en sus crímenes? ¡Se está tardando demasiado en reconocerlos y ofrecerles ministerios y embajadas! Parece que todavía hay soldados que no desertan y oficiales que no se dedican a perseguir y amenazar a los críticos del gobierno. Ésa es la prisa del editorialista.

No habrá firma de ninguna paz hasta 2018 porque sin la amenaza y el control total será imposible impedir una derrota electoral. Pero si la hubiera quedaría otra banda o una facción de las FARC explotando los rentables negocios de ahora. Eso no preocupa al editorialista, cuyo público es capaz de concebir que la conversión de los violadores de niñas en miembros de la Comisión de la Verdad va a poderse llamar "paz". El que dude de lo anterior puede averiguar la trayectoria de Javier Giraldo, sacerdote jesuita señalado como instigador de asesinatos por varias personas que poco después caían y miembro de la Comisión Histórica.

Si en Colombia hubiera siquiera un atisbo de civismo estas publicaciones de propaganda del genocidio serían contestadas: los que no están de parte de los criminales son fatalmente serviles, y los asesinos aliados de este editorialista los esclavizarán y masacrarán cada vez más.

15 jun. 2015

Capital político versus terrorismo

Por Jaime Castro Ramírez

Según el diccionario, la incompatibilidad se define como la diferencia esencial que hace que no puedan asociarse dos cosas. En este escenario aparece la incompatibilidad de criterio cuando se expresan dos puntos de vista disímiles por su misma naturaleza, es decir, que sus significados contradicen filosóficamente la razón de ser de lo que se quiere asociar para definir una conclusión común. Significa que tiene que haber afinidad conceptual en las ideas para que sean relacionables y que por su fuerza interpretativa puedan confluir en un mismo plano.

Jugar capital político ante una causa terrorista
El presidente Santos escribió en twitter lo siguiente: “Quienes quieren forzarme a acabar los diálogos de paz se equivocan. Persistiré así me juegue todo mi capital político”. Con todo respeto por esta opinión presidencial hay que decir que no es prudente, ni sensato, y mucho menos lógico correlacionar el sentido de estas dos expresiones verbales que conforman proposiciones desafiantes sometidas a juicio público.

Y en juicio público esta postura del presidente Santos pierde, pierde confianza pública, pues no se puede convertir en un falso dogma el hecho de que el proceso de negociación no tiene reversa, porque termina convirtiéndose en un grave error de consentimiento con las acciones terroristas de las Farc con las cuales tienen azotada a la población civil a través de la voladura de torres eléctricas y dejando a mucha gente sin este servicio, voladura de acueducto como ocurrió en Algeciras Huila, el derrame de petróleo a quebradas y ríos que igual deja a la población sin agua, además del gravísimo atentado contra el medio ambiente.

Ante estos hechos de terrorismo los colombianos quedamos perplejos al escuchar al presidente Santos decir: “Por eso es que queremos que se acabe esta guerra”. Primero que todo no es una guerra porque así se le llama es al enfrentamiento entre dos ejércitos regulares, y las Farc no es un ejército regular sino un grupo catalogado como terrorista por la comunidad internacional. Al llamarle a esto ‘guerra’, lo que hace Santos es otorgarle a las Farc categoría de beligerancia y estatus político, cuando lo que hacen es cometer acciones terroristas. Además con esta expresión presidencial de autoengaño se crea una perversa relación: ‘a mayor terrorismo mayor voluntad de de diálogo expresada por el presidente de los colombianos’. En consecuencia, las Farc se sienten dueños del proceso de paz y seguros de que no se interrumpirá a pesar de su embestida terrorista, pues lo que logra Santos con su equivocada frase es el efecto contrario, es decir, envalentonarlos criminalmente y que por lo tanto se sientan con una especie de licencia oficial para hacer terrorismo, pues así ellos saben que no corren ningún riesgo de tener que levantarse de la mesa de diálogo.

Es innegable que lo que hace falta es autoridad, la cual no se puede confundir con la tolerancia al crimen contra el pueblo y justificándolo con el incomprensible argumento de que “por eso es que queremos que se acabe esta guerra”, graduando esa tolerancia con el calificativo de que significa la paz. Esta falsa creencia no la acepta el pueblo colombiano.

No es cierto que se trate de forzar al presidente de la república a acabar los diálogos de paz, acusación que se hace bajo el falso argumento de ‘enemigos de la paz’, se trata es de una actitud sensata de advertir el camino equivocado por donde transitan esos diálogos en materia de excesivas concesiones a los adversarios del Estado de derecho. A esto no se le puede apostar un presunto capital político presidencial.

En la diplomacia existe la figura de ‘llamado de un embajador a consulta’ por eventuales inconvenientes entre naciones. En este caso de los graves problemas ocurridos con el terrorismo de las Farc en pleno periodo de diálogos de paz, por qué no recurrir a la figura de llamado a consulta de los plenipotenciarios negociadores del gobierno con la advertencia de regresar a la mesa cuando se pare por completo la violencia por parte de sus contertulios, con verificación internacional y nacional a través de la concentración de esas fuerzas en sitios específicos.

