2 sept. 2015

¿Qué tan cierto es que la justicia cojea pero llega?

Por Juan José García*

Colonellus plazas servatorem democratiae 
Declaro al Coronel Plazas Vega como salvador de la democracia.


Es un héroe de la Patria que sufre una condena injusta por parte de los Magistrados del Tribunal Superior de Bogotá Alberto Poveda miembro del Polo y Fernando Pareja elegido por Javier Cáceres quien luchó por sacar de la Dirección Nacional de Estupefacientes al coronel Plazas Vega.

El M-19 se tomó la Embajada de la República Dominicana llamada también "Operación Libertad y Democracia", del 27 de febrero hasta el 25 de abril de 1980. No lograron la libertad de los presos políticos, pero sí la suma de tres millones de dólares y la facilidad de salir hacia Cuba. Los bandidos del M-19 pensaron que con el apoyo de la mafia y la toma del Palacio de Justicia iban a doblegar al gobierno y podían obtener los mismos resultados de la Embajada Dominicana. No pudieron hacer el juicio al Presidente, que era uno de sus propósitos, mas sí la quema de los expedientes de los narcos. Tristemente, tiempo después Pablo Escobar logró quitar la extradición, sabrá Dios cuánto dinero se repartió.

Los del M-19, criminales, secuestradores y violadores de los derechos humanos, con ayuda de Pablo Escobar, son los únicos responsables y causa de todos los males acaecidos en el Palacio de Justicia y hoy día, cínicamente son catedráticos de la moral, ocuparon y ocupan importantes cargos dentro del gobierno, como Gustavo Petro, Rosemberg Pabón, Antonio Navarro y otros, mientras los miembros de la Fuerza Pública, que por Constitución defienden la vida, honra y bienes de los ciudadanos exponiendo sus vidas, y viven separados de sus familias por largos meses, o por acuartelamiento no comparten las festividades de navidad y año nuevo, o fines de semana con sus esposas e hijos; son perseguidos, vituperados, difamados, calumniados y juzgados bajo cargos de falsos testigos: Gámez Mazuera, René Guarín y Tirso Sáenz. Edgar Villamizar nunca declaró contra el coronel Plazas Vega.

Son enemigos de los militares las ONG’s izquierdistas, el cura Javier Giraldo (Comisión Intereclesial de Justicia y Paz.) y el Colectivo de Abogados "José Alvear Restrepo", como Alirio Uribe quien acusó al coronel falsamente, y su función es obtener grandes sumas de dinero por demandas contra el Estado. Testis unus, testis nullus, testigo único, testigo nulo.

Hay grupos de abogados contratados, bien manejados y pagos por la mafia y los narcoterroristas, para atacar y perseguir a los militares y de paso tratan de condenar y meter a la cárcel al Dr. Álvaro Uribe Vélez. Hay jueces y magistrados corruptos, que en un infame contubernio con la justicia y la fiscalía cumplen lo ordenado en la Plataforma de los 10 Puntos de Cano que en el literal Q dice:

“La llamada Fuerza Pública (Fuerzas Militares y de Policía), así como todas las fuerzas que con armas defienden las instituciones oficiales, han sido condicionadas para proteger a los más ricos y reprimir a los más necesitados, por tanto deben disolverse y dar paso a una Fuerza Armada Democrática de corte BOLIVARIANO”.

Y el Foro de Sao Paulo dice:

“Fuerzas armadas y de seguridad: Persecución de quienes los han combatido en la guerra contra la subversión 60/70 (Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia). Persecución mediática y judicial.”

René Guarín atracador de bancos, acusó al coronel Plazas Vega, diciendo que una mujer que llevaba un soldado al hombro era su hermana Cristina del Pilar, pero más tarde se esclareció que la mujer era María Nelfi Díaz. Pero para Dios no hay nada imposible.

“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". (Romanos 12, 19)

De manera que yo pido a Dios que esta injusticia sea cobrada por el Altísimo contra Ángela María Buitrago, María Estela Jara, Javier Cáceres, Alberto Poveda, Fernando Pareja y todos los falsos testigos.

¿Por qué la Corte Suprema de Justicia demora el recurso de casación? El ponente de la segunda instancia propuso la absolución, y al no ser atendida, presentó salvamento de voto. El ponente de la Corte Suprema también presentó ponencia absolutoria. Y el Ministerio Público ha pedido en once ocasiones la libertad, la revocatoria de la condena y la absolución del señor coronel Plazas Vega. Por tanto es inaudito e injusto que el siga privado de la libertad con ocho años y tres semanas de prisión físicamente cumplidas, mientras que alias "el alemán" ha sido excarcelado luego de confesar mil quinientos crímenes, al cumplir ocho años, es decir menos que lo que lleva encerrado, siendo inocente, nuestro héroe nacional.

Cuantos asesinos, criminales y narcos violadores de menores tienen casa por cárcel, pero la justicia se ensaña contra quien defendió la democracia. Pero los narcos terroristas, el Partido Comunista, Teodora, Cepeda y todos los enemigos de las FF.MM.,ejercen presión para impedir la libertad de un inocente.

Señor coronel Plazas Vega, aun cuando los contemporáneos y la justicia parcializada traten de silenciarlo y retenerlo por odios, venganzas o envidias, otros vendrán que sin favor ni pasiones le harán justicia, y espero que un día pueda llevar a cabo el ACTIO DAMNI INFECTI. Acción reclamando la indemnización de daños y perjuicios por una condena infame basada en falsos testigos y dirigida por una justicia en complot con las mafias y el comunismo.

GRATIAS AGÁMUS DOMINO DEO NOSTRO. DIGNUM ET JUSTUM EST.

*Abogado.

1 sept. 2015

Acciones de gobierno extemporáneas

Por Jaime Castro Ramírez

La efectividad y credibilidad son consecuencias de la realización oportuna de los actos que conllevan hacia la consecución de un objetivo. Las acciones extemporáneas pierden algún grado de rigurosidad en cuanto al sentido de la verdadera intención con que se requiere actuar, y a su destinatario le crea un matiz de alguna desconfianza respecto a la realidad expresada en la materialización del hecho. Actuar a tiempo en apoyo a una buena causa gana gratitudes y el reconocimiento justo y sincero a la oportuna acción.

Los compatriotas deportados de Venezuela
El gobierno del vecino país, cumpliendo órdenes expresas de su presidente el señor Nicolás Maduro, procedió a materializar una agresión desmedida de violación de derechos humanos y deportación en contra de colombianos residentes en Venezuela, personas que por largo tiempo le han aportado trabajo para bien de los intereses económicos de ese país. Este perverso episodio lo montó Maduro como cortina de humo para tratar de atenuar ante los venezolanos y ante el mundo la severa crisis interna política y económica que ha conducido que ha conducidoa crisis polel país a la miseria, y por supuesto lo ha conducido a él mismo a su propia decadencia como caudillo responsable de la dictadura.

Para tratar de justificar su perversidad con los colombianos, Maduro les inventó un fantasma generalizado de ‘paramilitarismo’, lo cual es falso, pues la realidad es que el verdadero paramilitarismo en Venezuela son los grupos civiles de matones armados por el régimen, llamados “colectivos”. Además, es conocido que en su patio opera el narcotráfico a través del llamado ‘cartel de los soles’. El ignominioso procedimiento contra los colombianos es un pataleo como consecuencia del temor político ante lo que espera el régimen dictatorial frente a la oposición en las próximas elecciones legislativas de diciembre de 2015.

Es denigrante contra la dignidad humana lo hecho por la fuerza pública venezolana sacando a los colombianos de sus casas dejando todos sus bienes y enseres, y luego procediendo a demoler sus casas, subirlos en buses y votarlos en la frontera expulsándolos de donde han hecho su vida, su familia y su patrimonio.

Pero un hecho muy diciente fue la respuesta tardía y débil, al igual que equivocada del gobierno de Colombia ante el oprobioso comportamiento del gobierno venezolano. Lo primero que debió haber hecho el presidente Santos fue haber denunciado de inmediato ante los organismos internacionales tal circunstancia, y esa denuncia debió ser ante la ONU, la OEA, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (lo cual no ha hecho); pero resulta que, aparte de extemporánea, acudió ante la UNASUR, solicitando una reunión de cancilleres de los países que conforman esta inútil organización, la cual tiene como antecedente haber sido creada en su momento justamente atendiendo la propuesta del gobierno venezolano de Chávez, con el objetivo de aislar a la OEA, y de paso aislar a dos de sus miembros: Estados Unidos y Canadá. De ahí que Maduro vocifera diciendo que ‘fuera’ la OEA de tener que ver con su país.

Entonces, lo que hizo Santos equivocadamente fue pedir que se reúnan en la primera semana de Septiembre de 2015 los amigos del tirano Maduro para que resuelvan ésta delicadísima situación, es decir, para que todo siga igual, pues con seguridad no condenarán la actitud totalmente inamistosa de Maduro, y por consiguiente no harán nada a favor de los intereses de estos colombianos maltratados y expulsados de Venezuela. Acudir a UNASUR será tan inútil como la reunión en Cartagena de la canciller venezolana con la canciller colombiana para tratar el mismo tema, donde ésta última, sumisamente aceptó la arrogancia y las imposiciones de su visitante interlocutora.