Bajo ningún punto de vista es aceptable la insensatez de negociar en medio de la violencia terrorista como presión de las Farc para conseguir del gobierno todas las concesiones exigidas. Es necesario que el Estado recupere su capacidad natural de negociación.

El presidente Santos debiera reflexionar y llegar a la conclusión de que esta forma permisiva de actuar le cierra su capacidad de maniobra y de liderazgo frente al proceso.

12 jun. 2015

Tipos de uribistas

Por @ruiz_senior

Los antiuribistas
Pensemos en Piedad Córdoba: ¿es la persona que aparece en los computadores de alias Raúl Reyes como Teodora de Bolívar o no? Esa pregunta remite a la condición moral de los colombianos, porque todos conviven con una verdad tan atroz pero casi nadie considera sencillamente criminales a todos los que protegen y defienden a la ex senadora.

Los antiuribistas se dicen demócratas pero no recuerdo al primero que considere criminal a Piedad Córdoba. Y no sólo ella es criminal sino que lo son todos los que la arropan, Y todos los que transigen con los que la arropan, porque si el crimen fuera sólo del último autor material Hitler podría haber quedado exento de acusación por el Holocausto judío: no hay ningún documento firmado por él en el que se ordene construir cámaras de gas ni nada parecido.

Pero Piedad Córdoba era aquí sólo un ejemplo: ¿qué decir de los crímenes terroristas? ¿Cuánta gente los condena y exige el castigo de los responsables? Ciertamente, ninguno de los antiuribistas, para los que eso se debe premiar en aras de la paz mientras que la condena inverosímil a Andrés Felipe Arias por firmar documentos que firmaron sus predecesores y sus sucesores, sin dolo ni mala intención, es algo tolerable (incluyo entre esta clase de canallas al ministro Alejandro Gaviria y su hermano, que no vacila en justificar una monstruosidad semejante).

Los antiuribistas pueden ser los jóvenes que arman grandes escándalos por la minería de oro o por la construcción de un hotel en el Tairona pero callan sobre los vertidos de crudo en el Putumayo, o los que se pretenden intelectuales y consideran tolerable que haya negociaciones de paz con las FARC (y justificadísima la historia de Andrés Sepúlveda o las torturas a María del Pilar Hurtado) pero justísimo el encarcelamiento de Ramos o las condenas a Plazas Vega o Arias Cabrales.

Es ocioso extenderse más: los antiuribistas son los criminales y las guerrillas son sólo los niños sicarios que les aseguran rentas. Es el orden de castas de siempre, con ingresos gigantescos para unos parásitos y miseria sin límites para la mayoría. Dada la situación de aislamiento del país, todas las burdas falacias de su propaganda parecen tolerables pero para cualquiera que conozca un poco el mundo es evidente que se trata del bando que mata y de sus usufructuarios.

Los uribistas fanáticos
Dadas las maravillosas rentas de que disfrutan los políticos en Colombia, no diré nada de los que ocupan cargos o aspiran a ocuparlos gracias a Uribe. Muchos de ellos provienen del Polo Democrático y hace nada formaban parte de las hordas que acusaban a Uribe de dirigir el paramilitarismo. El hecho de que los acepten dice mucho de las condiciones morales del caudillo y su sanedrín.

Es decir, me ocuparé sólo de los que apoyan a Uribe por pura convicción, desde votantes "de opinión" hasta activistas de las redes sociales y periodistas. Son característicos los llamados "furibistas", personas cuya comprensión de la política, la historia, la economía y la administración pública son más bien limitadas pero mantienen una fe ciega en el presidente al que vieron recuperar al país y transmitirles esperanza y orgullo.

El problema de estas personas es que su sentido crítico es muy limitado y no tienen en cuenta que por ejemplo el periodo 2002-2007 fue de crecimiento desmesurado de los precios de las materias primas, lo que produjo un crecimiento altísimo en Colombia pero también en Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina, etc. Mucha gente vio también mejorar su vida en esos años en esos países y a raíz de eso amó a sus líderes.

Esas personas tienen como noción del bien y del mal lo que decida Uribe y ponen por delante el interés personal de su líder al de las instituciones: ¿quién va a ponerse a explicarles que la Constitución de 1991 fue redactada por una asamblea en la que apenas participó el 20% de los votantes en medio de una orgía de terror y que con el tiempo se ha demostrado que su principal objetivo era prohibir la extradición? Eso no les afecta en absoluto: si Uribe no la quiso cambiar, bien está.

La democracia (que en el contexto de este blog y de la política colombiana consiste en la asimilación al orden legal que predomina en Europa y Norteamérica) no puede contar con esas personas, que la reivindican del mismo modo en que lo hacen los comunistas, llamando así a su interés.