Peor aún será la instancia de recurrir a UNASUR si allá está enquistado como secretario general un personaje de ingrata recordación, que por conocidas razones históricas de la forma como llegó a ser presidente de Colombia, y consecuentemente como ejerció el cargo, se convirtió en una vergüenza para el país: Ernesto Samper. Pero además se sabe que este individuo está al servicio de Maduro, tanto que se ha pronunciado acolitándole la falsa acusación generalizada de paramilitarismo a los colombianos, incluido el insolente irrespeto a la dignidad de un expresidente de la república de Colombia.

La atención humanitaria es obvio que le corresponde al gobierno colombiano Esta situación de la crisis humanitaria en la frontera es otro asunto diferente a la infame agresión del gobierno de Maduro. Le corresponde al gobierno colombiano atender esta emergencia con asistencia humanitaria a los colombianos expulsados de Venezuela en condiciones humanamente lamentables.

Este es otro evento donde también actuó extemporáneamente el presidente Santos, pues solo apareció en el escenario de los hechos, es decir en Cúcuta, cinco días después de iniciado el problema, y quizás lo hizo obligado por las circunstancias políticas que rodearon su pasividad, y en consecuencia lo presionaron a tener que abordar el cumplimiento de su responsabilidad en este complicado inconveniente para el país.

28 ago. 2015

La nada inocente cruzada antitaurina

Por @ruiz_senior

Como ocurre con casi todo en Colombia, hay dos bandos, el de los interesados en alguna causa y el de los indiferentes: así ha ocurrido con el sindicalismo estatal, que es un frente de la conjura comunista mucho más importante que las FARC y el ELN. Los funcionarios protestan, hacen huelgas, presionan, intimidan, siempre dirigidos por el Partido Comunista, y así consiguen privilegios que la gente de un país civilizado no concibe. Casi nadie sabe que en Colombia los empleados del Banco de la República se pensionan a los 45 años, que los maestros cobran el sueldo aparte de la pensión, que hay personas que han trabajado veinte años y viven otros cincuenta cobrando pensión (con otros trabajos), que los sueldos y pensiones de muchos funcionarios son diez, veinte o hasta cincuenta veces superiores a los de la gente que hace trabajos pesados...

Hay muchos más perjudicados por esos hechos que clientelas del comunismo, o sea, que los que "se organizan y luchan", pero a nadie se le ocurriría que pudiera haber una protesta contra ese estado de cosas. De hecho, la mera opinión en contra es minoritaria. La sociedad padece anomia ("conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación"), todo el que está excluido de esos privilegios lo lamenta y a toda costa intenta brindar a sus hijos una educación para que roben y parasiten como los afortunados de hoy en día.

Los colombianos ya están acostumbrados a que esa rapiña por despojar a los demás de los recursos con que se podrían construir obras públicas o pagar servicios esenciales se llama "la lucha". La lucha por la revolución era el sueño de justicia (o sea, de ascenso a cargos de poder para los organizadores y luchadores) que caracterizaba a todos los universitarios, que ahora han cambiado por la paz: ya no quieren salir a matar policías y a secuestrar ganaderos, sino ir a reconciliarse en nombre de los policías asesinados y los ganaderos secuestrados con los universitarios de la generación anterior que han entregado su vida a la lucha.

Pero sin la lucha no hay modo de movilizar a las masas, y de hecho la paz es una forma de lucha, dado que muchos intolerantes de extrema derecha no quieren la reconciliación y hay que combatirlos, de lo cual ya hay bastantes testimonios en las redes sociales. Obviamente por la calle no, porque el que saliera solo por el centro de Bogotá con una camiseta contra las FARC se jugaría la vida. ¿O cuántas personas se ven con camisetas de rechazo a los asesinos y cuántas con camisetas del Che Guevara? Bueno, los de las camisetas del Che Guevara son los de la paz, o sea, los de la lucha por la paz, las palabras tienen para los colombianos un sentido especial, todo se acomoda a cualquier interés y realmente los que se organizan y luchan por la paz no son en nada diferentes de los que secuestraban niños, como Petro, que es uno de los principales líderes de los amigos de la paz.

La lucha no puede parar, por eso ahora que se acerca la paz es mejor guardar las banderas del socialismo y la revolución para otro momento y luchar por otras causas: por los derechos de la población LGBTI, por el feminismo, por la ecología... Siempre encuentran algo que permite a los funcionarios distritales dedicar sus horas laborales a tareas de Agitprop gracias a las cuales se mantiene, sobre todo entre los jóvenes, la adhesión a Petro y a las diversas organizaciones de izquierda, todas relacionadas directamente con las FARC y el ELN.

De ahí viene la fiebre antitaurina. Pero insisto, todo eso está en el libreto: ¿de dónde sale el dinero con el que miles de asesinos terroristas cobran sueldos 15 o más veces superiores al mínimo en las universidades? De los recursos comunes. Se los roban a los demás, que no quieren darse cuenta porque no conciben otro mundo que el infierno de rapiña y atropello en que viven. En ese caso se trata de dinero, en el caso de la persecución a los taurinos se trata de LIBERTAD. Lo que los asesinos totalitarios intentan es despojar a los ciudadanos de su libertad y para eso organizan una consulta para prohibir los espectáculos taurinos.

Como es tan grato sacar pecho por el buen corazón que se tiene y a fin de cuentas esa tradición no cuenta con tanto público como el fútbol, la cruzada antitaurina encuentra toda clase de apoyos de gente que no necesariamente apoya a las FARC. Es una apariencia. Los que aplauden que se persigan tradiciones y se prohíban espectáculos arraigados y con gran prestigio están contra la libertad y son de una manera u otra clientela de los terroristas.

El espectáculo taurino tiene muchos defensores valiosos: ha habido muchos miles de artistas y literatos importantes que aman la tauromaquia, siendo una tradición localizada en el Mediterráneo y algunas regiones hispánicas, obviamente serán más los que no tienen interés por ella. De lo que no he oído hablar nunca es de algún artista o literato reconocido que sea partidario de perseguir o prohibir esos espectáculos. Pero no es la cuestión: nadie está obligado a acudir a ellos, tal como nadie está obligado a ver pornografía o a participar en prácticas homosexuales. ¿Por qué no respetar la elección de los demás?

Colombia es demasiado salvaje y absurda para que su población se pueda incluir cabalmente en la humanidad. Las mayores atrocidades no interesan a nadie y nunca son tendencia en Twitter, pero en cambio sí hay grandes protestas porque alguien quiere hacer un hotel o grandes campañas para privar de su diversión a los aficionados a un festejo tradicional. Pero insisto, además de los imbéciles que quieren adornarse de buenos sentimientos persiguiendo a otros (que nunca son los que matan, secuestran y violan), la cruzada antitaurina es cosa de los asesinos y sus jóvenes catecúmenos. El problema es la total indiferencia de los demás.

Ése es el único problema: la prueba de que la libertad no les importa absolutamente nada y se dejarán imponer las prohibiciones que los asesinos quieran. Ya cinco años de hegemonía de las FARC en el gobierno y en los medios han mostrado el grado moral de la población. La persecución a la tauromaquia será otro paso. No hay esperanza.

(Otrosí: me faltó señalar el factor corruptor de esa propaganda: en su afán de tomar parte en la lucha y de exhibir su buen corazón, los universicarios empiezan a asumir como cosa normal que matar toros es lo mismo que matar personas, y en realidad peor, porque a las personas se las mata en aras de la justicia social. Ese cretinismo moral conduce a que las tiranías del crimen organizado traten a las personas como ganado, cosa que está en el fondo de su concepción del mundo. Es otro elemento que demuestra la disponibilidad de millones de colombianos a asociarse con criminales en aras de adorno "intelectual" y "humanitario".)

25 ago. 2015

Presidente, ¿y la república?

Por Jaime Castro Ramírez

La filosofía política define la República como “Forma de gobierno representativo en el que el poder lo otorga el pueblo eligiendo a un Presidente para hacerse representar en el ejercicio del poder y en la administración del Estado”. A partir de esta definición del pensamiento filosófico republicano se advierte el mandato que el pueblo le asigna a quien elige Presidente de la República, mandato patriótico que debe cumplir acatando el obligado respeto a la Constitución y la ley.

La República requiere entonces de la lealtad patriótica de un verdadero representante de la protección de los intereses comunes de la sociedad, y de la defensa del Estado de derecho y de su institucionalidad.

Colombia irrespetada y sin autoridad que defienda su dignidad
Lo peor que le puede ocurrir a un gobernante es asumir la condición de arrodillamiento frente al comportamiento oprobioso de otro gobierno en contra de los intereses y la dignidad de los compatriotas, y de los intereses republicanos que le corresponde defender.

La patria se defiende, no se claudica ante la adversidad, ni mucho menos se claudica ante la agresión de gobiernos extranjeros.