Los derechistas duros
He explicado miles de veces lo falaz que me parece hablar de izquierda y derecha. ¿Hitler es del mismo bando que Thatcher? Eso es brutal y obsceno: también cuando se usa para definir como derecha el liberalismo y como izquierda el socialismo. Un dictador corrupto como Fujimori no sería propiamente liberal.

Pero hay un tipo de personas reactivas contra el comunismo y a la vez contra las ideas liberales. Son una endemia en Hispanoamérica por la persistencia de las ideas de la Contrarreforma y muchas de sus pasiones autoritarias y jerárquicas son más parecidas a las de los comunistas de lo que quisieran reconocer (la persecución contra el consumo de drogas o contra las prácticas homosexuales en Cuba hasta hace pocos años les parecería defendible).

El procurador Ordóñez es la figura principal de esa clase de personas, pero también (un poco más moderado) Fernando Londoño. Su apoyo a Uribe tiene que ver con la imagen de un líder fuerte que promueva las ideas de patria y orden y así salve el viejo orden de la disolución que lo amenaza, más por la asimilación al mundo moderno que por la esclavitud totalitaria.

Esta clase de personas no son demócratas, incluso se permiten discutir los derechos humanos. Cuando Uribe incurrió en el temible desvarío de querer buscar otra reelección no vieron una amenaza sino una oportunidad de volver a la Edad Media. En una sociedad democrática moderna se sentirían incómodos y es muy probable que terminaran en el mismo bando de los comunistas (es otro tema que no se puede desarrollar aquí el de la persistencia del comunismo en Hispanoamérica y en España como parte de la resistencia de la mentalidad del castellano viejo).

Los derechistas simples
Con menos elaboración ideológica hay otros personajes, más numerosos que los anteriores, que simplemente apoyan a Uribe porque rechazan a las FARC, sin que les interese entrar en consideraciones más sutiles: la clase de personas que antes del ascenso de Uribe en 2001 vacilaban entre soñar con una intervención estadounidense o un golpe militar o apoyar a Carlos Castaño. Los que en Perú y en Chile habrían apoyado a Fujimori y Pinochet.

No hay modo de explicarles que los cambios que asegurarían una sociedad ordenada no se limitan al combate contra los terroristas sino que exigen una transformación ideológica, institucional y de toda la organización social que no interesa en absoluto a Uribe ni a los politiqueros que lo acompañan.

Los resignados
Finalmente hay que pensar en otros que admiten que no era buena idea buscar otra reelección ni aliarse con Santos ni apoyar la paz, pero tampoco conciben ninguna oposición que no se centre en Uribe. Con la mala fe característica de los colombianos, se niegan a reconocer que el uribismo es hoy por hoy inane, que los terroristas imponen la tregua bilateral y cuando no los complacen multiplican los crímenes hasta conseguir que la sociedad se rinda sin que haya el  menor gesto de Uribe y su séquito de exigir el fin de la farsa criminal.

Por los motivos que sean, esta gente está también en el bando de la paz. Muchos se reúnen alrededor de Francisco Santos, un prócer que lleva treinta años diciendo que las FARC son invencibles (ahora a través de su cuota en El Tiempo, la torpe española Salud Hernández Mora).

El uribismo es una vía muerta. Cuando tuvo el gobierno y el apoyo popular los aprovechó para aliarse con la oligarquía y desistió de tocar el engendro del 91, que es lo que les asegura el poder a los antiuribistas (a la casta dominante que protege desde el poder judicial a sus tropas); en lugar de eso, dio un gran ejemplo de respeto a la ley cambiándola varias veces para que el caudillo se quedara en el poder. En cualquier democracia normal bastaría eso para que la gente lo percibiera como un cadáver político, pero a fin de cuentas seguía teniendo apoyo mayoritario cuando salió de la presidencia y en lugar de oponerse al cambio de rumbo de Santos se dedicó a demostrarle que era él quien conseguía los votos. Por eso no estaba para buscar la Alcaldía de Bogotá y prefirió dejársela a Petro.

Un detalle de la última campaña electoral demuestra en mi opinión que, más allá de los crímenes y las componendas del corto plazo, el uribismo y la izquierda son lo mismo: el que la campaña de Zuluaga se centrara en la idea de la "revolución educativa", consistente en multiplicar los cupos universitarios. Lo que hay que hacer, lo más importante y urgente, lo único que podría impedir la reproducción sin fin de la orgía de sangre terrorista, es cerrar las universidades públicas y cobrarles impuestos a las demás como a cualquier empresa. Porque de lo que se trata es de rapiña, de clientelismo armado, de multiplicación de las rentas de los parásitos de siempre en puestos de profesores y demás sinecuras a costa del presupuesto público. La paz materializa la utopía, para alcanzarla es necesario persuadir a la sociedad de su valor, de ahí que TODOS los medios universitarios sean partidarios de la paz.