El señor Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, ha venido agrediendo a Colombia y a sus nacionales en forma desmedida, pero sin embargo ha contado con el silencio por parte del gobierno Colombiano, o cuando mucho una muy tibia referencia de insignificante contenido respecto a alguno de los bochornosos hechos. Dice el adagio popular que ‘el que calla otorga’, algo así como conceder licencia para actuar. Las siguientes son algunas de las acciones completamente inamistosas de Maduro:

1. Expulsar de Venezuela en forma inhumana y sin fórmula de apelación a colombianos que llevaban varios años allá y que por lo tanto habían construido una familia y habían conseguido un patrimonio con el esfuerzo de su trabajo.

2. Dice que los colombianos se van para Venezuela huyéndole a la miseria en Colombia, pero resulta que infortunadamente para los venezolanos la miseria es allá, donde no consiguen ni siquiera comida para la subsistencia.

3. Irrespeta nuestra nacionalidad afirmando que los colombianos que van a Venezuela son bandidos de la peor laya.

4. Da orden unilateral de cerrar la frontera perjudicando en forma grave a colombianos y a venezolanos que viven de los intereses comunes creados en una frontera viva por sus relaciones comerciales, económicas, culturales, y de costumbres afines.

Si este escenario de episodios fuera a la inversa, es decir, de Colombia hacia Venezuela, sería fácilmente imaginable la respuesta de ese gobierno hacia las autoridades de nuestro país en defensa de sus intereses, la diferencia es que de nuestra parte no se exige respeto.

Algo hay de distancia entre la denominación nominal de Presidente, y la honrosa denominación que implica la Institución de la Presidencia de la República, y por supuesto la honrosa y grande responsabilidad de ejercer el cargo de Presidente de la República.

La conclusión es que tiene que existir cohesión total entre persona Presidente y su ejercicio de entrega responsable al servicio de la Institución denominada República, lo que significa que no hay lugar a calcular acciones de contenido y beneficio narcisista para enaltecer la imagen personal.

21 ago. 2015

Del columnista al sicario


Por @Ruiz_senior


Genocide Inc.

El crimen organizado en Colombia es una gran empresa, no sólo en la acepción de "Acción o tarea que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo" sino también en la de "Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos". La "industria" de la que deriva el lucro es el poder político de sus accionistas y ejecutivos, mientras que las demás actividades lucrativas de la empresa sirven sobre todo para financiar la operación que permite ese creciente dominio.

El producto de esta empresa es la persuasión: los asesinatos son la base de esa persuasión, la labor de cobro y legitimación es la pieza que les da sentido y rentabilidad. No hay una diferencia importante entre la labor del sicario que castra a un policía delante de sus vecinos y la del columnista que propugna por la paz. No ver esa obvia relación es como si alguien pretendiera que el perfumado ejecutivo que efectúa transacciones de grandes cantidades de jamón perteneciera a un negocio distinto del que ocupa al modesto empleado que descuartiza a los cerdos.

Como en cualquier empresa, la labor principal es el marketing: sobre todo el interno, con incentivos morales y promesas para los que hacen el trabajo más duro, con adoctrinamiento sistemático en los colegios y universidades, selección de personas resueltas que pueden servir en los distintos niveles de la organización y provisión de recursos y "normas" (como obligar a un adolescente a comerse a la novia) para los que incumplen la disciplina.

Pero también el marketing externo cuenta, y se confunde con la tarea principal de la organización, cuyo núcleo directivo es la relación en apariencia informal entre la nomenklatura cubana, las familias presidenciales del grupo de Alternativa y los dirigentes del Partido Comunista y otros grupos en apariencia distintos. Ese marketing está destinado por una parte a conseguir apoyos, votantes, simpatizantes, gente que acude a manifestaciones, da lo mismo que sea para prohibir los toros que para favorecer el consumo de marihuana o las relaciones LGBTI.

Causas remotas y próximas
Como ya he explicado muchas veces, la causa remota del narcoterrorismo y de su formidable entorno de sindicalistas, adoctrinadores y literatos es la cultura derivada del régimen colonial. Es decir, el origen mismo de la nación colombiana y la institución predominante en la mayor parte de su historia: la encomienda. La esclavitud de los indios se mantiene en figuras como el servicio doméstico de que disfrutan la mayoría de los empleados públicos, sobre todo en Bogotá. Se calcula que hay en la capital un millón de personas con título universitario, y dado que no se produce en la ciudad ningún bien que se exporte, ni siquiera a otras regiones, ni ningún servicio significativo ajeno a la función pública, es de suponer que la mayoría de esos "doctores" viven directa o indirectamente del Estado.

La conjura comunista se encontró con las necesidades de los descendientes de los encomenderos, que en una democracia normal no encontrarían pretextos para su parasitismo ni para sus privilegios. La violenta oratoria revolucionaria de los universitarios de los años sesenta y setenta dio lugar tanto a la "masa crítica" de asesinos y secuestradores (la mayoría de los miembros de las FARC no proceden de la universidad sino del reclutamiento infantil, pero su lealtad a la banda sólo depende de que ésta pueda persuadirlos a punta de terror y a la vez ofrecerles una paga; los que mantienen la función política son TODOS de la universidad), como a los grupos de agitadores que animarían y luego controlarían los sindicatos de funcionarios.

De tal modo, las masacres son necesarias para asegurar las pensiones a los cuarenta y cinco años de los funcionarios del Banco de la República y los sueldos de veinte salarios mínimos de los profesores de universidades públicas, cuya lealtad electoral e ideológica es a su vez necesaria para que la banda siga operando y pueda contar con perspectivas de negociación de paz. Es un círculo perfecto.

Pero más en concreto la empresa surge de la expansión soviética en los años veinte a través de la Komintern: durante más de medio siglo miles de aventureros colombianos recibieron formación en el territorio de la antigua URSS en tecnologías de terror y engaño para hacer avanzar el programa revolucionario. Al respecto conviene revisar esta noticia.

La propaganda de la paz de un personaje como Abad Faciolince es parte de la empresa de toma del poder por los conjurados organizados en el Partido Comunista y en otras redes ligadas al grupo de Alternativa y a camarillas judiciales y universitarias, pero todas ellas en evidente relación. Los niños bomba son otra parte, son la persuasión necesaria, sin ella Abad Faciolince no tendría nada que cobrar con su tranquila benevolencia.

La batalla de los nombramientos
La expansión comunista no es sólo el aumento del territorio controlado por los asesinos ni la influencia que logran con la propaganda incesante (llámese educación o información, en Colombia sólo se trata de propaganda de Genocide Inc.), sino sobre todo el control del Estado gracias al ascenso de los miembros de la conjura en todas las instituciones. Ya sean políticos, jueces, diplomáticos, profesores, cargos municipales o regionales o contratistas, los conjurados han estado copando la función pública durante más de medio siglo. Personajes como Horacio Serpa, Alfonso Gómez Méndez, Humberto de la Calle, Martha Catalina Daniels, Carlos Gaviria, Eduardo Montealegre y muchísimos otros se delatan al cabo del tiempo como miembros de la conjura totalitaria con cargos públicos de relieve.

Seguramente hay también muchos militares que sirven a Genocide Inc. pero es difícil saber cuáles son: puede que la mayoría de los entusiastas de la paz sean meros oportunistas ilusionados con ascender como aliados del crimen organizado, o beneficiarios de cañonazos de cientos de millones.

No hay ninguna esperanza de implantar en Colombia un régimen de democracia liberal como los que imperan en Europa occidental y Norteamérica sin hacer frente tanto a la cultura del parasitismo como a las redes de miembros de la conjura asesina que hoy dominan el Estado. Cualquier ilusión de que se puede arreglar el país con un poco de buena voluntad es a la larga perjudicial.

La industria del prestigio
Hace un tiempo comenté el escándalo que siempre vuelve, por ejemplo en esta publicación del literato Harold Alvarado Tenorio (reproducida con fervor por algunos uribistas), sobre el escrito de un tal "Ayatolá" contra García Márquez por su fuga a México en 1981. ¿Alguien duda de que tenía relación con el M-19, una banda criminal responsable entre otras perlas de secuestrar y matar a los niños Álvarez Murillo? No, nadie duda de eso, sólo que siendo el ganador de un premio Nobel el asesinato le está permitido y la vida de unos pendejos importa menos que ese honor de ganarse un Nobel que engalana tan patéticamente el corazón de los colombianos.

Como ya he explicado otras veces, la evaluación del valor de la obra de García Márquez corresponde al tiempo, por mucho que en Colombia se crea que un Nobel es garantía de reconocimiento absoluto: la gente que no lee nada no llega a enterarse de que la mayoría de los ganadores de ese premio son escritores irrelevantes, mientras que Tolstói, Joyce, Kafka, Proust, Pound, Rilke, Machado, Borges y muchísimos otros escritores verdaderamente importantes no lo recibieron.