En las próximas elecciones, gracias a la hegemonía de los uribistas en la oposición, no se hablará de la paz ni se cuestionará lo que se hace en La Habana, más allá de presionar para que se invite a amigos de Uribe. De hecho, el candidato uribista a la Alcaldía de Cali, un jefe de las FARC por mucho tiempo, fue a agradecerle, como vicepresidente, a Fidel Castro su apoyo a la paz en Colombia.

El que busque la democracia en Colombia tiene que saber que el uribismo no está en ese bando. La persecución del régimen contra Uribe es una completa iniquidad, pero eso no hace que se deba sacrificar la esperanza de regeneración democrática a sus intereses particulares. Seguro que podría exiliarse y no lo extraditarían. Como líder de los militantes del Polo Democrático que no alcanzaron curules y de patéticas élites regionales sin más proyecto que sus negocios, sólo es la oposición que conviene a un régimen que cada vez más es una tiranía como la venezolana.

¿No basta para entenderlo que a pesar de la orgía criminal de las últimas semanas Uribe no haya promovido ninguna movilización para que se acabe la infamia de La Habana? Hay unas cuentas suyas en las que conviene que haya descontento con Santos, la caída del régimen del 91 no es su objetivo, ni muchísimo menos.

El uribismo sólo se irá desdibujando cada vez más porque después de todos los renuncios de su gobierno y de los cinco años posteriores sólo es el "coco" que sirve a la propaganda del narcorrégimen para alentar el odio. 

9 jun. 2015

Paz avanza en lo no negociable

Por Jaime Castro Ramírez

Los diálogos de paz necesariamente exigen posturas de firmeza de parte del Estado para no comprometer en la negociación lo no negociable, o sea, los modelos de políticas públicas que históricamente han hecho parte integral y filosófica de las estructuras económica, política y social de la organización republicana. Si estos modelos se tocan haciendo concesiones a la contraparte cuya posición ideológica siempre ha apuntado a su desvertebramiento institucional y democrático, pues simplemente se está claudicando a defender los principios esenciales que rigen el Estado de derecho amparado por su tradición constitucional, y en consecuencia, el resultado no es otro diferente a la entrega del país a quienes quieren someterlo ideológicamente. Esto significaría que no se negocia la paz sino el futuro incierto de la sociedad.

Negociando la política agraria
El primer error grave convenido por parte del gobierno de Colombia en la agenda de negociación de la paz con las Farc fue justamente el primer punto de esa agenda, el cual denominaron: “Política de desarrollo agrario integral”, donde se habla específicamente, entre otras cosas, de lo siguiente: acceso y uso de la tierra, tierras improductivas, formalización de la propiedad, estímulo a la economía solidaria; puntos estos que quedan abiertos a la interpretación y aplicación de intereses particulares por parte de quienes lograron imponer su negociación, y que parecieran disposiciones calculadas para conseguir su poder político y económico, como es el hecho de decidir el uso de la tierra; según su criterio definir qué son tierras improductivas para disponer de ellas seguramente a través del mecanismo arbitrario de la expropiación; en cuanto a la formalización de la propiedad podría estar por delante la idea de ‘legalizar’ por parte de las Farc sus tierras mal habidas y tal vez circunscribirlas dentro de las llamadas ‘zonas de reserva campesina’ donde ellos mandarán; y en cuanto al estímulo de la economía solidaria, pues es la forma de culminar su propósito de índole socialista, es decir, llegar a la abolición del capitalismo en base a las teorías populistas enmarcadas dentro de la órbita del engaño para significar dizque la ‘humanización de la economía capitalista’.

Este entramado de la política de desarrollo agrario integral significaría el acabose de la producción agrícola, y lo que deja ver es la habilidad política de las Farc frente a la ingenuidad (o torpeza) del gobierno. Mientras que los primeros vuelan, los segundos pareciera que gatean en el escenario de la negociación, pues además, ¿quiénes de los plenipotenciarios del gobierno son expertos en el tema agrario para negociar un punto tan delicado (no negociable)? Respuesta: Ninguno, y ahí están las posibles consecuencias a la vista.

Bueno, la diferencia consiste en que la economía capitalista crea empresa, produce riqueza, crecimiento, da empleo y por lo tanto proporciona bienestar social, mientras que la economía solidaria-socialista es un sistema cerrado y confiscatorio a través de la intervención y expropiación de la propiedad privada y solo produce miseria, pues las pruebas están a lo largo de la historia donde quiera que se haya implantado el sistema socialista.

Entonces, ¿a cuál de los dos sistemas le corresponderá realmente el humanitario calificativo de la humanización de la economía?

La política agraria es parte muy importante del modelo económico colombiano, de tal manera que desde este punto de vista era prohibido para el gobierno someter este tema a negociación con quienes han sido por muchos años autores de asesinatos y violación de derechos humanos de campesinos, al igual que autores de su desplazamiento para adueñarse de sus tierras y con lo cual se convirtieron en terratenientes con bienes mal habidos. Este punto de la política agraria fue rápidamente evacuado en la negociación porque le interesaba a las Farc, y quién sabe cuáles otros puntos de su interés, y luego se estancó el proceso, pues últimamente se conoció por boca del propio presidente Santos que en el último año no ha habido avances, lo cual crea un desgaste intolerable, y también se incrementa la pérdida de confianza de los colombianos en dicho proceso.