García Márquez alcanzó la popularidad gracias a la economía de escala de la industria del prestigio que la izquierda comunista heredó de la Komintern. Gracias a eso todo intelectual hispanoamericano de los años sesenta sabía muy bien quién era Jean-Paul Sartre y hasta había intentado leer algún libro suyo, mientras que eran raros los que habían leído a Albert Camus (a pesar del Nobel), por no hablar de Raymond Aron o Jean-François Revel. Gracias a eso cualquier universitario colombiano de los años setenta y ochenta sabe quién es Mario Benedetti pero prácticamente ninguno podría decir nada de Vicente Huidobro, y menos de Salomón de la Selva, poetas mucho más reconocidos por la gente de la poesía que el uruguayo. A Gabriela Mistral no le sirvió de mucho el Nobel, ningún colombiano conoce a nadie que haya leído un poema suyo. No estaban en la nómina de la izquierda.

Eso mismo pasa con toda la propaganda de Genocide Inc.: cualquier sicario moral que pueda redactar un párrafo se vuelve columnista o panelista de tertulias: los medios de propaganda están cada vez más copados en la medida en que el negocio se amplió gracias a la cocaína que permitió elegir a Chávez y a Correa, y permitió a los Santos y a los López-Santodomingo integrarse como accionistas de la muerte. Un muchacho que vaya al colegio en Colombia llega a creer que William Ospina o Héctor Abad Faciolince son escritores importantes gracias a la promoción que reciben del Estado colombiano, cosa que ocurre gracias a la presión de las "fichas" de Genocide Inc., y a la izquierda internacional, que los invita a cuanto certamen hay y publica noticias sobre ellos, entrevistas, reseñas, etc.

Sólo es propaganda de la misma conjura que viola niñas y masacra soldados. El papel de esos pensadores es más importante que el de los asesinos propiamente dichos, tal como el de Goebbels y el propio Hitler era más importante que el de los que empujaban gente a las cámaras de gas o les arrancaban el oro a los dientes de los cadáveres. Pero son la misma empresa: desgraciadamente los colombianos no esperan ver ninguna rectitud en las obras de nadie sino acceder al trato con gente que compra zapatos italianos, por eso esos ASESINOS siempre cuentan con gente servil que los halaga y admira.

18 ago. 2015

Imposturas presidenciales

Por Jaime Castro Ramírez

La dignidad es un derecho propio del ser humano que lo hace acreedor a la condición de individuo respetable dentro de su fuero interno y dentro del conjunto de la sociedad. Un digno ciudadano hace recíproca la actitud de su digna conducta para asociarse a la visión común que representa el pensamiento ordenado conducente al respeto social. En este escenario es dignificante observar el sentido de prudencia que enaltece la condición humana.

Si el respeto a la dignidad ajena es un valioso principio en las relaciones dentro del común de la sociedad, con mayor veraz lo tiene que ser respecto al pueblo dentro de la órbita de las relaciones que les corresponde manejar a quienes ejercen el poder. En consecuencia, un gobernante, de suyo le debe respeto a la dignidad de la voluntad popular que lo ha llevado al poder.

Sociedad colombiana ha sido engañada y se intenta seguir engañándola
La relación del actual gobierno de Colombia con el pueblo ha sido desafortunada en la medida de no haberle cumplido con las expectativas creadas en compromisos adquiridos electoralmente para poder llegar al poder, lo cual se llama pecado grave de engaño a la sociedad.

Se podría construir una relación de eventos que evidencian tal comportamiento inadecuado del presidente Santos con el pueblo colombiano:

1. Como lo que mal empieza mal termina, resulta que para lograr ser elegido presidente de la república en 2010, se valió de prometerle a los colombianos que continuaría con las políticas del anterior gobierno, lo cual desde el primer día de presidente en ejercicio hizo exactamente lo contrario, pues de inmediato le vendió el alma al diablo entregándose simultáneamente a la voluntad de Hugo Chávez y por extensión a la voluntad de las Farc, con lo cual desapareció la seguridad para el país, seguridad que se había ganado con la firmeza de defender la patria, volvieron las Farc a los territorios de donde habían sido desterrados, y ante la debilidad presidencial, las Farc quizás entendieron que tenían arrodillado al presidente de la república, y la consecuencia fue tener que sentarse a negociar con ellos cuanta concesión se les ocurra exigir sobre el país y sobre el Estado de derecho. Significaría entonces que los ganadores hasta ahora han sido las Farc porque desde la Habana ya están haciendo cumplir sus exigencias. Así Engañó Santos a quien le aportó su capital político y lo hizo presidente de la república, y engañó también a los 9 millones de colombianos que en base a la mencionada promesa lo elegimos presidente. Engañar al pueblo es conducta indigna para cualquier gobernante en cualquier parte del mundo.

2. Durante varios meses del inicio de su primer gobierno negó estar hablando con las Farc, hasta que las circunstancias lo delataron y entonces no tuvo más alternativa que reconocer que sí era cierto que llevaba seis meses hablando con ellos.

3. Desde el inicio de los diálogos en Cuba repitió públicamente una y otra vez que lo que él firmara con las Farc lo sometería a refrendación en las urnas y que por lo tanto sería el pueblo colombiano quien aprobaría o no ese acuerdo. Pues resulta que no solo se echó para atrás con esta promesa al pueblo sino que ahora en entrevista con RCN Radio (Agosto 2015) dijo que él no se había “montado” en eso del referendo, o sea que no solo no sostiene lo que prometió, sino que, peor aun, lo niega.

4. También desde el inicio de esos diálogos las Farc exigieron que lo acordado tenía que llevarse a una Constituyente, lo cual fue refutado muchas veces por el presidente Santos afirmando que de ninguna manera accedería a tal exigencia. Después apareció un mensaje enviado con el ministro del interior diciendo que el tema de la Constituyente se podía discutir (reversazo a lo prometido), pero ante la crítica razonada sobre este tema peligroso para la estabilidad democrática del país, posteriormente es el mismo Santos quien propone como una especie de ‘alternativa suplementaria’ la conformación de un “Congresito” para reformar la Constitución, lo que equivale a lo mismo de la Constituyente, es decir, para darle vía constitucional a las pretensiones de las Farc. Tanto es así que Santos propone que parte de los miembros de ese Congresito sean de las Farc. Además de ser inconstitucional la desafortunada idea del tal ‘Congresito’, es un atentado contra la legitimidad del Congreso de la República.

5. En julio de 2015 dijo que daba cuatro meses de plazo para terminar el proceso de paz, respecto a lo cual habrá que decir que eso tampoco será cierto, pues con seguridad que al término de tal plazo dirá que el proceso continúa, y continuará indefinidamente después de más de tres años de estar dialogando.

Es lamentable este estilo de gobierno de incertidumbre, de imposturas por falta de certeza en lo que le dice al país, pues lo único que ha conseguido con esta forma de actuar es crear un alto grado de desconfianza pública en su gobierno y en el proceso de paz.

Obligada reflexión: ¿Para dónde llevará el presidente Santos al país con este rumbo incierto en sus decisiones en cuanto hoy dice SÍ y mañana NO, o viceversa? Un gobernante debe distinguirse por su don de estadista, y esto se logra ejerciendo el poder con inteligencia y actuando con firmeza en sus actos de gobierno.

16 ago. 2015

Edgardo


Por @ruiz_senior

Edgardo era un viejo caviloso y buena persona que tenía a los dos hijos estudiando en Europa y hacía apenas dos años se había retirado de su oficio de médico. Desde entonces veía más noticias y leía más periódicos y hasta blogs y cuentas de conocidos en Twitter.

En los años setenta había sido trotskista y tenía una forma de interpretar las cosas aprendida de los líderes de los grupos con los que tuvo relación. Pero no era tan apasionado como su cuñada y su hermano, con los que había llegado a disgustarse por atreverse a preguntarles por qué las FARC no dejaban de matar (ocurría en 2014).

Edgardo era más materialista y práctico, y tenía la coartada de que con la medicina ayudaba a la humanidad, pero Arturo era visionario y líder. Tras aspirar dos veces al Concejo de Bogotá, se resignó a ser edil de la localidad de Chapinero. No pasaba penurias, pero sí dificultades, que soportaba con orgullo por ser parte de la tarea de un héroe. De ahí extraía una arrogancia y una grosería que lo llevaban a odiar a cualquiera que pusiera en duda su ideología.

Arturo seguía esperando un paraíso que llegaría tras la revolución, y eso hacía que justificara todo lo que hacía la izquierda. Entre la gente de su generación y su medio social, esos entusiasmos menguaron después de la caída del comunismo en Eurasia y la Constitución de 1991, pero una vaga adhesión a la izquierda y a sus figuras intelectuales se mantuvo, sobre todo porque eran muy pocos los que leían las publicaciones de esos pensadores.

Todo cambió con el Caguán. Se vio qué querían las FARC y los revolucionarios quedaron en absoluta minoría. En los primeros años de Uribe, Arturo se fue aislando, no porque la gente de su medio condenara lo que hacían las FARC, sino porque de eso no se hablaba nunca. A lo sumo se compartían habladurías sobre el gobierno, pero lo mínimo, cada cual tenía en qué pensar.

Durante la mayor parte de su juventud, Arturo era bohemio y alternaba las noches en El Goce Pagano con cenas con los amigos de la universidad, en las que se hablaba mucho de política. Las habladurías le reportaban una que otra aventura extraconyugal relacionada con esas noches de alegre camaradería con los intelectuales de izquierda.

Al acabar la primera década de este siglo el reproche tácito a las FARC se vio poco a poco desplazado por el odio a Uribe, al que se acusaba de ser un perverso fascista, paramilitar, narcotraficante, corrupto, caballista, ganadero, finquero, paisa y otro montón de monstruosidades. La gente a la que Edgardo frecuentaba, bien en su gremio, entre su familia o aun en su vecindario, se miraba ansiosa con la esperanza de que acabara ese infierno, aunque él no se había puesto a pensar qué ocurriría después.

Y entonces llegó Santos a buscar la paz. Arturo dejó de ser casi un chiflado molesto para convertirse en alguien bien relacionado cuya opinión interesaba conocer en los cocteles.

Las mujeres de Edgardo y Arturo eran muy diferentes. La del primero, Sara, siempre quiso ser ama de casa y estaba segura de que no tenía que hacer otra cosa, aunque había leído unos cuantos libros de poesía e historia, sus temas predilectos. Era hija de uno de los magistrados caídos en el Palacio de Justicia. Cuando se casó con Edgardo sabía quién era, pero también lo que era, un especialista bien pagado, respetable, de origen correcto, apuesto, amable... Pero Emperatriz era muy diferente. Era más ordinaria pero más lista y enérgica. Había ocasionado un gran lío en la familia cuando se anunció el designio de Arturo de reconocer al hijo que tenía con ella y casarse, porque provenía de un ambiente muy pobre y rústico. Había logrado imponerse y todos la respetaban, pero, al igual que su marido, explotaba su militancia como un blasón.

Por otra parte, la vida de unos y otros no era tan diferente. El hijo de Arturo, Ernesto (por Ernest Mandel), hacía una maestría en ingeniería de sistemas y vivía con ellos. Se veían al menos una vez a la semana para comentar noticias familiares, cenar y tomar unos whiskies. El resto del tiempo lo pasaba cada cual en sus asuntos.

Después de la primera vez en que sintió hostilidad en su hermano y condescendencia en su cuñada por preguntarles por qué las FARC no dejaban de matar, Edgardo empezó a pensar cuál sería la respuesta a esa pregunta. Porque él despreciaba como el que más a los uribistas y a los proisraelíes, pero ya había pasado mucho tiempo lamentándose del país, del conflicto, de algunos jefes de las FARC, de la extrema izquierda, del narcotráfico y de los enemigos de la paz. Ya eran varios años de paz y la realidad es que las FARC cada vez mataban más.

Después de que se firmara la paz, su hermano menor y todos sus amigos correrían a buscar puestos bien pagados en el gobierno como representantes de la izquierda, pero realmente nadie imaginaba que las FARC fueran a dejar de explotar sus negocios de cocaína, extorsión y minería ilegal. Edgardo se preguntaba cómo operaría todo eso en la cabeza de Arturo y sólo podía pensar que la alegría por el avance del ideal y el acceso a un cargo importante harían que eso perdiera importancia.

A veces Edgardo recordaba su infancia y las ideas que su familia siempre había defendido. Sonreía al pensar en la rebeldía adolescente y en el desprecio que le inspiraban sus padres, terratenientes de Cota amantes del orden, con sus ideas anticuadas y su fe religiosa. ¡Qué perfectos parecían entonces los ideales revolucionarios que imperaban en su generación!

Pero juzgando el conjunto de su vida no se sentía del todo avergonzado: había sido un buen médico y había conseguido un patrimonio razonable sin que se lo pudiera acusar de ninguna indecencia. A sus hijos les había dado la mejor educación disponible en el país y en cuanto fue posible los mandó a estudiar a Europa para asegurarles un nivel de formación más alto y quizá una carrera en Alemania o Bélgica.

Era suavemente condescendiente con las ideas de sus hijos, cuyos excesos atribuía a la edad. En Berlín, el mayor se había hecho activista del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos en Colombia (Ausschuss der Solidarität mit den politischen Gefangenen in Kolumbien) que reunía a estudiantes colombianos y activistas alemanes.

Era más bien escéptico respecto a la viabilidad de una carrera de videoartista, pero no quería imponerles nada a sus hijos, sobre todo para no generarles resistencias, y tenía cierto pudor para emitir juicios estéticos, toda vez que su generación se había formado en el respeto a las vanguardias y a todo lo que implicara ruptura y renovación. ¿Quién lo podría saber? A lo mejor su hijo llegaba a ser una figura del videoarte en Europa. Al menos había obtenido el grado correspondiente y aun había participado en una exposición colectiva.

La última conversación por Skype con su hijo lo dejó más bien molesto: Tomás había establecido una clara intimidad con Arturo y Emperatriz, y le manifestó su propósito de volver a Colombia, donde gracias a sus estudios alemanes y a un viejo amigo de sus tíos tenía casi segura una cátedra en la Universidad de Los Andes.

Algo le impedía a Edgardo sentirse orgulloso. Más bien estaba triste. Más bien veía la fiesta de los jóvenes con el videoarte y la transgresión como algo que ya había conocido, no propiamente lo que había soñado para su hijo. No le quedaban muchos años y el éxito de sus ideales y de su familia no lo alegraba demasiado.

Pero las preocupaciones de esos ancianos no le interesan a nadie.

11 ago. 2015

El "narcoterrorismo", en el centro del sistema político colombiano


Por @ruiz_senior

Al coronel Luis Alfonso Plazas Vega, 
ya ocho años secuestrado por la misma "manguala".

La historia política colombiana moderna empieza con la República Liberal, que significó el triunfo total del liberalismo, que desde entonces es el partido mayoritario. Tanto sus políticas, como las personas que las promovieron y aplicaron y sus descendientes, contaron por décadas con la simpatía de los sectores más ilustrados del país y también de las mayorías urbanas.

Parece que a partir de entonces la cuestión del poder en Colombia se resume en la permanencia de ese clan como el núcleo del poder político en el país. Tras perder las elecciones en 1946 por división, y  tras afrontar la represión que siguió al bogotazo, esa oligarquía, como la llamaba Gaitán, se hizo aliada de los comunistas, aunque no sería nada raro que lo fueran desde mucho antes. Los comunistas eran en esencia agentes de la Unión Soviética y los crímenes que cometieron en los años cincuenta aliados con los liberales correspondían al designio de imitar a los comunistas chinos y crear bases territoriales de poder, lo que a la postre consiguieron en algunas partes del Tolima y después en los territorios sudorientales. 

El Frente Nacional era un acuerdo del clan oligárquico con los conservadores y militares para compartir el poder, que en ese momento los liberales no tenían. Así se hizo, y, como otras transiciones (como la española o la chilena), trajo grandes avances y mejoras. Al cabo, una parte de la oligarquía se opuso a ese acuerdo y luchó por tumbarlo en alianza con los comunistas, bien provistos de dinero y profesionales. De ahí viene la alianza del MRL con el Partido Comunista en las elecciones de 1960 y la promoción de Juan de la Cruz Varela, un líder "chusmero" con infinidad de asesinatos en su haber, como suplente de López Michelsen.

Jorge Castro Bucheli cuenta que dos líderes del MRL le llevaron a Tirofijo cien mil pesos para que volviera al monte. Se llamaban Carlos Lemmos Simonds y Manuel Cepeda Vargas. Cuanto más se piensa más resulta claro que el MRL era sólo el Partido Comunista y el delfín López su pretexto para parecer legitimados. Plinio Apuleyo Mendoza cuenta que el ELN surgió de un grupo de las juventudes del MRL que él mismo mandó a Cuba a entrenarse. Las FARC surgieron porque al estratega ruso de turno le pareció que los Andes no eran el mejor escondite para el núcleo de su ejército. Eso fue posible porque habían conseguido poder territorial y legitimidad en territorios, en los que masacraron a sus enemigos, gracias a la alianza con el liberalismo en la década anterior.

Pero al final los Lleras le abrieron el camino a López Michelsen, el aliado de los comunistas, que restituyó las relaciones con Cuba y buscó negociar con el ELN, aun salvándolo de la destrucción total. Pero aun su campaña contó con el tiro de gracia al anapismo que fue el surgimiento del M-19, obviamente por iniciativa cubana, a través de García Márquez, el Partido Comunista (Bateman, cuñado de Carlos Romero, había sido secretario de Tirofijo) y los clanes oligárquicos (los periodistas decisivos en Alternativa, la revista ligada a la banda, eran Enrique Santos, Daniel Samper y Antonio Caballero). De nuevo la oligarquía y los cubanos encuentran una forma de confundir al pueblo, y de seguir aumentando su poder mediante la violencia.

La presión de la moda revolucionaria alimentó varias generaciones de universitarios comunistas y sirvió para que la oligarquía contara con otro elemento de poder, pues su proyecto es permanecer en él en alianza con los cubanos, tal como lo intentaron en los años cincuenta. La propaganda es desde entonces totalmente hegemónica en las universidades.