El gobierno Santos pareciera que no entendió el por qué para sus interlocutores la política agraria era un punto de exigencia en la mesa de negociación, o si lo entendió pues muy grave su consentimiento de connotación antipatriota para el futuro del país. Ni forma de culpar a las Farc, pues hay que reiterar que ellos están en su derecho de proponer y exigir en la negociación todas las condiciones que consideren, mientras que al gobierno como representante de la sociedad colombiana le corresponde disponer la aceptación o no de esas condiciones, mirando la conveniencia de los intereses del Estado.

Lo que se observa es concluyente en el sentido de que el proceso de negociación de la paz avanzó con la normalidad requerida mientras negociaban lo innegociable para el Estado colombiano: la política agraria, (incluidos otros dos puntos), y después pareciera que ya no hay ningún afán por parte de las Farc, y el presidente Santos se siente incapaz de exigirles resultados poniéndole fecha de terminación a los diálogos.

6 jun. 2015

El valeroso defensor de la libertad de prensa

Por Ruiz_senior

Plinio Apuleyo Mendoza deja claro algo que hace mucho tiempo denunciamos: que la persecución judicial en Colombia contra cualquiera que se oponga a la manguala del narcorrégimen y los terroristas de las FARC es digna de las peores dictaduras que haya conocido la región.

Esa persecución, que es en sí un crimen descomunal y monstruoso, que aplauden todos los pacifistas y equidistantes típicos (a la postre, otros canallas al acecho para tomar parte en la rapiña), no es conocida fuera de Colombia gracias a las copiosas inversiones de Santos en su propaganda, sobre lo que algún día se conocerán detalles. Pero también a que no hay una movilización cívica continuada, resuelta y organizada para denunciarla.

El que lee El País ya estará acostumbrado a que las noticias sobre Colombia tengan un sabor colombiano, lleno de esa bajeza infinita por la que premiar los niños bomba es contribuir a la paz y castigar con 17 años de prisión a Andrés Felipe Arias sin atribuirle ningún dolo ni nada que no hubieran hecho sus predecesores ni sus sucesores en el ministerio es signo de ejemplaridad de la justicia. Todas las noticias que publican desde hace unos años son abierta propaganda terrorista, con entrevistas a Cepeda incluidas.

¿Habrá algún trueque parecido a los pagos en Caracol Radio (propiedad del mismo grupo que El País) con el ABC español? Lo cierto es que la última vez que Santos visitó España le publicaron un complaciente publirreportaje y un entusiasta editorial. Aun la corresponsal del periódico en Colombia es una convencida propagandista de las FARC (si alguien lo duda sólo tiene que leer esta entrevista servil a la entonces candidata presidencial del frente de masas de la conjura terrorista, Clara López Obregón). Parece que al igual que ocurre con El País, publicar lo que sirve a los genocidas es tolerable porque los lectores desconocen el contexto.

Puede que esa benevolencia de los medios internacionales y el control de la prensa influyan en la disposición del presidente colombiano a erigirse con una desfachatez sonrojante en defensor de la libertad de prensa. En una publicación reciente de El Nuevo Herald aparece proclamando que "defiende la libertad de prensa a capa y espada". La verdad es que no es menos enemigo de la libertad de prensa que Chávez o Maduro, pero no tiene que perseguir a los medios porque su clan los posee desde antes de que él llegara a la presidencia.

El primer periódico colombiano es de propiedad de su familia, aunque en previsión de incompatibilidades pusieron como testaferros primero al grupo Planeta (relacionado con el grupo español Atresmedia, dueño de La Sexta, una cadena dedicada al publirreportaje pertinaz de la sucursal chavista local) y después a Luis Carlos Sarmiento. Lo cierto es que el director sigue siendo el esposo de la prima de Santos y compañero de su hermano mayor desde los tiempos de Alternativa. La única revista de circulación nacional la dirige su sobrino y es propiedad de la familia López, emparentada con el grupo Santodomingo, dueño de El Espectador y Caracol Televisión.
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Pero además de que no necesita perseguir a los medios porque los controla desde siempre, su gobierno ha hecho de la propaganda su principal misión, con varios billones de pesos invertidos en incentivos a los medios, que no informan sino que abiertamente hacen propaganda a un nivel que no ocurre en ninguna democracia (cualquier colombiano que conozca la prensa internacional lo detecta inmediatamente). La piñata del "carrusel de la paz" resulta muy indicativa al respecto.

No, este adalid de la libertad de prensa no se limita a esas ventajas que de por sí ya la niegan. Todos los columnistas que de algún modo lo incomodan son despedidos o perseguidos de diversas maneras. Algún día se sabrá quién ordenó poner una bomba contra Fernando Londoño, pero el atentado (que las FARC niegan haber cometido) recuerda demasiado al asesinato de Álvaro Gómez o a al atentado contra Germán Vargas Lleras para que no se piense en amigos de Ernesto Samper ligados a ciertas mafias de la cocaína y con alguna influencia en el DAS de otras épocas.