Turbay fue un precursor de Uribe que golpeó a todas las bandas terroristas sin atreverse a hacerles frente de verdad, para no quedar en minoría, dado que el control de los resortes del poder y la propaganda está en manos del clan desde mucho antes de la República Liberal.
Precursor absoluto de Andrés Pastrana, Belisario Betancur habrá acordado con quién sabe qué poderes fácticos buscar la paz con las FARC. Perfectamente podría ser con los cubanos, con cuyos agentes seguramente habló en alguna ocasión fuera de Colombia. Puede que le prometieran una prensa benévola: sería muy fácil ridiculizar a todo ese gobierno con los recursos que usa el inefable Samper Ospina para burlarse de Plinio Apuleyo Mendoza y favorecer así el proceso de paz, recursos que visiblemente tienen mucho éxito entre los colombianos. (Eso mismo fue Jaime Garzón en los noventa, la propaganda comunista más chabacana al servicio de la supervivencia de Samper.)

Naturalmente que los acuerdos de paz de Betancur sólo sirvieron para que los terroristas multiplicaran su poder gracias al aumento del tráfico de cocaína y a la dispersión del ejército y la policía. ¿Obraba Betancur ingenuamente para obtener ese gran logro político o simplemente favoreciendo el caos para no ser destruido por los cubanos y la oligarquía? La paz significó el nacimiento de las bandas terroristas como grupos de poder real. Empezó con la retórica: ¿qué iba a significar que Betancur violara la ley y prometiera dejar impunes a unos cientos de criminales? Algo sucio y vergonzoso. Pero ¿alcanzar la paz? ¿Atreverse a favorecer la reconciliación entre hermanos? ¿Conseguir que cesen los tiroteos y la gente viva y trabaje tranquila? Yo no sé tanto como para evaluar la moralidad de Betancur, pero es evidente que esa retórica legitima y alienta a los que se rebelaron, que SÓLO están enfrentados con los demás colombianos porque quieren abolir las leyes de las democracias liberales de Occidente.

Para despedirse de Betancur, los aliados (oligarquía y comunistas) asaltaron el Palacio de Justicia y pusieron a pagar las armas a Pablo Escobar, y así le abrieron el camino a sus hombres. Da lo mismo la oligarquía que la izquierda, sus intereses son los mismos. El compromiso existencial con los cubanos no es el mismo, pero se necesitan mutuamente.

¿Cuántos miles de comunistas se habrán preparado para ocultar su militancia y hacer carrera judicial? El video en que Eduardo Montealegre cuenta que de joven era admirador de Carlos Lozano, que había estudiado en su mismo colegio, es muy revelador al respecto. El decano de la facultad de Derecho de la Universidad Libre era Jaime Pardo Leal, del Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista de Colombia (como su vice en la Unión Patriótica, Angelino Garzón).

No bastaba con tener gente preparada sino que hacía falta el mecanismo para nombrarla, es decir, acceder al mando en el Poder Judicial. Los magistrados asesinados eran estorbos para ese fin.

En el gobierno de Barco no hicieron más que avanzar, pues obviamente la paz continuó, esta vez con un gobierno más afín. Fue la época de Pablo Escobar y Fidel Castaño, con infinidad de asesinatos de todo tipo y avance de las FARC y el ELN.

La alianza se afianzó con Gaviria, que tuvo como ministro principal a un exmagistrado que en su juventud era un señalado militante de la Juco, Humberto de la Calle. La Constitución de 1991 fue el gran logro de la paz, el reconocimiento de la legitimidad de los sediciosos comunistas, que gracias a los secuestros y la cocaína habían llegado a profesionalizar a miles de militantes y a sobornar a intimidar a muchos altos funcionarios para poner sus fichas en las empresas públicas y controlar los sindicatos. Ya no sólo eran reconocidos por el Estado sino que también se aprobaban leyes dictadas por ellos y se les entregaba el mando en el poder judicial.

Con Samper y los escándalos de relación con los carteles de la cocaína, el control terrorista aumentó sin cesar, hasta llevar a la situación desesperada que fue todo el gobierno de Pastrana. A Samper los demás oligarcas fingieron presentarle oposición, sólo para complacer a la parte indignada del público, mientras que la mayoría de los medios y columnistas lo apoyaban. Es muy importante que se tenga en cuenta el papel de los comunistas: el gran protector de Samper en el poder judicial era Carlos Gaviria, futuro senador elegido por el Partido Comunista. En la propaganda eran los descendientes de Roberto García-Peña, todos los medios relacionados con el Grupo Santodomingo y gente como Jaime Garzón, claramente ligado a las guerrillas. Y no se deben olvidar los sindicatos públicos y las universidades, controlados unos y otros por los comunistas.

El fracaso del Caguán dejó a las FARC mucho más ricas y con un apoyo cada vez más claro de Venezuela. Para el clan era algo necesario porque de otro modo el padre de la paz sería Pastrana. Por eso siempre aplaudieron las negociaciones y condenaron su cese con graves amenazas, sabiendo que las FARC nunca firmarían porque la ilegalidad tolerada sólo les reportaba ventajas.

El triunfo de Uribe los obligó a mimetizarse con la indignación social reinante. El retroceso terrorista se compensó con la campaña de propaganda de todas las clientelas de la izquierda y la oligarquía contra el gobierno que había conseguido triunfar en todos los terrenos. Pero la labor principal surgió de la oportunidad que les brindó la adhesión de Uribe al liberalismo, que dada la evidente relación de Samper y Serpa con los terroristas (sus compañeros explotaban su poder político para enriquecerse tomando parte en los secuestros de las FARC, como Martha Catalina Daniels), tenía que surgir con otros políticos que resucitaran ese partido desde la disidencia y con base en su convocatoria electoral local. De ahí viene el Partido de la U... y la presidencia de Santos.

En tantas décadas, ya ochenta años, ese régimen, que siempre convive con el crimen organizado, tuvo todos los recursos necesarios para crear sus partidarios a través de la educación. Es otro de los componentes del régimen, por eso el gremio de maestros "pertenece" al Partido Comunista y todos los que van a la universidad son partidarios de la paz, que quiere decir la negociación, que quiere decir el reconocimiento que ofrecen a los asesinos quienes siempre han sido sus aliados y protectores.

Esa alianza sólo pierde algunas veces una parte ínfima del poder. Desde 1985 y sobre todo desde 1991 tiene además el control del poder judicial, que castiga a Andrés Felipe Arias y promueve la impunidad para los asesinatos que las FARC cometerán en el futuro. Ese poder judicial sirve exactamente al mismo interés que las FARC: a la nomenklatura cubana, que lo controla, al igual que al gobierno actual.

El dominio total de esa alianza es lo que se vive desde 2010, el régimen real que cuenta con infinidad de recursos para persistir y que al menos en 2018 no se va a caer. Las FARC y la izquierda son agentes cubanos pero la oligarquía depende de ellas. ¿Imagínense que mañana las FARC deciden levantarse de la mesa? Tiembla hasta Obama. Los esfuerzos por salvar el proceso incluirían exhortaciones del papa Francisco, de todos los grandes medios de Occidente, de todos los gobiernos europeos y aun de la mayoría de los políticos y ciudadanos colombianos. ¿Para qué habrían servido tantos años de negociación?

Las FARC no lo hacen porque sus actuaciones están acordadas con la oligarquía (dado que la indignación con el proceso les haría daño a ambas). Se preguntará el lector, entonces ¿por qué los terroristas siguen matando? Porque si no dan miedo tampoco tiene sentido negociar nada con ellos. Tratan de conseguir tiempo para ver cómo queda el mapa de Sudamérica en esta década y enriquecerse mientras tanto. Su interés sólo responde a las órdenes que les dan los cubanos. A lo mejor la negociación en La Habana tiene ese sentido, que no surjan deslealtades entre gente que vive rodeada de lujos y que en otras circunstancias podría esperar un destino como el de de alias Jojoy o el de alias Alfonso Cano.

Cada colombiano está a favor o en contra de esa "manguala". El que está a favor dice que es de izquierda. Y también que está a favor de la paz, que en cinco años ha traído muchos más crímenes que en los años en que había "guerra".

Esos "pacifistas" son muchos, y sobre todos son muy influyentes y poderosos, pero no son mayoría. La mayoría es de los que no entienden o no tienen ninguna noción moral clara. Viven en una sociedad cuya jerarquía la conforman las clientelas de los asesinos y en realidad anhelan integrarse en esas clientelas, pero a la vez desaprueban los crímenes sin imaginarse qué se podría hacer para que cesaran. Esas mayorías deben despertar e imponerse porque es la única forma de acceder al desarrollo, como han hecho todos los países que han prosperado desde los años cincuenta, como los de Europa occidental y Extremo Oriente.

Creo que la conciencia acerca de la naturaleza del régimen puede ser de utilidad.

Si le gustó este escrito, ayúdeme a divulgarlo.

4 ago. 2015

El terreno abonado


Por @ruiz_senior

El origen del universo no le parece a una persona de la mayoría un tema digno de su atención, o cree que otros saben, o admite desconocer las explicaciones de los científicos pero creerlas, etc. O bien acepta las creencias religiosas sin comprometerse en nada más que en cumplir algunos ritos y tratar de asimilarse a los demás y buscarse un buen vivir. Sólo una minoría se interesa por el tema.

Stephen Hawking dice que el universo pudo surgir de la explosión de una partícula subatómica (en la punta de un alfiler podría haber muchos miles de trillones de átomos), y ésta de la nada. Es como asomarse a un abismo, lo mismo que si se intenta entender las distancias estelares o las leyes de la física. Frente a eso, la religión presenta un producto mucho más practicable: un ser superior y ajeno al universo lo creó todo y de ahí viene que todo sea como es.

Pío Baroja decía que cuando la gente de los pueblos del País Vasco razonaba, lo hacía como los curas. Lo mismo se puede decir de los colombianos. Un cura es un profesional que dedica su vida a convencer a los demás de la presencia del ser superior que creó y planeó el universo. Si no cree en ese mito. al menos sabe de qué trata y si tuviera que decir en qué cree seriamente acerca del origen del universo aceptaría creer en las palabras de su religión.

Si el cura cree, la gente cree con mayor razón, porque la gente cree que el cura sabe. El cura suele haber leído y viajado más que la mayoría de la gente de un pueblo. Esa idea de la creación del mundo es hegemónica y el que lo dude podría preguntarle a cualquier persona que conozca si se ha sentido alguna vez como un mono muy próximo a los demás monos.

Esa creencia general es terreno abonado para el engaño de los que la saben explotar: vean este ejemplo:

El reproche parece "razonable": por causa del mal gobierno pasa la inspección hace tres años un edificio que después resulta cayéndose. ¿Cuáles son las propuestas de Podemos para mejorar las inspecciones? ¿Es eso lo que los enfrenta al PP? ¿Son mejoradores de las cuestiones técnicas de la Administración o transformadores sociales que van a limpiar el Estado de corruptos?

No hay que detenerse mucho en el interés que tiene el asunto para Monedero, lo que tiene relación con el origen del universo es el contenido que recibe el público de Podemos y el efecto que tiene ese contenido.

Esas personas se podrían preguntar si no podría ser más bien que los de Podemos, antes de alcanzar el poder, no pierden nada haciendo creer que las inspecciones de las casas son una cuestión de buena voluntad y buen corazón, y que si algo falla es porque llegó un agente del mal y se lo robó todo para darse lujos (es lo único que los votantes de Podemos valoran). Las víctimas del PP en Madrid no son capaces de imaginarse el paraíso que ha llegado a ser Venezuela gracias a la colaboración de Monedero, que vivió cinco años en el Palacio Presidencial con Chávez.

¿Cómo llegaron a existir las casas? ¿Cómo vivían los madrileños en la época de la República? ¿Y los demás españoles, abuelos de muchos madrileños? Eso desaparece de la cabeza del joven público de Monedero, porque la indignación con los corruptos y su protagonismo político para enmendar una injusticia y acabar con la pobreza (sin trabajar, obviamente) resulta muy halagadora: la comprensión de la historia, la economía, la geopolítica, la administración pública, la comunicación social y la psicología organizacional nunca había sido tan sencilla, basta con tener un corazón indómito que no soporta la injusticia de que sean las casas de los pobres las que se caen y se indigna y corre a corregir ese agravio.

Las casas son naturales, como los inventos, las empresas, las orquestas y los equipos de fútbol. Algunas se caen porque los responsables de cuidar del bienestar de todo son perversos y ladrones, pecadores a los que estos nuevos Torquemadas persiguen con saña insaciable. Un error técnico se convierte en una cuestión moral, y el agravio se podría invocar siempre porque la Tierra sólo es una piedra perdida en la que reinan unos monos inteligentísmos y no el paraíso que creó Dios para que las criaturas a las que creó a su imagen y semejanza no tuvieran riesgos ni incomodidades, y porque siempre lo que se desea es mejor que lo que se tiene.

Alguien debía pensar en cómo estaba Madrid antes del "Tamayazo" y cómo está ahora, después de dos décadas de gobiernos del PP. Pero en eso no se piensa porque es asomarse a la partícula subatómica de la que habla Stephen Hawking y admitir que todo va cambiando y que el cambio no es natural. Lo que han experimentado los madrileños bajo los gobiernos del PP es lo que para sí desearían los habitantes de la mayoría de las ciudades de la Tierra. Alexander von Humboldt comparaba a las capitales hispanoamericanas con Berlín y otras ciudades alemanas y vean lo que han llegado a ser. Más sencillo pensar que todo debería ser perfecto y que debido a la intromisión del PP no lo es. Con Monedero, Zapata, Soto, Maestre, Errejón y Carmena es evidente que no habrá inspecciones mal hechas.

La indignación frente a la corrupción responde al mismo mecanismo. La probidad funcionarial es natural y si alguien roba (cerca del partido de gobierno, obviamente, porque es donde hay qué robar) eso descalifica todo el sistema (que sirve a los banqueros) y es necesario pasar a un sistema de sóviets. Pero Podemos no es una cruzada por la honradez dentro del PP sino un contradictor que cuestiona la UE, el capitalismo y la libertad de prensa,

Insisto, la frase siguiente de Monedero no tendría sentido sin la visión creacionista del mundo: ¡Cuánto daño ha hecho el PP! Porque el buen funcionamiento de la Administración es natural y cuando algo falla es porque el pecador vino con su apetito desordenado de riquezas a pervertirlo. Sólo hay que castigar a esos impíos y se podrá restaurar el daño.

Pero la frase final ya es la expresión de un poeta. Podemos es algo de Sudamérica, los resortes que mueven son los mismos que permitieron que en España la telenovela venezolana "Cristal" fuera el programa más visto. Monedero es un poeta como Luis Eduardo Garzón o Gustavo Petro. Un hombre audaz con las palabras que sabe conmover a su público como en otra época lo hacían los curas esforzados.

"Y siempre pagan los humildes"
Vuelve la cuestión de la superstición creacionista. De repente hay algo injusto en que los que no tienen dinero para comprarse una buena casa sean los que no tienen una buena casa. Porque el único sentido de la palabra humilde es el hecho de no poder afrontar gastos elevados. "Los motores siempre los arregla el mecánico", "¿A quién le toca ver las caries de la gente?, siempre, siempre, siempre al pendejo del dentista".

El humilde se pregunta por qué le tocó ser el humilde. Sufre y se siente agraviado porque nadie debería sufrir y le tocó a él: ese hecho es una transgresión a la realidad creada y perfecta. Quien se fijara en la historia habría comprobado que nunca ha habido en Madrid una situación social mejor que la que ha habido bajo gobiernos del PP en lo que dependía de la Administración municipal.

La fuerza del capitalismo es que le ofrece al humilde un camino para dejar de serlo: nunca ha habido en ninguna parte más puertas de acceso a una vida "digna" que en las democracias capitalistas, países que en otra época vivían en la miseria, como los demás. Pero por diversos caminos la gente de esos países tenía más disposición a apartar las ideas creacionistas, al menos en sus efectos más funestos. La rebelión de los humildes contra el orden social siempre ha sido una tragedia para los países que lo sufren. Rusia sería más rica que Canadá; Cuba, como Florida, China, como Taiwán, etc. 

Eso porque los revolucionarios conciben su tiranía como una restauración de un orden justo usurpado por los que usufructuaban el régimen anterior: porque Dios nos creó iguales y nos mandó estar juntos y a ayudarnos, y sobre todo AMARNOS, como se hace en el botellón o en las casas que okupan, cosa que no es un despojo violento a alguien que se descuida, sino una devolución a los verdaderos dueños, a los que la necesitan y no obran por egoísmo ni codicia. Y es que eso funciona en la cabeza de mucha gente joven y conduce a pensar que todo patrimonio es ilegítimo, y en el fondo todo privilegio y todo talento.

Si se hiciera un examen serio del tipo de ser humano "most evil", más malintencionado y bajo, sin duda el demagogo que explota de ese modo la limitación mental ajena ganaría a muchos criminales más evidentes. Esa manipulación del sufrimiento, de la envidia y del rencor, que gracias al creacionismo se convierte en sensación de agravio, deja ver precisamente muy mala intención de parte de quien la ejerce. Ambición de poder, para la que no se vacila en recurrir al engaño.

Ésta es una cuestión un poco aparte. ¿Cómo funciona la aversión hispana por la codicia? Hay un colectivismo heredado de la Antigüedad y transmitido por el catolicismo. Tener poder (si el capital es sólo trabajo humano acumulado, el dinero es sólo poder concentrado) no es malo siempre y cuando no se emprendan cosas particulares ni apartadas del resto. Hugo Chávez es el paradigma de esa forma de ser hispánica: se hizo multimillonario sin ser propietario de nada. Ni se hable de que alguien que trabaje resulte rico.

La experiencia real es ésta: el activista no tiene con qué comprarse una casa que no se caiga si no consigue poder político. La revolución expresa muchos sueños colectivos, pero su núcleo es el acceso a los puestos de mando en la sociedad. En la Edad Media española el poder se adquiría en la guerra y el trabajo siempre era algo que se dejaba a los conquistados, según el molde romano. Bajo el gobierno de la gente, el poder se alcanzará integrándose en los círculos cuyos jefes tienen más habilidad para maquinar intrigas de funcionarios y toda clase de bajezas, chantajes, intimidaciones, violencias en aras de los puestos públicos, como en toda Sudamérica...