Antes de las elecciones de 2010 Claudia López perdió su columna en El Tiempo por señalar que el periódico intentaba perjudicar a Andrés Felipe Arias para favorecer a Santos. Cuando se posesionó, Semana creyó innecesario el "pluralismo" de antes y echó a Alfredo Rangel (un uribista que lleva varias décadas defendiendo la negociación política con las FARC). Después desaparecieron de El Tiempo también José Obdulio Gaviria y Fernando Londoño, con lo que en la crítica al gobierno sólo quedan menos del 10% de los columnistas, a los que no han echado por ser poco conocidos.

Claro que el medio es libre de publicar a quien quiera, pero eso sería válido si fuera posible la competencia (lo que no ocurre gracias a la inversión del gobierno en publicidad en los medios ya asentados) y si los colombianos dejaran de pensar que los medios son de propiedad colectiva. Lo cierto es que los críticos de Santos desaparecen del primer plano, como también ocurrió con Cablenoticias o con periodistas como Hassan Nassar.

En todo caso, entre esa realidad y las proclamas de Santos hay una brecha espantosa, como si Alfredo Garavito dijera que es el defensor de la infancia o como si alguien pretendiera inscribir a Adolf Hitler junto a Moisés, los profetas y Maimónides entre los grandes líderes del pueblo hebreo.

El caso de RCN es ya el colmo. Primero sus noticieros contribuían a la propaganda del régimen gracias a la copiosa inversión, pero en algún momento habrán pensado en la audiencia y en el precio de andar tapando la verdad para complacer al régimen, y llevaron a Claudia Gurisatti. Para callarla empezaron las presiones sobre la dirección empresarial, y cuando no dieron fruto se pasó a la intimidación directa a cargo de sicarios del régimen. El paso siguiente serán los atentados y asesinatos.

Voy a comentar el escrito de León Valencia en Semana sobre el tema.

Claudia Gurisatti y RCN
Si en uno de los dos canales de televisión abierta, quien orienta la información declara su intención de poner al medio a favor de una causa política, el panorama se torna totalmente oscuro.
Atención al sintagma "declara su intención". ¿Alguien recuerda que de algún modo la periodista haya declarado su intención de poner el medio a favor de alguna causa política? Se trata de una calumnia en toda regla, franca, directa, una calumnia que nadie puede negar.

¿Por qué los colombianos no detectan una mentira tan descarada como ésa? Porque el dominio del hampa que siguió al  régimen del Frente Nacional, desde la llegada de López Michelsen ha dado lugar a un creciente achabacanamiento. El que forma parte de la clientela oligárquico-sindical-terrorista, es decir, el estudiante o profesor universitario y el empleado público, ya está acostumbrado a suponer que los niños bomba son una molestia que cesará cuando se firme la paz y que en cambio la reunión de Luis Alfredo Ramos con unos paramilitares es un crimen que amerita años de prisión preventiva. Ya es una criatura del mismo rango moral que el columnista o que el que manda niños bomba, valga la redundancia, pues a fin de cuentas León Valencia formaba parte del Comando Central del ELN cuando la banda torturó y asesinó al obispo de Arauca Jesús Emilio Jaramillo Monsalve.

Pero es que los demás colombianos tienen en estos felices usufructuarios del genocidio un modelo, por lo que tampoco están para prestar atención a lo que es verdad o a lo que es recto: requeriría mucha sutileza entender el verbo "declarar", sutileza contra la que atenta toda la "educación" consistente en un adoctrinamiento para odiar a quien la propaganda ordene, siguiendo el ejemplo de los "lavados de cerebro" que efectuaron los comunistas en Corea del Norte (los métodos de tortura con que la Fiscalía consigue arrepentidos, como señala Mendoza que intentaron hacer con María del Pilar Hurtado, forman parte de la misma tradición).

Luego hay que empezar por la verdad: Claudia Gurisatti no ha declarado que pondrá el noticiero al servicio de ninguna causa política. Y lo de "el panorama se torna totalmente oscuro" tiene un sentido que resulta claro al final del escrito.
La cosa ha sido rápida y radical. En un abrir y cerrar de ojos Claudia Gurisatti le está dando la vuelta al sistema informativo de RCN Televisión, le está marcando un parecido indiscutible a NTN24. Pensé que Gurisatti entraría pisando suave, que haría un reconocimiento del terreno y empezaría a hacer los cambios poco a poco. No la conocía. Los que la conocen me decían lo contrario.

Ella es desafiante, irreverente, audaz, inteligente, alzada, obsesiva, me advertían. Cuenta, además, con el apoyo irrestricto de Carlos Julio Ardila, propietario del medio y tambor mayor de la familia Ardila, agregaban.