Pero los humildes reciben el mensaje: pronto llegará la hora de que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan, que los pobres coman pan y los ricos coman mierda.

Los únicos que pasarán grandes penurias serán los humildes que no alcancen a tomar parte en la piñata, que serán la mayoría. Bajo el gobierno de la gente las casas seguras siempre les tocan a los que saben conmover los corazones de los humildes. Toda Sudamérica los ha visto, patanes arrogantes que salen de la universidad a maltratar al que pueden con el pretexto de que es propietario o derechista. La hambruna que cada día está más cerca en Venezuela es la obra de esta clase de gente y los humildes que los apoyan se quedan con el pecado y sin el género, cómplices de un crimen colectivo y mucho más pobres e indefensos que antes.

30 jul. 2015

El bando de la capital

Por @Ruiz_senior

No faltará el que se pregunte cómo es que después de doce años de alcaldías de la misma banda de crimen organizado parece de lo más probable que en las elecciones de octubre vuelvan a ganar. ¿Quién tiene alguna duda de que los grupos del Polo Democrático, Progresistas, Marcha Patriótica, Alianza Verde y quién sabe cuántos nombres más forman parte de un mismo conglomerado con las FARC y el ELN y cobran los crímenes de esas bandas? Es obvio que habrá quien lo dude, pero ¿en qué nivel empiezan a aparecer esa clase de personas? No ciertamente en el de los militantes adultos, que por uno u otro medio conocerán la historia del Partido Comunista y de Carlos Romero, ni siquiera entre los votantes mayores de treinta años, que habrán tenido ocasión de conocer la disposición persistente de esos grupos a proteger los intereses de los terroristas.

¿Cómo operan esos mecanismos de complicidad en los diversos niveles? De entrada hay que descartar la idea de que la mera ideología o el mero adoctrinamiento escolar bastan para que alguien se ponga de parte de los asesinos. Puede que entre los estratos bajos los "ideales" de igualdad y "justicia social" tengan un papel decisivo en la actitud de los militantes y votantes al conseguir movilizar los resortes de resentimiento y agravio, pero ¿no se preguntarán cómo es que mayoritariamente las clases acomodadas bogotanas son entusiastas de la paz y partidarias del socialismo? En esos niveles bajos opera una mecánica curiosa, la complementación del servilismo y el resentimiento, del anhelo de ascenso social y la sumisión a la jerarquía: en la medida en que la persona comparta las opiniones y actitudes de los intelectuales se acerca a ese ansiado estrato, se hace distinguida y noble, y se aleja de la multitud de la que quiere desprenderse, a la que se aprende a despreciar gracias a la educación, que cada vez más es sobre todo la inducción de opiniones absurdas que hinchan la vanidad de sus víctimas, que las consideran más elevadas por provenir de sus superiores sociales y les atribuyen misterios esotéricos en la medida en que se apartan del sentido común. (Esa complementación del servilismo y el resentimiento opera de forma idéntica en la tropa rústica, que también sueña con integrarse a la pléyade de intelectuales, a menudo extranjeros, que dirigen las bandas.)

Pero una persona pasa por muchas experiencias y recibe muchas opiniones, si al cabo de mucho tiempo sigue aplaudiendo a los asesinos es porque ha encontrado algún tipo de beneficio económico en esa adhesión. Por algún canal se le ha ofrecido integrarse entre los favorecidos por la justicia social, bien porque a través de influencias se le adorna el futuro con el fruto de la educación (diplomas), bien porque esas mismas influencias le abren el camino a un puesto público. 

Los totalitarios tienen otra fuente importante de votos en la vieja "maquinaria" liberal, cuya actuación es la base del triunfo de Luis Eduardo Garzón en 2003 y de sus sucesores. Se trata de redes de influencias familiares y vecinales en las que a cambio de puestos en los que es posible aprovecharse de corruptelas o directamente de incentivos monetarios se lleva a votar a todos los parientes, inquilinos, vecinos, amigos y demás personas de zonas humildes controladas por los jefes locales. La afinidad de esos grupos de votantes con la izquierda revolucionaria es un destino fatal por algo que explicaré más adelante.

Pero ni los votos comprados ni los de socialistas convencidos bastarían para asegurarles el triunfo a unos administradores pésimos, corruptos y claramente asociados con bandas de asesinos. La clientela que más cuenta es otra, no sólo por su número sino sobre todo por su significación social. Puede que en las urnas no sume una mayoría de votos, pero sí define la corriente hegemónica y atrae los votos de personas menos "enteradas" a la hora de votar. 

Me refiero a los empleados públicos, el peso de cuyos sindicatos, controlados por el Partido Comunista, es mayor que el de las FARC tanto en lo que sustraen al país en términos económicos cuanto en lo que cuentan a la hora de las decisiones políticas. ¿Cuántas personas que reciben sueldos o pensiones estatales viven en Bogotá y cuántas en el resto del país? ¿Qué porcentaje del PIB se gasta en esas personas?

Entender eso no sólo basta para conocer las causas de que haya guerrillas y se busque obstinadamente la paz con ellas, sino también la esencia de la sociedad colombiana y la continuidad de un mismo orden y una forma de vida desde la época colonial hasta la actualidad.

A un ex magistrado, ex congresista o ex rector de sesenta años que cobra 40 salarios mínimos como pensión formal (si se excluye al 20% más rico, formado mayoritariamente por empleados estatales, la mayoría de los colombianos no alcanzan a ganar el salario mínimo) y tiene otros ingresos bien por asesorías o por el ejercicio de actividades en las que saca provecho de los contactos de su anterior etapa, le interesa la paz y la negociación que da lugar a un gasto público mayor y diferente del que saldría del simple ejercicio de la democracia. Ya ocurrió después de 1991, cuando en una década se multiplicó por 19 ese gasto y la desigualdad aumentó 10 puntos del coeficiente de Gini. Es decir, esa clase de personas y sus afines son los "autores intelectuales" del genocidio comunista y sus principales usufructuarios. De no ser por el poder e influencia de esa minoría rica, predominantemente bogotana, a todo el mundo le parecería monstruoso que se cambiaran las leyes para complacer a quienes las violan.

Pero no son los pocos miles de afortunados que detraen 40 salarios mínimos o más, sino muchos cientos de miles a los que diversas instituciones públicas les pagan más de cuatro salarios mínimos (excluyendo, claro está, a los pensionados de empresas privadas). En la inmensa mayoría de los casos, el "trabajo" de esas personas consiste simplemente en sostener ese orden de despojo que los beneficia, bien como propagandistas en los centros de "educación", bien como sicarios en la Fiscalía y los juzgados, bien como tuiteros en todas las instituciones distritales o como parásitos de todo tipo en instituciones que en últimas sólo existen para proveerles rentas a sus beneficiarios.

Entre esos beneficiarios del genocidio pagado por el erario no pueden faltar los periodistas, cuyas "empresas" viven de la pauta pública y otros favores del gobierno, como los que se conocieron con el "carrusel de la paz".

Ésa es la base social del terrorismo y de la paz, que es sólo el cobro de los crímenes terroristas. Lejos de "cambiar" nada, simplemente refuerzan un viejo orden en el que los amos se lo quedan todo. Los ingresos fabulosos que ha tenido Colombia en las últimas décadas por la exportación de productos energéticos (la única que importa), se han gastado en complacer a ese público voraz. La guerrilla, que es búsqueda de la paz porque sin crímenes no habría nada que acordar, sólo está para reforzar ese orden y ésa es la causa de que los clanes oligárquicos siempre la hayan promovido.

No tiene misterio: lo primero que necesita el que quiera plantearse "pensar" es desechar el fetichismo de las palabras. Si se entendiera que un joven lleno de talento y ambición se propondría emular a Beethoven o a Fleming y que el que quiere cambiar el mundo a punta de vociferaciones e intimidaciones sólo busca una renta pública, palabras como revolución, socialismo, etc. no tendrían ningún encanto sino que serían lo propio de los parásitos y aventureros. Pero ese encanto es irresistible para las multitudes por su indigencia moral: todos saben que salir de la miseria colectivamente sólo es posible trabajando duro, cosa que no se antoja tan fácil como despojar a otros, lo cual nunca ha generado prosperidad más que a minorías, cosa que no se entiende por la falta de conocimientos históricos (ningún país ha prosperado gracias al comunismo). La superstición complementa la bajeza y así ese anhelo de justicia social promovido por los que se lo roban todo no encuentra rechazo entre la mayoría.

Por esos intereses sin remedio es muy improbable que en Bogotá gane una propuesta que quiera realmente resolver los problemas de la ciudad: la casta hegemónica de parásitos prefiere el trancón perpetuo a la ausencia de idealistas justicieros como Petro o Clara López, con los que ven garantizados sus privilegios, que REQUIEREN la paz.

Para eso es para lo que matan.