Me contaron una anécdota. En la pasada campaña electoral estaba listo el debate entre Santos y Zuluaga en RCN Televisión. Gurisatti fue escogida por el canal para dirigir el debate. Del equipo de Santos protestaron y dejaron ver que no irían al round bajo la batuta de una persona abiertamente parcializada a favor del candidato uribista. RCN, con la orden de Ardila, mantuvo la decisión. En la Casa de Nariño acordaron no asistir. Solo que de la campaña de Zuluaga, un día antes, cancelaron el compromiso con el pretexto de que el candidato estaba enfermo. Así pasó desapercibido el pulso que Gurisatti le ganó al presidente Santos.

Ahora ha demostrado que viene con todo a imponer su estilo en RCN. Metió a Soraya Yanine, su compañera en NTN24, a la subdirección y arrasó con el equipo que bajo la conducción de Rodrigo Pardo estaba cubriendo las noticias de la Presidencia y las que venían del proceso de paz de La Habana. Se fueron Camilo Chaparro, Juan Carlos Giraldo, Jairo Gómez y Juan Carlos Ossa. Todos ellos distantes del credo uribista.
¿A que tiene gracia? De modo que una empresa nombra a una periodista que ha estado siempre ahí para dirigir a un noticiero en reemplazo de un antiguo ministro del gobierno más claramente comprometido con actividades terroristas y de tráfico de cocaína y ligado de mil maneras al jefe de ese gobierno, que también es el jefe político de Piedad Córdoba, embajadora de una banda de asesinos, y eso es violación de la imparcialidad periodística porque lo denuncia un jefe de otra banda terrorista convertido por afinidad con el clan reinante en maestro de moral.

Si una parte mínima de los colombianos fueran conscientes de que eso ocurre porque ellos lo toleran ya se habría avanzado mucho. Pero los que no están con los secuestradores creen que algo así ocurre lejos de ellos, sin relación con ellos. Es algo monstruoso: lo que ha sido el periodismo colombiano durante los últimos cinco años es pura propaganda del terrorismo y del gobierno que lo premia y refuerza. ¿Cómo podría haber una voz crítica? Eso no lo toleran y empieza la intimidación descarada a cargo de quien no tiene muchos escrúpulos para ordenar secuestros de niños y asesinatos de ganaderos. Pero ¿cuántos colombianos sienten que eso los RETRATA a ellos? Casi ninguno.
No he oído en estos días voces de alarma por esta situación. Pero es grave. Con solo dos grandes canales de televisión abierta, que forman la opinión de la inmensa mayoría de los colombianos, ya es bastante precaria la pluralidad informativa del país. Pero si, además, en uno de ellos, quien orienta la información declara su intención de poner el medio a favor de una causa política, el panorama se torna totalmente oscuro.

Sé que Claudia Gurisatti tiene en su alma heridas que la acercan a Uribe y a su grupo. En el mejor momento de su carrera periodística, empezando el año 2001, los organismos de seguridad del Estado le dijeron que las Farc tenían un plan para matarla y con esa carga encima tuvo que salir del país apresuradamente y solo ahora regresa con sus baterías contra el proceso de paz y su distancia con Santos.

Ahí no está el problema. Santos bien puede recostarse en los medios de la familia Santo Domingo y de Sarmiento Ángulo. Pero este país es más que las Farc y Uribe, más que Santos y Uribe. Este país quiere ser un territorio de muchos colores, un lugar donde florezcan las más diversas opiniones. Un país donde se oiga a las regiones, a los negros, a los indios. La obligación del periodismo es recoger todas las voces.
La desfachatez de este asesino no tiene límites: ¿ahora la existencia de una voz crítica con los asesinatos que el gobierno promueve es una amenaza a la pluralidad porque no es la voz de los indios y negros? ¿Acaso lo es su revista, un órgano abierto de las FARC donde sólo hay columnistas que aplauden a los terroristas y semana tras semana divulgan calumnias y amenazas contra cualquiera que discrepe? ¿Cabe mayor desfachatez?
NTN24 no ha sido un lugar del periodismo, es un órgano de propaganda, en el más puro sentido leninista, para atacar día y noche a las izquierdas de América Latina y propagar las ideas de las derechas del continente. Pero en el vasto panorama de la región este medio no era relevante. En cambio en Colombia RCN Televisión si lo es. Acá se disputa la mitad de la audiencia. Acá en pueblos y ciudades las dos cadenas reinan día y noche en los televisores encendidos llevando información con la cual la gente toma decisiones.

Hay quienes establecen una similitud entre el modelo informativo de Gurisatti y el que desarrolló Fox News, el medio que se la jugó toda a una idea y a una figura política y logró catapultar a George Bush y a los republicanos en un momento decisivo de la vida norteamericana. Pero Fox News es televisión por cable.

No es una buena comparación. Estados Unidos ha tenido una gran variedad de alternativas periodísticas y de medios influyentes, también una historia de escrutinios al poder desde la prensa que ha tumbado presidentes, ha destapado grandes escándalos de corrupción y ha sido crucial para terminar guerras como la de Vietnam. No son para nada ajenos a la monopolización y a la manipulación de la información y ahora el panorama no es alentador, pero están lejos de nuestras graves limitaciones.
Genial, NTN24 no es periodismo sino propaganda, lo contrario de Semana. Dentro de poco Colombia será el país de la decencia y los demás los países del crimen.
Estamos en un momento virtuoso del país. Existe la posibilidad de terminar una guerra de más de 50 años y también la probabilidad de una apertura a cambios políticos y sociales. Hay muchas señales en esa dirección. Pero la señal de Gurisatti, de RCN Televisión y de la familia Ardila Lülle está en contravía a esas transformaciones tan urgentes de la vida nacional y también puede ser riesgoso para el grupo empresarial.

Cada día hay más atentados terroristas, más extorsiones, más recursos para compra de explosivos, más territorios dedicados a sembrar coca, más toneladas de cocaína exportadas, más niños reclutados por los terroristas, más adoctrinamiento en las escuelas, más asesinatos de policías y militares por el Plan Pistola, más predominio de los asesinos en el gobierno, etc., pero para uno de ellos es un momento virtuoso para el país. ¡que se abre a cambios políticos y sociales!, nombre de la instauración de una dictadura como la cubana (si se piensa en el poder judicial, hace tiempo que eso ocurre). Y de repente aparece una periodista que incomoda.

El grupo empresarial está en peligro. Su dueño, o la familia de su dueño, podría sufrir percances, o bien el gobierno podría expropiarlo o perjudicar sus intereses (forma parte de la misma amenaza). El maestro de moral de las clases altas, perfecto retrato de la clase de subhumanos que las conforman hoy en día, sale a advertir de ese peligro.

¿Habrá quien dude de que este asesino cumple un encargo de Santos? Seguro que no serían siquiera capaces de negarlo. Pero el director de ABC no vacila en poner a su periódico al servicio de tan repugnante régimen. ¿Qué incentivos tendrá?

Los interesados en el tema pueden oír la respuesta de la periodista en este documento de audio.

2 jun. 2015

¿Cheque simbólico engaño a Bogotá?

Por Jaime Castro Ramírez

Tratándose de gestión de gobierno, los estados de ánimo de la sociedad son directamente proporcionales al grado de satisfacción o de desconcierto que causa la fuente que los produce. Si es satisfacción, la gente agradece la gestión pública que la genera y expresa sentido de gratitud, de lo contrario, si la expectativa se convierte en engaño público, la respuesta producirá efectos de repugnancia colectiva hacia la acción del autor o autores de la impostura. Esta segunda conclusión es una condena hacia los comportamientos perversos de gobernantes que conspiran, en forma grave, contra los intereses sociales a través de posturas farsantes con adorno ficticio de promesas engañosas.

Financiación del Metro de Bogotá con cheque simbólico



Foto de campaña política con la sonrisa de la apariencia. 

En esta imagen, del 25 de Mayo de 2015, lo primero que pareciera advertirse es la lectura fantasiosa que transmiten los protagonistas de la acción, es decir que ni siquiera disimulan en su vana expresión una especie de escena de ficción al estilo comedia burlesca donde se invierten el decoro y los valores serios.

Quizás creen tener el don sobrenatural de la palabra y sonrisa hipnotizantes que el pueblo debe asumirlas como acciones serias, pero resulta que el pueblo piensa, y tiene la facultad de obrar por reflexión a través de su capacidad de raciocinio.

El ‘papel’ que muestra el presidente Santos dice: “Páguese a Bogotá la suma de: El 70% de inversiones para el Metro”. Lo no serio de esta calculada foto (de solo intención política electoral) empieza por tener que decirse que la realidad del hecho no existe por cuanto esa plata del 70% aporte de la nación (9.65 billones de pesos) no está en ninguna parte, no tiene ninguna apropiación financiera, está solo en la imaginación ligera y folclórica que produce fantasías. Y en esto hay que aclarar que con esta cifra están hablando para aplicarla únicamente a 27 kilómetros de la primera línea del Metro, y sin hablar de los ineludibles y exagerados sobrecostos que resultarán. Igual fantasía de parte del alcalde Petro, pues Bogotá tampoco tiene más de 4 billones de pesos que le correspondería aportar para este tramo de la obra.

Lo único que se ve claro en esta promesa del presidente de la república y del alcalde de Bogotá es que están haciendo política con el tema del Metro, pues se aproximan las elecciones regionales de Octubre de 2015 para elegir alcaldes y gobernadores, y entonces es el momento de intervenir en la elección del nuevo alcalde de Bogotá, y también es el momento de darle un empujón a la proyección política futura del señor Petro, en lo cual parece interesado el presidente Santos.

La seriedad que se le observa a esta propuesta daría para pensar que con cheque simbólico Bogotá podría tener Metro Simbólico.